El inicio del ciclo. Algo bueno llega (Despertar de la tierra)

El inicio del ciclo. Algo bueno llega

No todo lo que pasa en el mundo es malo, si todo fuese malo, la maldad dominaría, y no se cumplirían las leyes universales a cabalidad, la ley del polo positivo y el polo negativo dejaría de ser útil; por lo tanto, innecesaria. Nuestra vida se desplazaría linealmente, pero como las leyes universales son inamovibles, inviolables e inmarcesibles, tenemos que aprender a vivir con ellas, de hecho, vivimos con ellas sin enterarnos muchas veces de su existencia, sólo les damos el nombre de destino, inmerecidamente, pues el destino no es otra cosa que el efecto de nuestros actos y el acto que le sigue, en la continuidad del espacio tiempo, así hasta el infinito. Lo que es finito, es nuestro cuerpo, que se transforma con cada muerte, nuestra energía de la consciencia es la inmortal.

Estamos entrando en el nuevo ciclo de ciclones y sismos, en el mes de septiembre inicia el otoño y con ello se repiten eventos naturales de grandes magnitudes, ya sean sismos o ciclones, cada uno con su peculiaridad particular. Según las estadísticas, estamos en la temporada de mayor actividad ciclónica en la zona tropical del Atlántico, en este mes suelen darse las condiciones propicias para la formación de ciclones tropicales, como el reciente llamado Dorian, que es un monstruo que devastó las Bahamas y alcanzó categoría 5, y que sigue su camino el día de hoy por Canadá en calidad de tormenta tropical intensa, que ha dejado daños menores a la infraestructura.

 Evidentemente cuando escuchamos hablar de huracanes nos entra temor por el grado de destrucción que puede provocar; sin embargo, los ciclones, tormentas y huracanes son necesarios para la vida. Si bien, las consecuencias de vivirlo son desastrosas para la civilización, por la pérdida de vidas o las destrucciones materiales, los beneficios que dejan a su paso son buen motivo para no temerles y voltear a verlos con otra filosofía, el primer beneficio que conocemos es el agua en forma de lluvia que llena arroyos, ríos, lagos y presas, la recarga de los mantos acuíferos, la limpieza de los cauces, también refrescan el ambiente en los océanos, como medida niveladora ante el calor, arrastra nutrientes del mar hacia zonas que los necesitan.

 Tanto la lluvia como el viento actúan como renovadores de energía, como renovadores de nutrientes, ayudando a la naturaleza en la elección del más fuerte y adaptado, derribando árboles enfermos y débiles, y el reino vegetal al soportar el embate de un huracán le permite una regeneración completa, pues elimina a los más susceptibles y hace nacer a nuevas plantas más fuertes.

EL NACIMIENTO DE LA MENTE ECOLÓGICA

Como ya estamos sintiendo los cambios en el medio ambiente, debido a que ya batallamos todos los días con las consecuencias de nuestros actos dañinos contra la tierra, está apareciendo un movimiento en favor de la tierra, en favor del medioambiente, lejano a los actos de relumbrón que los políticos hacen para parecer preocupados, sacándose la foto colocando un árbol en un hoyo. Este movimiento está empezando a mover conciencias, dirigiéndolas a acciones más rígidas contra el consumismo. Hemos visto veganos tratando de convencer por medios nada ortodoxos a los omnívoros de no comer carne, aduciendo toda clase de conceptos basados en la crueldad. Efectivamente, comer carne conlleva un peso moral alto y un alto grado de violencia, un animal tiene que morir para que podamos vivir, lo que no hacen los veganos para convencerlos es enseñarles a dejar un hábito practicado por miles de años.

 Si la historia no miente, hace 2 millones de años cazábamos animales para comer, ahora no los cazamos, los criamos para el mismo fin. Nos ahorramos ese viaje peligroso en la búsqueda de la carne. Esa adaptación que tiene nuestro cuerpo a la carne no es fácil de desterrar, sabemos que las plantas, frutas, verduras y hongos son capaces de mantenernos vivos, pero también llevan consigo una carga mortal alta y peligrosa ¿Cuál sería, si son vegetales? Que hoy necesitaríamos cultivar muchas variedades de plantas para vivir, para obtener los nutrientes a los que estamos acostumbrados, y eso lleva una carga de patógenos también alta, porque muchos de los alimentos que cultivamos no son endémicos, son importados y con ello importamos los patógenos y las plagas se verían beneficiadas y volveríamos a caer en el fuego que queremos combatir, el ser amigables con la tierra, y el serlo es cultivar y promover únicamente las plantas y animales que la región está adaptada a proveer, sin importar ningún otra planta.

