El hombre que ya no lo es (Política en lo oscurito)

El hombre que ya no lo es

Don Cedano veía con cierto morbo la rasgadura de medias que se traían en sus columnas Gil Gámez y Federico Arreola, todo porque el otro dice del uno que no está de acuerdo con el preciso en cuestión, y que sí lo estuvo con los precisos del olvido, ¡Vaya!, ya parece pecado el día de hoy no estar de acuerdo con San Péjele, eso pinta a despotismo puro y fanatismo también puro. Mientras nosotros, y Gil Gámez y Federico Arreola escuchamos atentamente como se deshilan las medias entrambos, allá afuera, en un reino muy, muy lejano, muy lejos de Pejelandia existía un extraño país, que soñó que un día llegaría un héroe salvador y arreglaría el cochinero que generaron los antihéroes anteriores que también prometieron.

A la llegada de ese héroe, en ese muy, muy lejano país, algunos habitantes del reino dejaron de soñar, era un héroe correoso, o sea de piel muy gruesa, pero delicada, toda puya le escocia. Estaba pues versado en mil batallas, llevaba tres intentonas de enormes magnitudes de ser el número uno de ese reino, y por fin lo logró, cuando el pueblo del reino no tenía en nadie más en quién confiar. Los grandes héroes habían muerto hacía años, los que estaban vivos eran simples mortales caídos en desgracia, los que competían contra ese añoso contendiente eran pan comido, sus antecesores habían dejado la silla cagada, no les dejaron ningún justificante por muy pequeño que fuese para alisarles el piso, los dejaron al garete, ninguno se había podido limpiar la popo que escupían al cielo. Así que le dejaron el camino libre a pesar de estar en la misma vía.

Así, no teniendo mucho de donde elegir, el pueblo sopesaba las opciones: los otros candidatos a héroes no daban una, eran del mismo grupo, estaban emparentados pues compartían los apellidos en sus familias, se codeaban en los mismos negocios, se habían hecho harakiri. El único que estaba fuera de lugar era ese héroe vetusto, al que se le veía luchar por pura cotidianeidad. Tenía el hábito de interpelar a todo y a todos, se había hecho de un lenguaje bastante peculiar; tanto, que cuando no le salían sus letanías a modo, declaraba compló, no complot. Había inventado un lenguaje sui géneris para identificarse, para él era un compló, que indefectiblemente era materializado por el héroe en turno.

Así que un día, cuando estaba interpelando a sus contrincantes, el pueblo sabio y bueno, de aquel pequeño reino, decidió darle una oportunidad, y cuando se enteró gritó desesperado ¿Ahora quién podrá ayudarme? Pues ya estaba muy entrado en años, lo que no sabía es que estaban muy desesperados esos soñadores y estaban dispuestos a pagar cara la espiral de enseñanza, aspirando a que con ello se acabara con otro mal llamado expertise. Ese expertise salía tan caro, que el pueblo tenía que pagarlo por todos lados, sacrificando educación, cultura, salud, inversión, alimentación, y ya no soportaban tanta experiencia. En los bajos fondos decían que ese expertise se llamaba corrupción, pero nunca nadie subió los altos fondos a decirlo, algunos murieron en el intento, otros no lo intentaron más persuadidos por golpes demoledores de cincuenta mil pesos.

Con los años, ese vetusto héroe había encumbrado las frases precisas para llevar siempre la contraria al héroe en el poder, y combatió al expertise con ideas de inexpertise, su idea era simple: “llevar a contraria, para que cuando el pueblo sabio se canse de lo mismo, me vea como opción”. Así pasó, la enorme fe que se tenía el héroe dio frutos, cuando ya nadie se lo esperaba, ni él, el pueblo se cansó de tanto pagar a esos expertos en nada, para empezar a pagar la enseñanza de un héroe nuevo, aunque ya estuviese viejo. Así fue como lo encumbraron, y en poco tiempo lo hicieron enorme para su tamaño, mientras el héroe luchaba para mantenerse a flote.

Como su hábito era llevarle la contraria al héroe del momento, de pronto se quedó sin contendiente y se empezó a tirar a él mismo; pero el pueblo le exigió que combatiera al expertise, y que fuese congruente con su discurso, y lo fue, siguió tirándole a los héroes del pasado, así pudo mantener al reino contento, y él podía ocultar su inexperiencia y sus errores, pues siempre había un héroe del pasado más tonto que él y aquel héroe era el causante de todos los males habidos y por haber… digo, de una vez había que curarse en salud. A la gente le gustó esa temática, pues siempre había un discurso consolador, y en el discurso todo era miel sobre hojuelas. Mientras, fuera de esa esfera el país se desmoronaba, iba cayéndose en pedacitos, justo a un despeñadero.

Los malos, aquellos detractores de la fe no respetaban al héroe, y este los retaba a dejar de ser malos, y estos con genes del pasado nomás no le hacían caso, mataban aquí, mataban allá, acullá y más allá, no les importaba a esos malosos dejar muertitos en todo el reino. Otros malos les quitaban su dinero a los buenos, otros malos les quitaban la felicidad a los buenos, otros malos les quitaban la familia a los buenos… el reino se quemaba, en un bosque sí, en otro también. Tanto, que el castillo tuvo que ser declarado en emergencia climática, habían dejado de circular calesas por ello, mientras el héroe seguía construyendo su burbuja, alejado de toda realidad hacía cuentas con chiles, o sea era cuenta chiles, millones de kilos de oro se dejaban pasar para que los contaran los reinos circundantes.

