El Michoacán que enamora a dos ruedas

Por: José Antonio Castro

Ni la información más desalentadora, ni meses de noticias sobre desencuentros entre grupos criminales y policía, ni mucho menos las amenazas de un clima no tan benévolo, hicieron que se disolviera la voluntad de centenares de motociclistas por recorreré Michoacán, a través de su Tierra Caliente y su costa; pues sus paisajes, su comida y su gente, los ha enamorado.

Desde hace 14 años un grupo de motociclistas decidió realizar una ruta, que llevara desde Morelia hasta recorrer toda la costa michoacana. Se trata de un motoclub llamado “Hermandad 15”, que llevó esta idea hasta ser uno de los recorridos en motocicleta que más llaman la atención a nivel nacional.

Miles de motociclistas, de todas partes del país, han terminado cautivados con la belleza de Michoacán, al recorrer esta ruta que se prolonga por tres días.

En la edición más reciente que se realizó, del 15 al 18 de noviembre, se congregaron cerca de 350 motociclistas. Lamentablemente una cifra un tanto menor que la que se vio en ediciones anteriores, donde llegaba casi hasta los 600 participantes, debido a la obvia influencia de los hechos que se han difundido en la entidad, particularmente de un reportaje publicado apenas un par de días antes de que se iniciara el recorrido, donde se hablaba de que pichillinguillo era una playa “fantasma”.

Sin embargo, fueron muchos más los que no se desalentaron, prepararon motores y maletas, e iniciaron su viaje hacia la capital michoacana para emprender su recorrido.

El paso de la caravana, que dura tres días, arranca en Morelia, y pasa por Pátzcuaro, Tingambato, Uruapan, Lombardía, Nueva Italia, Apatzingán, Tepalcatepec, Coalcoman, Aquila, Maquili, San Juan de Alima y desde ahí, por toda la costa hacia el sur, hasta llegar Caleta de Campos.

Día 1

En el primer día de recorrido, los bosques de la zona de Pátzcuaro y Uruapan lucen su esplendor, tras las lluvias más fuertes del año. Recorrer esta área, es avanzar a cada momento con el inconfundible olor de la tierra húmeda, la madera y la hierba, junto con el del humo de algún fogón de las casas que se llegan a encontrar.

Después, conforme se acercan a Lombardía, el calor empieza a resentirse, aunque las nubes que hubo ese día ayudan a mitigar la temperatura. También se empiezan a ver más huertas de naranja, limón, toronjas y plátano.

El paso por Nueva Italia, hacia Apatzingán, es totalmente un paseo entre esas huertas frutales, los camiones repletos de sus productos y a lo lejos ver los cerros que resguardan esta zona de Michoacán.

Tras una parada en Apatzingán, el recorrido final del primer día es hacia Tepalcatepec, un trayecto que se hace entre curvas forjadas por los cerros que se entrelazan. El cual, además, es buena parte del límite entre Jalisco y Michoacán, y con un paisaje de horizontes que rayan en lo irreal, pues diferentes tonos de azul se ven en los cerros que circundan el área, los más cercanos en tono más fuerte y los que están más lejos con tono más claro.

Donde además, en este año se pudo ver al ex líder autodefensa Hipólito Mora vigilando el paso de los motociclistas por Buena Vista Tomatlán.

Ese primer día, después de casi 260 kilómetros de recorrido, se pernocta en Tepalcatepec. Donde aún hay una tensa calma, al grado de que los lugareños recomiendan no salir después de las 10:00 de la noche, pero sin mayor contratiempo se da el descanso.

Día 2

Al otro día viene el trayecto de 170 kilómetros, desde Tepalcatepec a San Juan de Alima, uno de los más espectaculares por su recorrido entre la sierra y costa –Sierra michoacana, lleno de despeñaderos que causan admiración, pero al mismo tiempo imponen con su profundidad, sus colores verdes y el paso de las nubes, entre ellos acompañado del vuelo de zopilotes, que en ocasiones pasan a escasos metros de las carreteras.

Conforme se acerca el encuentro con la costa, el calor húmedo es cada vez más fuerte; pero más notoria es la calidez de quienes viven en estas zonas, pues es común que salgan a las orillas de la carretera a ver el paso de los cientos de motociclistas y regalan un saludo y una sonrisa.

Apenas a unos 4 kilómetros de San Juan de Alima está el mirador de la costa de Aquila, un sitio referente para quien sea que pasa o vive por esta región de Michoacán, donde se puede ver el oleaje que llega a las playas de la zona hasta donde el horizonte lo permite, además de que se queda en evidencia porqué se le llama costa-sierra a esta área, pues la vista permite apreciar los prominentes cerros que a sus faldas reciben el oleaje.

En estas playas y en el paso de esta caravana, hace tres años, un joven de nombre Edgar Jiménez perdió la vida al combinar alcohol con intentar nadar en el mar; pero en 2019, sus padres decidieron hacer este mismo viaje a través de Michoacán, del que tanto les habló Edgar. La historia fue contada por los propios padres y los organizadores de esta caravana, durante una convivencia que se hizo en San Juan de Alima.

Los padres se mostraron admirados con la belleza del recorrido, que ya habían realizado y además su acto demostró que las emociones, cariño y las historias tienen mucha más fuerza que cualquier historia negativa que pueda difundirse sobre Michoacán.

Día 3

Tercer día de viaje, el recorrido es por un tramo de 162 kilómetros, pero con una gran cantidad de curvas para ir de San Juan de Alima a Caleta de Campos.

Un trayecto en el que la vegetación llega a formar túneles, a través de los cuales pasan los vehículos. También dejan sin aliento los acantilados casi verticales, donde piedra y cactáceas se combinan para hacer imponentes paredes, que se recorren a través de curvas de peraltes casi perfectos; en tanto las vistas del mar, desde la parte alta de la costa sierra dan el agasajo visual.

Desde los zopilotes, hasta las tan comunes iguanas, pasando por tarántulas, es la fauna que cualquiera se puede topar al paso por esta carretera

Más de un motociclista decidió visitar Pichilinguillo, pues, pese a la información que se difundió del lugar, su belleza prevalece. Si bien es cierto que hay mucho menos prestadores de servicios turísticos, al lugar aún llegan hasta camiones de turistas.

Nexpa, Maruata y Faro de Bucerías son de esos lugares que difícilmente pasan  desapercibidos a la vista por el color azul de sus aguas y menos aún con la posibilidad de ver a las tortugas golfina y negra desovando en esta época del año.

Caleta de Campos es el último punto de descanso del grupo de motociclistas, ahí uno de los participantes que viajó desde Minessota reafirma que: “Se habla de lo peor sobre Michoacán en todos lados, pero ya venir y estar aquí es otra cosa, que fregón me la pasé”.

El cuarto y último día es para el regreso de los participantes a sus lugares de origen, muchos salen desde temprano, pues no dejan pasar la oportunidad de ir a sitios como el estero de la Barra de Santa Ana, en Lázaro Cárdenas, donde se pueden ver cocodrilos de hasta 7 metros de largo. Quizá otros prefieren simplemente degustar la comida del mar en alguna de las enramadas cercanas a Playa Azul.

Pero, finalmente, todos retornan con la experiencia de un paseo que no se olvida, a través de las tierras michoacanas. Ese de paisajes que roba aliento y que se acompaña de calidez y anécdotas, es el Michoacán que enamora.

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