Opinión

Duelen feminicidios en México.

Por: Marina Vilchis Herrera.

 De acuerdo con Marcela Lagarde y de los Ríos, antropóloga feminista, quien acuñó el término en México, en 1994: “El femicidio es una voz homóloga a homicidio y sólo significa asesinato de mujeres”. Por eso, para diferenciarlo, prefirió el término feminicidio y denominar, así, al conjunto de violaciones a los derechos humanos de las mujeres que contienen los crímenes y las desapariciones de éstas y que fueran identificados como crímenes de la humanidad.

El feminicidio, es el genocidio contra mujeres y sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados violentos contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de niñas y mujeres.

Fátima, María, Guadalupe, Rocío, Juana, tú puedes ser la próxima, el caso es que México tiene una cifra alarmante de feminicidios, solamente en lo que va del 2020 la espeluznante cifra es de 265, en 51 días de este año y sólo es una parte de lo que nos enteramos, porque muchos restos son reducidos a cenizas, enterrados, diluidos, quemados, sin contar la trata de personas y órganos que es muy común hoy en día.

Por si fuera poco, durante el año pasado se registraron 197 mil 693 llamadas de emergencia relacionadas con incidentes de violencia contra la mujer, provenientes del Estado de México, Jalisco y la Ciudad de México.

Es  indignante como suceden casos  como  el de Fátima, todos los  días, las  miles  de mujeres que desaparecen a  diario  y nadie  hace  nada, no es  justo  que a la mujer  se  le siga  viendo  como un género débil, cuando  hoy en día trabajan para mantener a sus hijos, trabajan en  su casa y siguen siendo  discriminadas  por  hombres machistas, que sólo las  atacan y  perjudican física, psicológicamente e  incluso  laboralmente, ya que  muchas veces  son  sometidas a burlas, discriminación, acoso laboral, sexual, es una pena que  en  muchos  trabajos  todavía se  siga diciendo que  accedió a ese empleo no por los méritos laborales que haya  hecho, sino por  su físico.

Actualmente hay mujeres que son médicos, astronautas, ingenieras, arquitectas, trabajos que antes eran considerados exclusivamente de hombres y también existen atletas destacadas en deportes que eran exclusivamente de los caballeros.

En México las mujeres no aparecen “muertas”, son asesinadas por cobardes que, por falta de amor, respeto, incluso envidia, terminan con la vida de miles de mujeres a diario.

Señor Presidente debería de implementar campañas que fomenten el cuidado de millones de niñas, defensa personal en todas las escuelas del país, respeto y equidad de género, que los niños entiendan que las mujeres no son un género débil, que se deben de cuidar y de respetar.

Da pena ver los hashtag de #NIUNAMÁS y cientos de imágenes de publicidad en lonas pancartas, campañas, cuando no hacen nada por detener a estos cobardes misóginos, que abusan de su poder. Deberían de tomar conciencia de las alertas y unirnos para no permitir que esto siga sucediendo.

 Y ¿Usted que hace por acabar con la violencia contra las mujeres?  ¿Fomenta en casa los típicos frases sexistas que sin darnos cuenta repetimos y decimos a diario a nuestros hijos para minimizar a las mujeres y que contribuyen a perpetuar conductas violentas? cómo: ¿Cómo permitiste que te ganará si es una vieja? Eso solo lo hacen las viejas, que lo hagan las viejas, o juegas como vieja, se te caen las uñas, etc.

Cualquiera que haya nacido o viva en México sabe que nuestra cultura, como muchas otras culturas latinas, esta fuertemente influenciada por el machismo (expresión derivada de la palabra macho, definido como aquella actitud o manera de pensar de quien sostiene que el varón es por naturaleza superior a la mujer).

Por ello, es muy frecuente que, en algún momento de nuestras vidas, hayamos escuchado al menos una de las múltiples frases sexistas que abundan en nuestro lenguaje.

Expresiones que van desde “calladita te vez más bonita”, hasta “la que no enseña no vende”, pasando por una infinidad de frases destinadas a demeritar el valor, talento y habilidades de las mujeres, intentando limitarlas o encasillarlas a objetos sexuales, cuyo único fin es complacer o satisfacer a los hombres.

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