El mismo espectador (Despertar poético)

El mismo espectador

Personajes:

Juancho:       Espectador

Charles:        Actor

Un papá

Niño

 

Escena 1

Un cuarto rústico, con una mesa de madera cruda, con restos pintura blanca ajada por los años y el uso, una silla también de madera, con asiento de junco rasgado, con un hoyo al centro pero que permite sentarse con mediana comodidad, la mesa tiene un mantel otrora blanco, ahora manchado por manchas de café, la fondo se ve una puerta pintada de gris, a la izquierda una ventana sucia, que tapa el paisaje citadino con una cortina blanca que ondea al viento. Las paredes son de un color mamey deslucido, el piso es de duela sintética gastada por el uso, es un cuarto triste.

Se abre la puerta y por ella entra Charles, su caminar es lento, sus pasos tallan la duela sobremanera, su mirada atenta al piso, no acierta dirigirla al teatro, con parsimonia hala la silla, la acomoda para quedar frente al teatro y se sienta, su mirada acuosa va desplazándose por los mapas de países inexistentes que ha trazado el café, comienza a seguir los contornos con la uña del dedo índice derecho.

Charles:        –Este es Utopía –Decía para sí Charles – La ciudad donde las leyes son justas, los hombres respetuosos de sí mismos, las mujeres hermosas y lejanas a la vanidad, los niños calmos y prestos a la armonía, las frutas dulces y jugosas a la mano del hambriento sin tener pertenencia… ¡Umm! En esta esquina cercana a este mar, llamado mar de la tranquilidad, aquí está establecida Jauja, abunda la comida y los animales pueden ser cocinados en sus partes sin que estos opongan resistencia, es más hasta amablemente te ofrecen sus piernas para que saques los mejores bistecs y jugosos jamones –Sonríe, con sus desdentada boca, sus labios brillosos de saliva fabrican muescas picaras – ¡Obelix sería feliz, lástima que Uderzo los ubicara en la Galia y no aquí, justamente aquí, en Jauja! La tierra delante de Jauja sería la Atlántida, que estaría en eterna pelea con los Rama de la India, es que estos continentes solo los divide un mar, muy angosto que se puede cruzar nadando, ¡Que desgracia de los atlantes!, se tendrán que morir, porque se contrapone su cultura bélica contra la cultura del continente Utopía, debe ser más utópica que la de Thomas Moro, mucho más, la casi Idílica del El Dorado, todo sería de oro ¡Ji ji! –Vuelve a reír –Me imagino cagando en un bacín de oro –Con el dedo índice en la nariz piensa- ¿Adivinaré si mi mierda es oro, o cometeré la tontería de hartarme de sandía y lo adivinaré de inmediato?-jijiji, vuelve a sonreír cual duende maligno- ¿A quién le jugaré está broma? ¿A Juancho? No la aguantaría, es un viejo cascarrabias, el debió haberse quedado en Gomorra, bueno haber nacido y muerto allí, porque la Atlántida fue anterior a Gomorra, pero se hubiera churruscado, y salido igual de arrugado.

Charles miró el reloj de bolsillo que colgaba de su camisa –Son las seis menos cuarto, debo prepararme, ya casi me toca salir a escena – dijo Charles – Pero si ya estoy en escena –Se paró y se sentó nuevamente – No, debo hacer mi entrada como la primera vez: por la puerta – Se paró y arrastró sus pasos hacia la puerta, se paró frente a la puerta y regreso la vista atrás –Pero no hay quien abra el telón, ni quien anuncie la obra –Dijo mientras permanecía indeciso frente a la puerta –Hace veinticinco años que se murió Enrique Juárez, era nuestro tramoyista, y desde entonces nadie cierra el telón, es más, ya no siquiera cierro la puerta, me pesan los años y los pies ¿Se dará cuenta Juancho de esas faltas? –No lo creo, es bien reclamón, ya me hubiera gritado a media escena, ¿Entonces, entro por la puerta sin cerrar el telón, para hacerla de emoción? –No, mejor me quedó sentado en la silla y empiezo el monologo cómo le he estado haciendo hace quince años, cuando me caí y no podía caminar, pero no dejé de asistir a escena ¡Primero la responsabilidad, después la salud!,. Rodeo sus propios pasos, y se dirigió a la silla.

