El Ocaso (Despertar poético)

El Ocaso

Días ha que el sueño fue disuelto, mariposas revolotean mis entrañas, nostalgia ha crecido en la memoria de los días idos, ¿Será que ya defenestro la juventud? Alas claras, vuelan rumbos ignotos, buscando al Santo Grial, buscando permanecer, ahítas del ego de la vanidad, recelosas del pretencioso de levantar égidas, ojos inyectados del deseo, tragando sustancias inefables, en la urgente espera de levantar el cáliz de al-halal, mieses segadas a destiempo, crisoles encendidos de ocaso a la aurora, oscuridades preñadas de presagios y de buenas intenciones, maestros desgastando la pez, martillando el plomo, apremiando a la perfección a revelar su camino. El mundo girará y girará, las envolventes del torbellino que levanta motas del polvo sin tiempo emergen a cada ciclo, entre sacudidas del mullido sillón donde se apoltrona el conocimiento que se esparcen por el universo para ser tocadas por la vara mágica de las coincidencias, así, viajando en infinitos, las Alas claras del angel de mi real ser busca afanosamente a donde pertenecer, donde trascender y donde lanzar la experiencia para que pueda fructificar, mi espíritu indomable busca robarles segundos al tiempo, a sabiendas de no poder hacerlo, pero intentándolo se cree perfecto, ¡Ah, tiempo indolente e imparcial, que cierras las brechas de todo mortal, aléjate de mi alma para que logre inmortalizar mi esencia! Debo caminar al tempo de Alden, para curar mi esencia, y resurgir en los planos superiores como un personaje nuevo, ¡Sabiduría, don de reyes, debo llegar a la cima y codearme con Sócrates!,  solo para darme un aliciente ante mi negatividad, y creer, y tener fe, en que la naturaleza no es física, al menos es eterna en la memoria del tiempo, ¡Ay, memoria tan despiadada, me recuerdas a mí mismo naciendo de mis errores! ¿Cuándo podré renacer cual ave Fénix de las cenizas del perjurio? ¿Cuándo naceré nuevamente al día, con la inocencia y fervor del creyente fanatizado? ¿Cuándo seré libre de mí mismo? Dioses, sé que no han ido, que sus nombres han perecido con el fatuo de las naciones, Dioses con nombres nuevos, dioses al fin, eleven torbellinos que mis blancas alas de Pegaso se eleven a los cielos eternos, quiero descubrir el secreto de esa eternidad, que la veo inmersa en la relatividad, y esa relatividad la quiero para mí, dioses benévolos, sanen en mí al ser enfermo de vanidad, e insuflen su energía sideral, denme la llave del saber, háganme perecer en mí, Dioses ¡Ayúdenme! Déjenme surgir cual personaje fiel a la vida, pretensioso de permanecer, déjenme ver la eternidad, déjenme surgir como un hombre nuevo, déjenme crear a la quinta raza, déjenme ser el vehículo de su obra, déjenme ser mi obra, ¡Amo al mundo!, aquel mundo circular, que no muestra fronteras, he borrado todas ellas del mío, ya no me pertenezco, estas alas son del universo, las usaré para elevarme sobre mi ignorancia y mi protección mecánica, la que me ata a esta tierra, a esta cultura, la que me despegue del piso, y me haga volar más allá, donde pueda encontrar la piedra filosofal, siguiendo los pasos de Hermes Trismegisto, de Fulcanelli, de Carpentier, de Buda, de Zoroastro, de Kukulcán, eterno en la memoria colectiva, dioses en el olimpo personal, insignes, inmortales, quizá no equivoque la tarea y vaya por buen camino, vayamos pues caminando hacia la decrepitud del ocaso, buscando permanecer en el mundo, buscando eternizarnos en la memoria, soy uno con la tierra, soy uno con el mundo. Es mi ocaso.

 

He soñado un mundo,

Que aletea a mis espaldas,

Inmerso en futuras nieblas,

De positivo progreso,

Progreso henchido de placeres,

Jaito de banalidades,

Amante del brillo y el oropel,

Amante del boato y la teatralidad,

Representar lo que no eres,

Para morir de noche ahogado,

Muerto de tristeza por no tener papel,

Sumido en la ignorancia,

El querer ser, y el no ser,

Engaños premeditados,

Buscando el clamor del público,

Desdeñando tú propio destino,

¿O creando el muto propio?

Nada cambia en esta vida,

Sino el espectador,

Que día a día decae de sí mismo,

Muere en sí mismo,

Buscando lo que carga a sus espaldas,

Mientras los años lo encorvan con el peso,

El peso que le da la responsabilidad de cargarse,

De sentirse culpable de no tener,

De sentirse humillado por su propia necesidad,

Ah, desgracia del hombre necesitar de materia,

Para calmar los egos ajenos.

¡Desgracia del hombre! ¡El hombre mismo!

 

 

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