Mientras nuestro héroe contaba chiles, pues había muchos como él, que sabían contar, y se sentía un Robin Hood  moderno, les cobraba cuota a los ricos y a los que generaban riqueza con su esfuerzo para seguir construyendo su burbuja, pagándoles a sus allegados, unos que no trabajaban, unos que no estudiaban, otros que sí, otros que ya estaban viejos como él, a otros que estaban resentidos con la vida, todos esos le festejaban hasta los flatos heroicos que se tiraba, aunque en los pequeños villorrios se escuchaban voces que gritaban verdades para que los personajes que rodeaban al héroe no lo dejaran abrir la boca inútilmente, no eran escuchadas esas voces, se supo de la existencia de un filosofo parco al hablar, recto el decir, que era de la escuela de los cínicos, de la fundada por Diógenes de Sinope, que lo invitaba a rectificar el camino y que aprovechara el momento histórico de hacer del reino un paraíso, pero se le fueron agotando las ideas, y tuvo que centrarlas en aquellas que adulaban a su grey, dejando de lado a la mitad del reino sin esperanzas de algún cambio positivo.

Pronto las estadísticas jugaron en su contra y él tuvo que jugar su juego contra ellas también; tanto, que siempre chocaban sus números contra los de la realidad. A lo lejos Don Cedano escuchaba los pedazos de reino, hacían ruido, casi como las rasgadas de medias de esos dos periodistas o ¿columnistas? Y se decía para sí mismo: “mi mismo, algo no cuadra”, y efectivamente, algo no le cuadraba, aquel reino lejano le traía vagos recuerdos, de un Julio de 2018, en su país, cuando se votó por la esperanza, que poco a poco se volvió desesperanza, pues el héroe con nombre de su país había vivido una fantasía muy similar, y el ciclo circadiano de las mañaneras se estaba agotando, y estaba agotando a la grey, su héroe con nombre estaba dibujando su realidad, poco a poco empieza a dibujarse el personaje autoritario que algunos ya intuíamos, otros ya conocían por sus actos, aquel al que no le gusta que le contradigan, aquel que hace su parecer, pésele a quien le pese.

Así como van las cosas, de aquel hombre que ya no lo es, pronto será la sosia de sí mismo, pronto hasta él mismo se desconocerá. Se vislumbra un futuro prometedor, pronto lo veremos hablar con los pajaritos, y es que a Don Cedano seis meses de gobierno se le han hecho eternos, en otros períodos era hasta predecible el comentario y facilona la situación, hoy nos sorprenden con datos distintos cada día, esa parece va a ser nuestra nueva normalidad. Han pasado tantas situaciones tan dramáticas en el país, y en un período de tiempo tan corto, que pareciera han pasado años, y todas tienen el sello distintivo de que el presidente simplemente no está de acuerdo en que sean dramáticas.

Para él todo es Jauja, para él, simplemente el mundo entero está en contra del progreso de la gente que él cuida. Parece que ese mundo se está haciendo pequeño, para llegar a convertirse en su mundito, y jódanse aquellos que vivan en él, ese mundo de fantasía tiene un objetivo, cumplir sus promesas aún yendo en contra del propio sistema político, aún en contra del sistema económico, aún yendo en contra de su propio discurso, sus números son de fantasía. Don Cedano no espera que al país le vaya mal, porque aún espera que las cosas mejoren, no ve por donde, pero tiene fe y tiene paciencia, cada vez menos, pero es por la edad…al menos que Franklin no tenga razón, pues nuestro héroe ya pasó la edad del juicio: los veinte años, la voluntad es reina: a los treinta, lo es el ingenio: a los cuarenta, lo es el juicio.

Decíamos que vivimos una etapa de números fantasiosos, la fantasía genera mundos más amables, más limpios, mejor tratados, en ese mundo, podemos encontrar toda clase de números que nos son favorables para servir al pueblo, allí no importan factores externos, no importan calificaciones expertas, sólo importa todo lo que la imaginación crea, y si lo imaginas lo puedes crear. Esperamos pacientemente a que así sea, y que no nos sorprendan más eventualidades hijas de la austeridad, como la falta de personal para combatir incendios por recortes a la Conafor, o el recorte a los recursos al Conacit, o el recorte al Imss, menos mal que tenía un detractor en German Martínez, que se salió dando un diagnóstico de enfermedad terminal, muchos derechohabientes hemos visto las consecuencias de esta enfermedad en la falta de médicos, en la falta de medicinas y en el pésimo servicio de la medicina general, lástima que German Martínez no haya querido administrar un organismo con pocos recursos, en la salud no se juega, y San Péjele está intentando hacer cambalache de dinero a costa de salud, el dinero irá a alegrar corazones en programas sociales, el error es intentar o lograr quitárselo al programa social más grande del país, que dios nos agarre confesados.

 

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