Una gran nube de polvo se desprendió de la cortina al entrar una ráfaga de aire, la puerta al fondo dejó pasar la luz y una silueta apoyada en un bastón caminaba trabajosamente escalones abajo en el teatro. Charles se sentó en la silla, acomodando sus dos manos en las parte superior de las patas para afianzarse, escurrió el cuerpo entre el agujero y el respaldo ¡Ah! –Lanzó un suspiro de satisfacción al saberse seguro en su asiento – a lo lejos veía la figura supina de Juancho, su caminar afectado por las reumas lo hacía irreconocible, llegó a la primera fila y se dejó caer pesadamente.

Juancho:       Buenas noches Charles.

Charles:        Buenas Noches Juancho

Juancho        Hace calor afuera, y Don Casimiro que ya ni cobra la entrada, tengo que lanzarle las monedas por la ventanita y tomar el boleto de la tira que tiene para que la tomemos al pasar, lástima, ya solo le quedan tres entradas, ojalá y las alcance a vender, ya ves que ya son las cuatro y en este teatro son muy puntuales.

Charles:         Don Casimiro se murió creo que hace quince años, junto con Quique.

Juancho:       Pobre Quique, era el único que me saludaba antes de la función, hasta se sentaba junto a mí a disfrutarla, no supe, sino, le hubiese llevado un café a su señora esposa, debió haber sufrido mucho su perdida, eran inseparables.

Charles:         Cierto Juancho, fue una importante pérdida, incluso para este teatro, nadie quiere venir a correr el telón, y desde que me caí por culpa de esta silla –Señala la silla donde está sentado- No he podido ni siquiera buscar quién lo sustituya, ni he podido abrir y cerrar yo mismo el telón.

Juancho:       Deberías contratar otro ayudante, ya ves que necesario es, la función se siente más formal si se abre el telón y sales a escena.

Charles:         Tienes razón, mañana mismo pongo un anuncio, no vaya a ser que el público empiece a reclamar, y el empresario nos corra.

Juancho:       ¿Corrernos Don Panchito? No, es un alma de Dios, con lo de las presentaciones que tiene, ni se le ocurriría eso, y menos que es nuestro amigo, ¿Recuerdas las siete mil trescientas representaciones? Vino desde su casa en su sillita de ruedas automática a develar la placa, imagínate veinte años de estar representando la escena.

Charles:         Cierto Juancho, eso hace más de veinte también, pero que bien que te acuerdas, por cierto, no ha venido a cobrarme la renta del teatro hace muchos años.

Juancho:       Déjalo, así es de dadivoso, después vendrá por todo junto, nos tiene confianza, tanto que a Don Casimiro le da lo de las entradas íntegro y no las revisa, solo se mete los dineros al bolsillo y sigue fumando como si nada.

Charles:         ¿Recuerdas Juancho, cuando en la escena fumaba? Qué tiempos aquellos antes de la prohibición.

Juancho:       Si, casi quemas el teatro, de no haber sido por el orinal que traías, no la hubieses contado, te sirvió para apagar el fuego, esa vez, creí que le habías anexado una escena más trágica y me reí como loco, pero cuando te vi sentarte cansado y espantado, empecé a sospechar que algo no andaba bien, pero eres un profesional, seguiste como si nada.

Charles:         Y después  me exigías que representara la escena del incendio, pero ya ni urinal tenía, ni mantel, ya viste, solo quedó este raigón que recorté y cosí los bordes para hacerlo presentable.

Juancho:       No me había dado cuenta de eso, creí que el mantel se cambiaba en cada representación porque cada vez era diferente, ja.

Charles:         Dejó de ser diferente cuando dejé de tomar café. El encargado de la cafetería dejó de traérmelo, me tenía mal acostumbrado.

Juancho:       Cierto, dejaron de mandar café al teatro, porqué cerraron la cafetería en los cuarentas, hace más de treinta años.

Charles:         ¡Ah! con razón.

Juancho:       ¿Cómo vas con tu ciática?

Charles:         Sobreviviendo, no me deja hacer muchos papeles por ahora, pero cuando vaya al médico, que anda de vacaciones podré estar mejor. Y ¿Cómo van tus reumas?

Juancho:       Mejores, hasta se ríen, mira que les puse mezcal con marihuana y hasta elefantes rosas ven y puedo casi hasta correr, ya sabes, Carmelita la del seis al verme caminar más animado, ya hasta matrimonio me propuso.

