EL alto precio de la fe


P. Agustín Celis
Más de 360 millones de cristianos sufren niveles de persecución y
discriminación por su fe. Actualmente muchos creemos que vivimos con
libertad de credos, pero seguimos padeciendo la persecución por el valor
de expresar nuestra fe. Al grado de que en muchos medios de
comunicación no podemos expresar libremente nuestra fe, porque
somos vetados e incluso se nos cierran esas pertas de la comunicación.
Hay una gran cantidad de personas que siguen a Cristo cueste lo que
cueste, se mantienen firmes en la fe a pesar de la discriminación que
puedan vivir en su trabajo, en la vía pública o en la vida diaria. Es
alarmante el escuchar las cifras de los sacerdotes que en nuestro país
han perdido la vida al servicio de la fe y que sus historias han sido
calladas, porque no tenemos las garantías que nos permitan expresar
nuestra fe.
Las obras de ayuda humanitaria a nivel mundial, por medio de
diferentes redes de ayuda humanitaria, la fe sigue expresándose en
obras de caridad para los más necesitados en el mundo. Porque la fe se
vive ayudando al prójimo y ésta es una de las obras más grandes que
hemos asumido quienes seguimos firmes en la fe, ayudar a los más
necesitados y de manera especial seguir colaborando para quienes
entregan su vida en los lugares de misión en el mundo.
Hacer presente una luz de esperanza en medio de tantas necesidades,
es nuestra vocación, porque no podemos quedarnos de brazos cruzados
frente a las necesidades de evangelización que nos permita ayudar a
extender los valores en entre las personas, y a pesar de tantas pruebas
no podemos caer en el desánimo frente a los desafíos actuales que nos
presenta la sociedad.
Existen tantas historias heroicas de una gran cantidad de personas que
han consagrado su vida en la misión, historias que no conocemos o que
no hemos valorado porque las hemos considerado sin importancia para
la sociedad. Pero gracias a todas estas personas que aman su vocación,
la sociedad sigue en pie por los valores que hemos aprendido de estas
personas.
Hay una gran cantidad de personas que viviendo su fe de manera
privada, pero que en su servicio o en su trabajo siguen haciendo
presentes los valores del Evangelio, sin poder expresar palabras que

tengan que ver con la religión, pero que de ahí se alimentan semana a
semana para realizar su servicio con alegría. Cuantos médicos,
maestros, políticos, comerciantes, trabajadores de la construcción,
contadores, servidores públicos y más, viven su fe calladamente pero su
testimonio de vida habla de los valores que ha aprendido y se
comprometen en extender esos valores en la sociedad.
Por eso decimos que el precio de vivir tu fe de manera pública sigue
siendo muy alto, porque sufrimos discriminación a pesar de que se
presume que tenemos libertad de credo y somos libres en la sociedad.

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