Despertar Poético

La insoportable levedad de ser.

Me he vuelto un animal. La vida no tiene sentido. Tengo que seguir las líneas y cánones de la naturaleza sin comprender la naturaleza. Soy un hombre sometido a presiones de un mundo que no comprendo, la conciencia social me presiona, me hostiga, me atosiga, me quiere hacer a su manera y como toda resistencia es compatible con el dolor, eso me duele, y duele mucho, porque sé de antemano que tengo la respuesta y solución en mis manos, solo bastará que me aleje de una sociedad a la que ya no pertenezco, a la que ya pertenecí, ya caí en sus redes, ya probé la miel de sus encantos y no me fua nada bien, sufrí de otra manera y comprendí que la vida de dolor no es la mía. La mía es aquella donde la paz del mundo, sin la violencia, sea su gobernada.

Pero para encontrar esa paz en el mundo, debo encontrar la paz en mí mismo. He ahí el detalle, que sigo indubitablemente el camino del dolor. No sé qué energía magnética tan fuerte tenga el dolor que nos atrae como moscas a la mierda, literal, vemos como las personas sufren en situaciones tan inverosímiles que nos molesta verlas sufrir por ello. Eso demuestra claramente que no estamos preparados para nuestra paz y vamos por la vida visitando parques, visitando bosques, los pocos que quedan con espacios verdes y creemos que nos llenamos de naturaleza y paz. Rara vez pensamos en la naturaleza indómita, aquella que no necesita al hombre para ser, la que no necesita ser diseñada, la que es, la que fue y la que será, la que no permite modificación por ser tan agreste y ruda, tan fuerte e indómita, esa que no le gusta al hombre de hoy, esa es la única que queda como reducto para la paz del hombre solitario y despierto, para ese el hombre en el que me estoy convirtiendo.

 Me estoy convirtiendo en un animal, un animal salvaje con ínfulas de civilizado al pretender tener, al pretender ser dueño de un pedazo de tierra que solo lo vemos en la superficie, que solo pretendemos poseer en su rasero, porque los gobiernos creados por el hombre para administrar sus recursos se convirtieron en un poder factico y no permite poseer más que lo que la vista ve, los bienes subterráneos se los adjudica por derecho propio, que no es más que el derecho creado para sentirse dueño de algo. Cuando la naturaleza, la tierra y sus elementos son propiedad de aquel que los necesite para sobrevivir, somos caminantes del universo, estancados en una miasma de ideas que nos colocaron cual trampa y caímos prestos a lamer la mano que nos da de comer, olvidándonos que somos lo que pensamos, somos lo que decimos y somos lo que hacemos.

Si pensamos en ser esclavos de nuestro intelecto, por más flores e ínfulas que nuestra lengua suelte, no dejaremos de ser solo eso: esclavos, y así el hombre común, el que se mezcla en las grandes muchedumbres vive su vida alejado de sí mismo, porque su discurso se agotó, su mente se estancó, sus pies se endurecieron y perdieron el calor del movimiento, todo por seguir a la marabunta humana que piensa por sí sola y no deja pensar al individuo. Ese hombre común, pelea contra sí mismo, autocompadeciéndose en la multitud, acumulando justificaciones de su fracaso como hombre, porque considera al fracaso al no poseer nada que el hombre le da, no sabe que hay libertad más allá de las multitudes, se siente atado a la muchedumbre, siente que sin ella no es, que, si no tiene a alguien a quien culpar de sus desgracias, es más desgraciado, si no tiene a alguien a quién solicitarle anuencia de sus actos no se reconoce como hombre.

Lo golpean y lame la mano que lo daña, como el buey que al término de la jornada lame la coyunda con la satisfacción del deber cumplido, sin saber que la coyunda es quien lo aprisiona, vive ilusionado del pienso como recompensa al esfuerzo. Así el hombre, atado a las coyunturas humanas, vive atado al sino del sí mismo, con la falsa creencia que debe tener, debe hacer, de vivir la vida de otros, dependiendo de otros, se olvidó que la vida es más simple, menos pretenciosa.

La vida precisa valor para ella, más no exige, la muchedumbre sí, se exige y erige a sus verdugos dolor, para sentirse vivos. La muchedumbre necesita tener la bota en el cuello, para los verdugos es fácil, los cebos son fáciles de obtener, no hay que hacer esfuerzo alguno. Si la muchedumbre supiera que son libres, solo basta con dejar de darle valor a las cosas con las que los castigan. Si por un momento supieran que el papel tiene solo el valor del papel, la moneda dejaría de ser lo más importante. Si supieran que el dinero digital es aire, no se esforzarían tanto. Si supieran que no necesitamos a los políticos, ni artistas, ni religiones, ni la parafernalia, serían libres. Pero eso sería una revolución enorme, los grandes egos que viven a costa del esfuerzo morirían de hambre, porque no saben trabajar, usan el miedo a su favor.

 ¿Qué haría un político sin el dinero producto del esfuerzo del hombre laborioso? ¿Trabajar?, no, se moriría de hambre o robaría, ¿Qué harían los religiosos si el hombre supiera que no los necesita para alcanzar su libertad más allá de la vida?, morirían de hambre o tendrían que trabajar para vivir, ¿Qué haría el hombre común si supiera que solo necesita esforzarse para sí mismo y que todas las necesidades que cree que tienen son inventadas? Sería feliz, dormiría tranquilo y su vida seguiría su curso, pero no lo saben, y si lo creen, al tener mayoría, la muchedumbre se ahoga sola, en el miasma de sus propios defectos. De eso viven los que ostentan el poder, del miedo y de la ignorancia.

