Cómo actuar cuando un niño golpea a su hermano

  • Toma en cuenta que son niños y aún no controlan sus emociones, por ello es de suma importancia entenderlos.

Por:  Marina Vilchis Herrera.

La psicóloga Jessica Yanet Velázquez nos explica sobre lo que debemos hacer cuando pasan estas cosas dentro de casa ¿Qué hacer? y ¿Cómo ayudar a nuestros hijos cuando presenten estos comportamientos?

La agresividad es, a veces, la única arma que encuentran los niños para manejar su frustración, su tristeza o su miedo. Comprenderlos será imprescindible para poder ayudarlos.

Para un padre siempre es duro observar cómo su hijo agrede a otras personas. Pero el impacto es mayor cuando esta agresividad se dirige hacia el miembro más vulnerable de la familia. Si un niño golpea a su hermano pequeño, los adultos han de actuar al respecto, indudablemente. Pero, antes de hacerlo, han de comprender qué se esconde tras este comportamiento.

Ante la confusión es posible que reaccionen de forma impulsiva. No obstante, los gritos, los castigos o los reproches no son la mejor estrategia de acercamiento. Es más, resulta imprescindible mantener la calma y actuar desde la empatía.

¿Por qué un niño golpea a su hermano?

Es común que los más pequeños recurran a veces a la agresión y esto no indica necesariamente un problema mayor. Los niños pueden pegar a otros infantes o a los adultos cuando se enfadan o se frustran.

 Sin embargo, lo que más asusta a los progenitores es ver cómo su hijo golpea a su hermano pequeño sin motivo aparente. No encuentran en su rostro indicios de enojo, incluso puede que unos segundos antes estuvieran acariciando al bebé. Si esta actitud se repite, pueden llegar a pensar que su hijo carece de empatía, pero en realidad únicamente está pidiendo ayuda.

 Hemos de saber que cuando un niño golpea a su hermano están confluyendo dos importantes factores. Por un lado, está experimentando sentimientos intensos y negativos ante la presencia del bebé. Y, por otro lado, carece de la madurez y los recursos personales para afrontar y gestionar esas emociones.

El resultado es que se encuentra desbordado por su propio estado emocional. No comprende qué le ocurre e incluso es probable que sienta culpa o vergüenza. En su interior se estará librando una batalla entre su inseguridad y el amor por su hermano, que sin duda está también presente.

Nuestra reacción inicial puede ser gritar, zarandear o incluso propinar algún castigo físico al niño. Sin embargo, es sencillo comprender por qué no es apropiado reprobar la violencia a través de más violencia. El mensaje que le mandaríamos al niño sería incoherente y contradictorio.

Por otro lado, el castigo tampoco es una alternativa adecuada pues este genera resentimiento y deseos de venganza en el niño. Daña el vínculo entre padres e hijos y no ayuda al niño a sentirse comprendido ni a comprender por qué está mal su conducta.

¿Qué podemos hacer entonces?

Amor incondicional

Lo primordial es que el niño tenga claro que posee amor incondicional por parte de sus padres. Se ha de recordar que lo inadecuado son las acciones del niño, pero no él como persona. Por ello es importante evitar decirle que «es malo» y procurar recalcar sólo lo negativo de esa conducta concreta. No le grites, castigues o humilles en público, mejor llévalo a un lugar apartado y habla con él a solas y con calma.

Identificar los sentimientos

Es necesario ayudar al niño a identificar sus emociones. Así, trata de fomentar la comunicación poniéndote a su altura, mirándole a los ojos y preguntándole qué siente. Intenta que se sienta libre para compartir contigo sus sentimientos

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