Despertar Poético

Soy un ser elevado. Yo soy. Nietzsche.

Soy un hombre que interioriza, que se sabe libre, que se sabe consecuente con sí mismo, que elimina sus larvas, que busca el equilibrio. Soy un hombre que sube a la montaña con la firme idea de encontrarse, de saberse útil, de saberse único, y que, en su unidad, se adhiere a lo universal, para ser único en la totalidad. No necesita seguir a maestros, no necesita que lo sigan los ignotos de sí, necesita creer y que crean, aprender y que aprendan sin la rigidez de la academia, sin la rigidez del deber. Necesita que sientan la necesidad de que la fe ahora sea en el sí mismo, no en imágenes o ídolos. Necesita expulsar de sí aquello que lo ate a una idea, pues las ideas vagan sin rumbo a la espera de un desliz de las mentes incautas, necesita que los vampiros energéticos que los rodean se retiren a su guarida, para que su elevación a esencia sea plena, así enseña, así aprende, por eso busca en la soledad la respuesta, busca en su interior las señales de esa nueva fe. Sabe que solo creería en un Dios que sepa como bailar, que tenga alegría en la faz, que sepa divertirse de la vida, que la vea como un simple paso hacía la superioridad.

La fe del hombre de nuestros días está rota, se tiene que reconstruir, basta pasar como sin querer por un hospital psiquiátrico, para probar que la fe no prueba nada. Allí vemos a las antípodas pelear y someterse, el lado blanco quiere saber, el lado negro quiere creer, ambas tienen razón. La batalla es ruda, nadie gana, nadie pierde, la energía es neutra, y el hombre solo quiere bailar, ser feliz, mientras su fe lo quiere postrado, rezando, batallando en el dolor. Yo soy aquel que no cree en un dios que exige postración y rezo continuo, sería un dios irreverente que pelea contra sus leyes amorosas. El hombre postrado no logrará avanzar en su crecimiento, será un agachón. Su idea de dios debe modificarse, su dios debe morir, su nuevo dios debe vivir.

 El hombre postrado se niega a sí mismo, su dios debe exigirle ser mejor cada día, o será un vil demonio. La energía que manda a su dios, debe dirigirla al sí mismo. El hombre es la viva imagen de su dios, por ende, el hombre es dios. Nuestra idea del dios que tuerce lo recto del pensamiento debe desaparecer, porque el pensamiento no tiene polaridad, no debe tener predilección, más que aquella que lo eleve a su verdadera estatura. Tiene, sí intención. La mente se encargará de encasillarlo, de llevarlo de la mano hacia la experiencia que se debe vivir, de lo que debe escuchar para crecer. Si es mentira o verdad tampoco es imprescindible, la verdad y la mentira son subjetivas de la misma manera que el pensamiento lo es. La mentira no debe ser una condición de vida. Nietzsche se equivoca en ello, la mentira no es una condición de vida, ni siquiera es una condición humana, es solo una percepción, es solo un progreso en tu formación de ser superior.

Lo que conoces de la verdad, es directamente proporcional a lo que conoces de la mentira, y sí la verdad, la única verdad es la ley del amor, estamos a la mitad del camino. Aun vivimos en el desamor, en el apego, en la incertidumbre y el dolor, aún no sabemos bailar, al hombre le conviene pasar al estado del amor, caminar al centro de la senda, en perfecto equilibrio entre el ser y el deber, entre el recibir y el dar, sin filias, sin convicciones facciosas, pues las convicciones son más peligrosas que la verdad o que las mentiras, y no hay mentiras suficientes para destruir la mentira, como no hay verdad suficiente para destruir la verdad, como no hay suficiente religión, ni para destruir a la misma religión. Debemos aprender este paso universal, la de siempre buscar el equilibrio.

 Sabemos que en la sociedad nunca hay verdad suficiente, porque la mente colectiva no está madura para crear en sí misma su propia verdad, aun no se puede superar, por eso el hombre debe hacerlo desde el individuo.

Sabemos que el hombre no ha sabido superarse al través de los años y de las experiencias, y ese no superarse lo hace víctima de su propia ignorancia, del sí mismo y lo obliga a buscar lo que cree que le falta, porque siente un vacío y son las emociones haciéndole pasar una mala racha, y tiende a ir a lugares comunes en su búsqueda, a donde le dicta la moda, a donde dicta la muchedumbre, no sabe que no sabe, se siente inseguro por ello y se refugia en el clan, en el grupo, y solo ante la opinión generalizada cede, “si la mayoría está de acuerdo, debe ser verdad” y se mete en la espiral de verdades a medias, que solo en grupo acepta en su incapacidad de verse a la cara. No sabe que la mayoría jamás tendrá la razón.