 ¿Es complicado? Desde luego, es muy complicado porque tenemos el dilema moral de alimentar a más de 7,500 millones de personas usando la misma superficie de la tierra, eso trae consecuencias, y las estamos viviendo, como es la sobreexplotación de los suelos, el uso de fertilizantes químicos, el uso de pesticidas, el uso de semillas mejoradas… esto ocasiona contaminación de todos los ambientes de los que nos alimentamos: agua, aire y tierra, la muchedumbre aun no es consciente del daño que se causa, los movimientos a favor del medio ambiente apenas tocan los conceptos iniciales, apenas empiezan a sacar la nariz para respirar, muchos nos preguntamos ¿Cuáles serían las acciones que deberíamos hacer para cuidar la tierra? La respuesta es simple: dejar de dañarla, cuidarla y nutrirla con lo que ella misma produce, nutrirnos con lo que la misma tierra nos provee, no cultivar alimentos que no sean propios de la región, los cuales están adaptados a las condiciones de clima y de plagas, por lo tanto, no requieren fertilizantes adicionales, ni insecticidas.

 El problema sería que no alcanzarían las cosechas para cubrir la demanda de alimentos, así que tendríamos que bajar exponencialmente la cantidad de bocas. Otra acción importante, es dejar de consumir cosas innecesarias, eso nos llevaría a bajar enormemente la cantidad de basura y por ende la cantidad de contaminantes, eso nos acarrearía un problema de crecimiento económico, todo lo que hacemos por placer se vería reducido y muchos no estaríamos dispuestos a modificar nuestros hábitos, ni a abandonar nuestras comodidades. Entonces deberíamos buscar mientras un punto medio y este sería reducir nuestro consumo de productos altamente elaborados como alimento y sembrar nuestros alimentos, para asegurar su inocuidad, usar materiales que sean orgánicos, tanto en envases, como en almacenes, que los puedas ir integrando a los suelos cuando cumplan su vida útil, usar objetos que puedas reciclar al 100%, volver a las construcciones del siglo XVIII, solo cal y canto, producir tu propio bio-gas, conseguir tus propios generadores de energía limpia o al menos conseguir lámparas de led.

 El plástico que al día de hoy está siendo sacrificado, es un producto 100% reciclable, no debería ser eliminado del consumo, es muy útil, sólo debemos ser responsables con el uso y destino final, sólo requerimos de cultura y apoyo gubernamental para poder emprender empresas que puedan reciclar los materiales. Mucho del desecho que llega a los vertederos, llega porque las autoridades ponen trabas complicadas para establecer empresas relacionadas con el medio ambiente, y esas trabas, son solamente trampas para poder medrar económicamente, pues las políticas existentes no son en nada sustentables con el medio ambiente, no son nada amigables, son sólo vallas para los inversionistas.

 Por ejemplo, llámese Cancún, llámese Ciudad de México, si requieren construir en un área arbolada te exigen un estudio de impacto ambiental, que según su filosofía deberá contener las medidas de mitigación, y debería mitigar el daño que ocasionas al área donde construyes, y lo lees y ves que tiene una cantidad ingente de leyes, apartados y artículos a los que se refiere, a los que debes de responder, y al final, todo ese papeleo se archiva en cuanto mandes reportes de que construyes con ciertas reglas, al final terminas construyendo, al final terminas demoliendo los árboles, al final terminas destruyendo la naturaleza para construir. Podrán decir “cumpliste con lo que la ley manda” y tendrán razón, pero la ley está sujeta a interpretación.

 Si viajas en un avión, voltea abajo en cuanto te vayas elevando y verás que lo que hace 30 años era selva, ahora es asfalto, concreto, edificios, viviendas, parques, industrias, escuelas, fabricas o infraestructura, se supone que todas las construcciones cumplieron las normas ¿Y la mitigación, a dónde se fue? ¿A camellones o jardines particulares? Los bosques jamás volverán, esos se fueron ¿Y al árbol muerto le importó que hayan puesto leyes que le permitieran al hombre eliminarlo “legalmente” ? Claro que no. Al árbol le daba lo mismo que lo talaran con permiso o sin permiso, su destino era morir. Sabemos bien que todo progreso es destrucción, la consciencia que debemos implementar ahora es dejar de hacerlo paulatinamente. La tarea será difícil, porque se requiere que las mentes de todos los humanos se conecten, al día de hoy, es imposible, la mayoría sólo tiene intereses económicos, la ecología todavía no es negocio.

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