Opinión

EL JUICIO DE GENARO GARCÍA LUNA 

Por: Juan Pérez Medina.

El juicio que se está llevando a cabo en las cortes de los Estados Unidos en contra de Genaro García Luna, ex secretario de seguridad pública en los gobiernos de Felipe calderón y Enrique Peña Nieto, ha venido desvelando una realidad que ya conocíamos, pero que no por ello deja de asombrarnos. En la cúspide del poder se venían realizando las principalesPo actividades del narcotráfico encabezado, no sólo por este hombre, sino que también participaban de ello, políticos, periodistas y cabezas visibles de alto rango del ejército. Una casta de desvergonzados que amparados por el poder que representaban y detentaban se hicieron multimillonarios.
Es indudable que Felipe Calderón en su momento y Enrique Peña Nieto después no sólo sabían de las actividades delictivas de su secretario de seguridad, sino que se beneficiaron de ello. Las relaciones con los jefes de los cárteles del narco como el Chapo Guzmán, el Mayo Zambada, los Beltrán Leyva, etc., es tan evidente que, ante las declaraciones de los diversos testigos que han desfilado en las semanas, desde que este juicio dio inicio y las evidencias de los hechos ocurridos en esos años, junto con las presunciones generales de la ciudadanía acerca del contubernio de las autoridades con los criminales en el país, viene dejando un amargo sabor de boca, no sólo por lo que estos personajes son sino, sobre todo, por lo que sus hechos han significado para los mexicanos: miles de vidas perdidas, ya sea muertas o desaparecidas o presas del vicio que ellos promovieron durante más de una década.
Los puertos, aeropuertos, carreteras y aduanas eran las vías por donde el narcotráfico hacía circular la droga con la ayuda y cooperación de las más altas autoridades del país a cambio de millonarias sumas de dinero. Las declaraciones que se han sucedido, una tras otra, de los testigos presentados por la fiscalía estadounidense dan cuenta de ello.
Genaro García Luna es hoy el epicentro de lo que los gobiernos neoliberales fueron y significaron para este país, al que condujeron a la barbarie, en una espiral de violencia e impunidad. Pero también ha quedado de manifiesto la participación de la DEA estadounidense que todo el tiempo estuvo en medio de esta terrible descomposición, siendo un elemento que dejó pasar de México hacia territorio estadounidense los cargamentos de drogas, como de los Estados Unidos hacia nuestro país las armas conque los narcos se han dedicado a asolar a la población en todo el territorio nacional.
La venta de armas junto con el mercado de estupefacientes son en los Estados Unidos un negocio que cada año arroja miles de millones de dólares que benefician a la élite militar, policial y política de ese país. No hay duda de que cifras millonarias han ido a parar a las arcas de los principales partidos para fortalecer las campañas políticas, tanto de republicanos, como de demócratas.
El mercado de las drogas en los Estados Unidos alcanza a más de 27 millones de personas, que gastan ciento cincuenta mil millones de dólares anuales según sus propias cifras. Cada 19 minutos muere un estadounidense por sobredosis de heroína. Si se sumará al consumo de las drogas el abuso de alcohol la cifra asciende a 442 mil millones de dólares; veinte veces más de lo que costará el tren Maya, cuyo presupuesto es de 299 mil 367 millones de pesos.
Es entendible que el gobierno norteamericano, responsable junto con el gobierno mexicano del trasiego de armas a territorio mexicano y que quedó de manifiesto con la operación “Rápido y Furioso” realizada de 2006 a 2011 por la Oficina estadounidense de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) y el gobierno de Felipe Calderón que pasaron más de dos mil quinientas armas de Estados Unidos a México, como parte de un operativo estadunidense contra el cartel de Sinaloa, que resultó totalmente al revés, no aceptará las evidencias de los hechos que se han desvelado en el curso del juicio en comento, mucho menos hará algún cambio a lo que hasta hoy ha sido su política antidrogas, presionando al gobierno mexicano, pero guardando silencio contra sus capos que distribuyen la droga en su territorio.
El juicio de García Luna deja al descubierto una realidad que los mexicanos no desconocíamos. Por una parte, el pueblo mexicano se convierte en el proveedor principal y camino de la droga hacia el enorme y multimillonario mercado estadounidense y, por otro, en los que ponen los muertos y la violencia como producto de la atención a los consumidores gringos y la compra permanente de armas de fuego cada vez más sofisticadas, sin que se vea que esto pueda terminar. ¿Y cómo podría ser si el mercado de consumo de drogas en Estados Unidos crece cada año en lugar de decrecer?

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