El otro pecado (Despertar Poético)

El otro pecado

En los mitos hay siempre una alegoría que es llevada al extremo simplista, con la intención de que accedan a él todos los hombres sencillos de pensamiento y de vivir. El mito siempre explota al subconsciente colectivo, explota el miedo endémico del hombre a no tener una historia que lo respalde en su origen. El hombre se sentiría vacío si no tuviera alguna certeza de su nacimiento en el universo, y de su devenir en él. Aunque el origen del hombre fuese inventado producto de su imaginación, el hombre lo creería, si lo refuerza con un alto grado de religiosidad o espiritualidad, se sentiría satisfecho.

Así, en este mundo, todos los hombres deben tener una certeza del surgimiento heroico o místico de su raza, una historia que les de identidad, y los provea de orgullo. El mito debe que ser simple y contundente. De fácil lectura y de más fácil interpretación, por ello las historias del origen del hombre en las teologías son eficientes, el mito del pecado original, es uno de los más difundidos en la cultura Hispano americana, donde la cultura conquistadora Española impuso la religión católica. Ese mito es de los más difundidos y con mayor penetración en el subconsciente colectivo, fue parte del éxito de la colonización religiosa de la doctrina cristiana Española, pues la imposición de la lógica de la culpa entró en las mentes sencillas de los noveles oyentes, que confiaban estaban recibiendo un mensaje de luz, a la par de la emancipación de la maldad social y política de su tiempo. Ese traspiés dado por Adán y Eva en la antigüedad nos sigue tumbando todavía y la humanidad aún no se recupera.

La historia señala que había dos seres únicamente en el planeta, estos seres habitaban un hermoso jardín, estos seres eran Adán y Eva. En este jardín había un árbol de manzanas y en este árbol habitaba una serpiente, el mito sigue con el mensaje que Dios le deja a Adán; podría hacer lo que quisiera en ese hermoso jardín, excepto: “comer del árbol del conocimiento”, y Adán representando al hombre, usando la facultad del libre albedrío que le había dado la divinidad, no logró entender lo sensato de esta instrucción y la serpiente estuvo de acuerdo y se las arregló para que Eva cortara una manzana, comiera y ofreciera a Adán.

Al hacer efecto la manzana, tuvieron conciencia, y por primera vez entendieron lo que es la vergüenza y corrieron a tapar sus partes pudendas, en ese instante se privatizaron y fueron usadas por la religión para infligir culpas, se terminó el placer libre, y la única manera de obtenerlo ahora era mediante el matrimonio formal dentro del culto, en ese momento se te autorizaba a tener placer a cambio de jurar. El pecado del “No hagas” nos ha venido atosigando la consciencia desde tiempos de la primera iglesia. Lo que entendemos cuando caemos en pecado, es que el pecado es la sabiduría y el autoconocimiento, pues da la independencia, verdadera cosa que la iglesia no toleraba, pues el hombre no debería estar preparado para tomar el destino de sus vidas en sus manos y forjar su propio “destino o devenir”. El regalo que se les dio fue la capacidad de pensar y de actuar de forma racional, cuestionar su existencia, si la teoría del pecado fuese tomada desde la perspectiva contraria, ¿Que sólo fuesen tentados a contravenir una instrucción de una falsa autoridad? ¿Y que su verdadera prueba fuese que despertaran su mente al conocimiento y eso lo llevaría a ser un verdadero hijo de dios?

Sería llevar la contraria al mito que señala a Adán y Eva como infractores que debían de sufrir castigo por su falta, el castigo era ser expulsados del jardín del edén, todo por la desobediencia a Dios mismo, y Dios les provocó el sentimiento de culpabilidad y vergüenza, al hacerlos conscientes de su desnudez, y la iglesia portavoz poderosa de la eternización del mito se ha encargado de hacer sentir a su grey la carga de culpa añeja, y pasan los años sin que sienta que el castigo deba ser levantado, las generaciones actuales y venideras, dos mil años después de la creación del mito seguirá sufriendo por ese pecado, y debe ser humillado y condenado en cada liturgia.

Existe pues en nuestro subconsciente colectivo que nos ata a ese sentimiento de culpa, y el conocimiento por ello nos es vedado, y debemos seguir luchando contra el pecado original al beber del árbol de la sabiduría día con día, la imagen contemplativa y pasiva de un Adán y una Eva en el jardín del Edén no la identificamos, por ello inferimos sin conceder que seguimos atados a ese sentimiento, al no poder tener el conocimiento total del universo y el control de nosotros mismos. Existen analogías que se transmiten en ciertas profesiones respecto a la utilidad y representación de las serpientes, como en la vara de esculapio, o en el caduceo, representan el conocimiento o en ciertas doctrinas que señalan a la serpiente como el de la serpiente Kundalini entrelazada alrededor de la columna vertebral del árbol del conocimiento, o la representación del incremento de energía la cual utilizó la serpiente para transmitir el mensaje a Eva al no existir un lenguaje hablado.

Esa energía era la ley universal de la vibración, en ese instante determinante Adán y Eva reconocieron la existencia de la dualidad, reconocieron la existencia del bien y del mal, para de allí partir a la sabiduría. El árbol en si, por donde la serpiente de la energía o conocimiento se desliza es la representación de nuestro vientre que sube y baja en ciclos vitales, tal y como en el universo se representa el ciclo de la vida, no representa al árbol prohibido, pero los dogmas lo representan como tal pues el conocimiento hace al hombre capaz de eliminar la tiranía y librarse de la esclavitud y alcanzar su libertad absoluta.

Dentro de las analogías, el Jardín del Edén representa nuestra infancia, cuando desconocíamos el bien y el mal, cuando la conciencia vagaba libre sin pretensiones, sin una voluntad individual, se pertenece al universo.

El pecado original no existe como tal, y no somos pecadores de nacimiento, ni cargamos una culpa que no es nuestra, nuestro pecado es saber la existencia del árbol del conocimiento y tomar bocados pequeños que sólo nos despiertan a las emociones. El comer la manzana del árbol del Jardín del Edén es el verdadero nacimiento del hombre como un ente o ser libre, con la capacidad de buscar instintivamente el mensaje divino que nos regrese nuevamente al origen, al lado del creador, por lo tanto cada ser es responsable de las consecuencias que sus actos deliberados o no lo lleven a hacer, y nuestras acciones pueden llevarnos a la sima del noveno círculo de Dante o al paraíso perdido de Milton, a los nueve cielos que nos acerquen a la divinidad, pues somos divinidad, somos universo, somos tierra, somos uno con todo lo que nos rodera.

El pecado original no existe como tal, es una alegoría que funcionó cuando las reglas morales lo exigían para que la humanidad medrase, la sexualidad existe para que las razas proliferen y no perezcan, para que puedan elevarse a la divinidad con ayuda del conocimiento universal, cuando la dualidad del género se unen se activa el plan divino y vuelve a nacer un Edén, que deberá ser dejado atrás en cuanto la consciencia empiece a trabajar y el árbol del conocimiento se haga presente, y se vuelva a presentar el eterno ciclo del nacer y morir físico, el cual permite el nacer y morir espiritualmente.

 

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