 Su búsqueda seguirá la espiral de la ignorancia colectiva y se arrojará a los pies de cualquier efigie que le imponga respeto, de cualquier líder que lo acerqué a su percepción de verdad y sabe que es imperfecta su búsqueda, pero se cobija en la opinión de la muchedumbre, por eso busca y no sabe por dónde, porque el grupo tampoco lo sabe y gritan consignas al aire y las atrapan allí, y el camino más sencillo para el que duda es acercarse al personaje de poder,  se acerca a la imagen de poder, un poder superior a sí mismo, sin sospechar que el verdadero poder está en su interior. Cegado por la opinión generalizada, no logra identificar, porque debe lavarse las manos después de tener contacto con seres religiosos, no sabe que la religión se crea para someter al espíritu, no al hombre.

 El espíritu es más sencillo dominarlo y este arrastra a la conciencia y al hombre mismo, así no se da cuenta de que su libertad está siendo comprometida si se somete, así cegado no reconoce que tiene más libertad estando fuera de los dogmas. Si eres un espíritu libre sabes que tu obligación es cuestionarlo todo: la vida, la muerte, el origen, el destino, sabes que debes caminar el camino probando los platillos que la vida te oferta, unos amargos, otros dulces, así aprendes a guardar azúcar para los días aciagos.

Esas experiencias son las que te hacen ser, discriminando aquello que te estanca, sí debes quedarte en el camino de la vida, debes tener un objetivo: aprender todo lo que la vida te pueda dar, tomarlo y subir el siguiente escalón, siempre habrá una enseñanza superior, siempre habrá un maestro más capacitado para enseñarte el camino, hasta que llegues a conocerte, pues el maestro más grande serás tú, olvidar ese propósito nos hace ser unos personajes estúpidos.

 Sabemos que el ánimo jocanti de las personas te mueven a risa, cuando señalan que hay varias cosas infinitas, una de ellas es la estupidez humana, sabemos que no es correcta la apreciación, es solo la percepción de quienes van un paso delante de quienes aún no logran identificar su propósito en la vida y creen que son fallos y estúpidos y son solamente personas en búsqueda del sí mismo en el escalón más bajo, así que deben empezar su búsqueda desde la parte más escabrosa de su espíritu, cometiendo todos los errores posibles desde la llamada “estupidez”, así es cuando nos encontramos frente a las dos ramas de la evolución espiritual del hombre, y nos preguntamos sí la máxima “¿El hombre es una de las equivocaciones de Dios; o Dios es una de las equivocaciones del hombre? Es valedera. Creemos que ambas son parte de una misma, solo vista desde dos puntos distintos, como cuando ves al sol en américa por la mañana, es el mismo que ves en china en su ocaso.

 La maquinaria del hombre es perfecta y puede ser elevada con su espíritu, quizá sintamos que sus acciones demuestran lo contrario, demuestran imperfección, pero las acciones del hombre son mente, lo inacabado es la mente, lo imperfecto es la mente, el cuerpo es la maquinaria perfecta que no necesita adicionarle más, ni retirarle más, todo le trabaja en perfecta simbiosis, la imperfección solo está en la percepción del sí mismo, no somos seres imperfectos, solo somos ignorantes de nuestra perfección, si te dice la muchedumbre que puedes cometer errores porque no eres perfecto, te están quitando las alas, los errores son solo experiencias necesarias para cubrir tu camino por el mundo, si esas experiencias las percibes malas, es que no estás en sincronía con el universo, y el universo eres tu representado en miniatura, así que desecha la idea de imperfección, ningún ser lo es, la mente sí, esa está en constante cambio, y lo único constante es el cambio.

 A la mente se le puede engañar maratónicamente si queremos, por ello el trabajo más arduo del hombre es dominar a la mente, alejándola de todos los males que la nublan, y la mayoría de los males se adquieren en sociedad. Así que vamos alejándonos de esa influencia negativa, y vayamos internándonos más hacia nosotros mismos, hacia el interior, nuestra conciencia debe ser lavada, quitar el dejo de esperanza. La esperanza no es real, es solo ilusión, la esperanza solo alarga el tormento. Busquemos la felicidad, lo que tenga que suceder, sucederá, y no habrá poder que lo impida, ni siquiera el que le adjudicamos a Dios, pues el futuro influye tanto en el pasado, como en el presente, pues toda credibilidad, toda conciencia, toda evidencia de verdad viene de la mente y de los sentidos, no del ser superior.

El hombre solo se pierde el elucubraciones estériles del exterior, inventa conceptos, inventa enfermedades, inventa estados de ánimo, así hasta el hartazgo, y se llenan bibliotecas, cuando las imágenes únicas que se debe crear son internas, en el interior es donde debe buscar las respuestas a todas las dudas existenciales que tiene, la único no visible parece ser lo racional, la racionalidad es lo que nos mantiene en la línea entre lo descriptible y lo indescriptible, y lo indescriptible conforme avanzas en el conocimiento del sí mismo se convierte en una nueva razón, entra en la línea de lo racional, así va creciendo el hombre superior, indagando en el sí mismo, alejándose del yo multitudinario, que solo sigue intereses, acercarse a su dios interno, a su religión propia, a su mente superior, al sí mismo.

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