Despertar Poético

Despertar Poético

¡Encuentra la felicidad!

El hombre común en busca de la felicidad ha recorrido miles de kilómetros, ha experimentado con muchas drogas, ha inventado reglas que le regulan las emociones, ha creado infinidad de artilugios destinados a hacerlo feliz, ha inventado profesiones para darse felicidad y no la ha encontrado, y sufre, y vive la vida entre penurias, ¿Por qué en tanto tiempo el hombre no ha logrado ser feliz? Porqué ha buscado la felicidad en actividades ilusorias, no ha buscado en el lugar correcto, muchas personas al preguntarles ¿Qué es para ellos la felicidad? Dicen: amar lo que hacen, estar bien con la familia, cantar, comprar, viajar, comer, o cualquier otra actividad lúdica que en ese momento esté practicando y que le produce pequeñas chispas de felicidad, con las que logra sortear los infortunios de la vida.

 Otros señalan que la felicidad la ponen en manos de su pareja o de los hijos; otros, en las posesiones. Efectivamente, la felicidad podría componerse de momento felices, los que vamos acumulando durante años. Pero la mente, sabedora de su poder enorme sobre las desgracias, le es más redituable encargarse de recordar los sucesos funestos, prefiere vivir con el miedo, con el dolor, porque la felicidad es un trabajo arduo, es un esfuerzo enorme alcanzarla, todo lo superfluo, todo lo lúdico, todo lo que produce sensaciones placenteras inmediatas produce dolor al paso de su efecto.

Cuando el hombre se empecina en buscar su felicidad, nota que es difícil. Cuando el hombre no la busca, le es más fácil. Distraer la mente con actividades que no requieren esfuerzo, el cerebro adora la pereza, buscará siempre lo más fácil, lo más divertido, lo que le proporcione placer. Eso siempre trae resaca, sucede como con toda droga, como todo elemento que exige al cuerpo tener reacciones que la mente por pereza no quiere hacer. La felicidad no solo está en dominar la mente, sino en saber caminar con ella, y pedirle que le de las sensaciones que necesita. Eso pasa con los atletas, pasa con las relaciones de pareja, pasa con las aventuras peligrosas, como el parapente o ciclismo de montaña, o con otros deportes de alto riesgo. Eso es obligar al cuerpo a reaccionar sin drogas, pero eso tampoco trae la felicidad.

 La felicidad llega cuando el cuerpo puede ser controlado en todas sus reacciones y emociones por una mente fuerte, como permanecer impávido ante el riesgo, como permanecer calmado ante la ira, como permanecer enhiesto ante los embates del hombre mismo.

Voltaire decía: “Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una” … efectivamente, así nos comportamos, buscamos siempre fuera, siempre en donde creemos que está. Creencia generada por nuestra programación cultural y educativa, todo lo que nos han enseñado sobre la felicidad lo practicamos a palos ciegos, sin el razonamiento del inconsciente, que es el verdadero padre de la felicidad, es el que nos hala hacia los lugares seguros, el que nos guía en lugares tenebrosos, es quien nos salva de situaciones de riesgo, es nuestro verdadero dador de felicidad. Lo verdaderamente incomprensible, es que las personas no lo utilicen, tan simple que es, podrán decir: ¡el inconsciente no da la felicidad!, y tendrán razón, y serán infelices.

 Algunos dirán: “el inconsciente es una persona que no respeta a los demás” y tendrán razón en su percepción, pero el inconsciente en su verdadero ropaje está allí, esperando a ser tomado en cuenta. Muchos de nosotros nos damos cuenta de su existencia al final del camino, cuando ya hemos sorteado todos los obstáculos que esta misma consciencia nos pone para aprender y ubicarla.

El inconsciente es la conciencia dentro de ti, tiene la preposición “in”, que significa dentro, y “consciente” significa consciencia, inconsciente significa la conciencia dentro de ti, lo que las mujeres le llaman intuición, lo que Pepe Grillo para Pinocho, es la moral universal, la que te dicta todas las leyes del respeto y del cuidado de la creación, no solo de los seres llamados “vivos”, es el guardián de toda la creación, aún de aquella que aquí no conocemos pero que creemos intuir, y no la conocemos porque estamos incapacitados para ello. Nuestra experiencia es vivir aquí, no allá, ya llegará el tiempo en donde podamos vivir en otra dimensión, cuando nuestras pruebas sean superadas aquí. Pero aun no.

La felicidad hemos observado no está en los atavismos ni en las posesiones, los atavismos nos restringen la libertad de pensamiento, las posesiones nos restringen la libertad de movimiento, nos atan como el agua nos ata a la tierra, mientras no conozcamos otra tierra, debemos trabajar los desapegos, de todo tipo, incluyendo los pensamientos que hemos ido acumulando durante muchas generaciones, como la acepción del inconsciente, que hemos tergiversado maliciosamente para dominar a las personas.

 Esas que viven en multitudes viviendo de sus propias ideas, bajo sus propias normas, siguiendo sus propias modas, como si de una hidra se tratase, alejándose cada día más del inconsciente individual, logrando crear un inconsciente colectivo, que se rige por normas basadas en emociones y las hacen ley, para lograr la felicidad es desapegarse del inconsciente colectivo, debes trabajar en lo individual, porque la felicidad estriba en ser un ser individual libre de pretensiones, libre de presiones sociales, libre de presiones dogmáticas, eso te permite moverte en todos los medios, tanto educativos, colectivos, grupales, políticos y sociales sin engancharte en los problemas de esos grupos, solo engancharte en lo que tú necesitas, porque la felicidad como dice Voltaire, la tienes, solo tienes que quitarte la embriaguez que te da el vivir en sociedad, y las necesidades creadas.

¡Busqué la felicidad!

Y viajé al norte y al sur,

Y viajé al este y al oeste,

En todos sitios hay glamur,

En todos lados hay terreno agreste.

Y busqué la felicidad,

Y soñé encontrarla en los cuatro puntos cardinales,

Y caminé duro con hambre y necesidad,

Y solo encontré simpleza, común y eriales.

Busqué en los sueños y me engañé,

Busqué en el amor y sufrí,

Busqué en los incentivos y resaca logré,

Busqué en posesiones y por ellas temí.

Me embarqué a lugares exóticos,

Y descubrí lo insólito,

Viajé a países lejanos,

Y me desvelé en los llanos.

Más la felicidad no lagrimeaba los ojos,

Era una liebre escurridiza,

Así que regresé a casa,

Me senté a la sombra del enorme mango,

Con el sol en decadencia,

Una bebida en la mano y la mente en blanco,

Vi la luna brillar, las luciérnagas brillar,

Mi perro ladrar y sonreí,

Me dije;

Fue muy bueno el viaje,

Pero aquí soy feliz,

En una mente en blanco,

En un ocaso risueño,

En una luna amistosa,

En un perro feliz que solo me necesitaba a mí,

Así me encontré,

Así encontré la felicidad.

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