Basta con que a la muchedumbre les enseñes un papel que eres alguien frente a ellos, avalado por un grupo de personajes que crearon una institución, a la que le dan un valor mayor, para que se postren a tus pies y te rindan pleitesía ¡Basta! Es hora de que cada hombre conozca su real valor, que se sienta en su propia dimensión, que los hombres sí, efectivamente somos iguales ante la naturaleza y que es el hombre mismo quien mueve los finos y delgados hilos de su propio devenir, y que es abusado por unos pocos, aquellos que se dicen tienen poder, solo porque estamos conformes con ese poder, pero modificar los patrones de poder requiere el mismo esfuerzo en darlo que en quitarlo, solo que la muchedumbre despierte.

 Pero no lo hace, porque está confortablemente dormida, soñando con un mañana favorable, con un mañana mejor que el hoy, aunque en su inconsciente sepa que el hoy es el único día disponible para cambiar su mundo, que solo basta retirarse la venda que tapona su realidad, basta con que aprenda que el camino es distinto, que el camino adecuado para su libertad tiene espinas y abrojos y debe aprender a caminar entre ellos. Debe saber que es un placer caminar entre las rocas de los ríos, que los caminos pavimentados te convierten en una persona acomodaticia y pretenciosa.

Sí la muchedumbre se permitiera por un momento parar su caída y observara que hay hilos sobre sus cabezas, y que por un momento rompiera esos hilos y caminara sola, sabría de que está hecha. El hombre libre sabe que cualquier camino lo lleva a buen destino, pero sí hay un camino fácil, sabe que le va a costar más caro, que un camino con complicaciones. Así que se aventura al camino complicado, hasta acostumbrarse a las pulgas, hasta sentir que el sol es su aliado, hasta sentir que las noches te regalan las mejores estampas y que no necesitas la lámpara porque sabes caminar en la oscuridad, porque tienes tu propia luz. El hombre es libre cuando las ínfulas han sido superadas, el hombre es libre cuando quien le dicta los caminos es su conciencia no la audiencia.

La tierra vista desde el espacio no tiene fronteras, los animales caminando en el bosque, la jungla, el desierto, la selva o la sábana no tienen fronteras. El único animal que se impone fronteras es el hombre y en su completa ignorancia de sí mismo se inventa leyes para ordenarse a sí mismo no pasar, para decirse a sí mismo no mezclarse con otros hombres. No sabe que todo está ligado como una red, el hombre, la tierra, la naturaleza y el universo vibran en la misma frecuencia, viajan cómodamente en el espacio sideral sin restricciones. Solo la mente malvada, esa que reina en la oscuridad, requiere del hombre para ser, y se inventa argucias y los pesca, más hoy y ahora, yo, el hombre despierto deshago mis cadenas, perdono a mis captores que usaron con bastante facilidad sus redes y me pescaron, ya caí, pero me estoy levantando, he descubierto la luz, las redes tienen huecos, muchos taponados por hombres que solo ven al frente, les llaman mentes cuadradas, porque no ven las oportunidades que pasan a su lado, ni las que tienen a sus espaldas.

Allí están los hoyos por donde podemos salir a la luz, el universo siempre tiene puertas abiertas para los hombres, si una se ha cerrado, bastará voltear hacia algún lado y encontraremos la otra. El hombre que despierta las abre conforme se le presentan a la vista, si una se cierra, voltea a los lados para identificar la que le es favorable, y sigue el camino que su conciencia la dicta, caminará en otro plano, disfrutando el paisaje, su camino tiene otro derrotero, va al lado del camino de la muchedumbre, los verá allá a lo lejos pelearse, matarse, agredirse por situaciones simplonas, los verá pelear por nada y por todo y morir sin nada, los verá esforzarse por poseer algo que en 15 minutos ya no es, los verá pagar con mucho esfuerzo, muchos años después de que ya no existe eso que creyó poseer.

 El despierto parecerá que camina sobre miel y hojuelas a pesar de sus complicaciones, mientras la muchedumbre es calles pavimentadas parecerá que camina sobre espinas, y ve a las miles almas atormentadas por no poder pagar deudas que no tiene, por pagar situaciones que no le corresponden, ve a la multitud cargando fardos de otros, padres cargando a hijos hasta que la espalda se les rompe, madres cargando culpas de hijos que no tienen empacho en endilgárselas, madres culpándose de su mala actuación en la educación de sus hijos, familias hundidas en el dolor por no saber pedir ni dar perdón.

 La muchedumbre allá a lo lejos se ve hambreada, se ve dolida, se ve inquieta, se ve desesperada, solo porque ignora que es libre, confunde la libertad de elegir que vestir, que comer o donde habitar, sin saber que alguien ya decidió antes que venderle, el despierto sabrá hacer todo para sí, y sabrá elegir su vida, ese es su devenir, caminará al lado de los muertos vivos, sin que eso le afecte, la muchedumbre lo odiará, pero eso no importa. Solo es.

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