El derecho de vivir, el derecho de dejar vivir (Despertar Poético)

El derecho de vivir, el derecho de dejar vivir

El hombre está en una encrucijada, el tiempo ya no es lo que era antes, ahora corre muy rápido, y así de esa manera el hombre vive: muy rápido. Como todo apremia todo se adapta a esa velocidad y esto es sólo el proemio de la debacle. Con esa inmediatez debe decidir si seguir el camino cuesta abajo hacía su destrucción o seguir medrando en la vida hacía arriba. Sabemos, por experiencia, que el camino cuesta abajo es el más fácil, pero nos hunde en la desgracia, y ese camino es el que estamos tomando.

 A lo lejos, los dos conceptos: destrucción y medrar parecieran sinónimos, porque la destrucción es consecuencia del progreso, medrar es un acto de progreso. Así, con esas dos acepciones, con ese juego macabro de ideas y palabras, así, jugando con la subjetividad, es que el hombre crea la magna idea y le llamará simplemente “progreso”, solo eso. En eso escuda la destrucción de sí mismo, a la sombra de esa acepción puede matar y vivir, o vivir matando o matar viviendo, es la misma moneda solamente que se tambalea enseñando las dos caras casi de manera simultánea. Eso es conveniente para los malvados y los adeptos a la dejadez, como malvado puedes engañar a las multitudes haciéndoles creer que los haces vivir, mientras los matas para alentar tus pasiones.

Ejemplos tenemos miles, entre ellos: los que lucran con la comida, a través de la industria de los alimentos, los que lucran con la medicina, con el suelo, con la tecnología, el lujo, el dinero, todos ellos son hijos de la misma madre, llamada serpiente de siete cabezas, de donde provienen la ira, la envidia, la gula, la pereza, la lujuria, la soberbia y la avaricia, todas esas cabezas son las representaciones de nuestras emociones, las cuales al ser alimentadas hacen del hombre un ser domesticable y de fácil dominación. Así los seres dominantes, aquellos que juegan con las dos caras de la moneda, pueden dominar sin cargo de conciencia a las grandes multitudes, ¿Cómo lo hacen?, muy fácil, creas una necesidad y les vendes la solución a esa necesidad, les metes miedo, les das reglas y juegas con ellas.

 Y en ese juego, con el miedo dentro, la muchedumbre pasa a ser un eterno perdedor, los únicos ganadores son los dueños del balón, los dueños del dinero, los dueños de los medios de producción,  por algo comentamos al inicio que el hombre está en una encrucijada, ¿vale la pena vivir o morir?, y tomas una decisión;  decides vivir, porqué eso es moralmente aceptable, aunque ese vivir sea la misma muerte, de esa manera aparece el “progreso” como un ente salvador y se camufla la nueva moral, “te doy vida, destruyendo vida, y lo más paradójico, es que vemos a las muchedumbres alabando la bondad del hombre que los alimenta, alabando al hombre que los esquilma, porque haya caído en la trampa, como la tragedia de la domesticación de los cerdos, aquellos que una vez han aceptado el alimento fácil, ya no hacen el esfuerzo por buscarlos en otro lado que no sea en la mano “benefactora”. Porque de esa manera viven más tiempo, sin esfuerzo mayor, no saben que esa comida es solo el gancho para una muerte lenta.

Todos los hombres tienen derecho a vivir y tienen la obligación de hacerlo, lo que no deben hacer, es vivir atado a una ubre podrida de nacimiento, la ubre del progreso, pues serán coparticipes de la muerte lenta de la humanidad, el dinero no vale una vida, el dinero no vale una tierra.

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