Charles:         Todavía se quiere casar, esa mujer no tiene llenadera de maridos, lleva cuatro en tan solo noventa años.

Juancho:       Quiere agarrar tiernito.

Charles:         Ja, ja, ja. ¿Tiernito? Si Zinzicha te quería de asesor, debes ser de la edad de Carmelita.

Juancho:       Somos dijo el otro, ya caminabas cuando Vasco de Quiroga anduvo dando clases por estos rumbos.

Charles:         Bueno, ya me voy a la casa que mis hijos deben estar preocupados, ya son las seis y treinta, nunca me había tardado tanto en una presentación ¿Vas a venir a verla mañana?

Juancho:       Como todos los días, puntual a las cuatro de la tarde.

Charles:         Nos vemos Juancho. Salúdame a Carmelita.

 

Escena 2

La fachada de un teatro en ruinas, el letrero rodeado de focos rotos, con dos útiles colgaba sosteniéndose de una sola esquina, unas letras rotas en partes señalaban “El Lobo Estepario” un monologo solo para locos. En la taquilla, una tira de boletos sobresalía de la ventana, de la polvosa puerta iba saliendo Juancho arrastrando los pasos y su bastón, vio paradas a dos personas leyendo el título de la obra, se quitó el sombrero con cortesía.

Juancho:       Buenas noches ¿Querían entrar a ver la obra?

Papá:             No señor, solo veíamos con mi hijo la fachada y nos preguntábamos ¿Por qué no remodelan este teatro, fue muy bueno en su tiempo?

Juancho:       Es muy bueno.

Papá:             Fue señor, hace cuarenta años que no funciona.

Juancho:       No conoces al empresario que lo maneja muchacho, tengo viniendo sesenta y cinco años a ver El Lobo Estepario, tanto que se me los diálogos de memoria, ya los platico con Charles, que lleva actuando en el monologo hace sesenta y cinco años.

Niño:              ¿Es cierto eso padre?

Papa:             Es posible –Dijo esto viendo las huellas del anciano entre el polvo, saliendo por la desvencijada puerta- Este teatro ha sido respetado por el gobierno por alguna extraña razón.

Niño:              Señor ¿La obra es para niños? Me gustaría entrar

Juancho:       ¡Oh, sí, sí!, es para todo público, solo hay que estar un poquito loco para entenderla, pero tú eres inteligente, sabrás sortear todos los laberintos lingüísticos hijo.

Papá:             ¡Vámonos hijo!, ¡Después vendremos a ver al obra!

Juancho:       El próximo viernes a las cuatro es la cita.

Juancho camina por la calle, y se pierde en la oscuridad, el padre, se quedó con la mirada fija en la curvada espalda del Juancho, y rascándose la cabeza le dice a su hijo.

Papá:             Vámonos hijo el señor debe estar cansado y solo nos quiso hace platica.

Niño:              No lo creo papá, se veía muy convencido, ven –Lo tomó de la mano- Vamos por una entrada para la semana entrante –Se acercaron a la ventana, había solo tres entradas, para la función del próximo viernes, el padre se sorprendió, las quiso tomar y desistió –Vamos papá, toma dos ¿Son muy caras?

Papá:             Son solo tres entradas, seríamos tres únicamente. Pero sigo dudando que haya función.

Niño:              Mira papá, ahí viene otro asistente –Está saliendo Charles por donde había salido Juancho, acomodándose la bufanda.

Charles:         Buenas tardes, ¿No está Casimiro, para que les venda las entradas?

Papá:             No, de hecho, no hay nadie a excepción de usted.

Charles:         Se deben de haber ido al billar, siempre se salen antes de mí y me dejan solo, pero ya los alcanzaré. Ándenle, llévense los boletos, ya quedan pocos, es probable que demos la última función la próxima semana, y no sabemos si volvamos a abrir fechas, ya llevamos veintitrés mil setecientas veinticuatro, el  día de mañana cumplimos sesenta y cinco años de presentarla de manera ininterrumpida.

Papá:             Es usted Charles.

Charles:         Sí, ¿Lo adivinó por como hablo o vio la propaganda de la obra?

Papá:             Solo lo adiviné…

 

 

 

 

 

 

 

 

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