El Sahara se muda. (Despertar de la tierra)

El Sahara se muda.

El martes, 23 de junio, llegó a México polvo del desierto del Sahara. Recorriendo Centroamérica, se desplazó por la península de Yucatán, circuló por la costa de Campeche, Tabasco, Veracruz y llegó a Tamaulipas. En la zona de Yucatán el Sistema Metereológico Nacional registró una alta concentración de partículas suspendidas, provocando una alerta para las personas con males respiratorios por mala calidad del aire. Como si las personas con aparatos respiratorios no tuvieran suficiente con la epidemia del Covid19. La nube de polvo se pudo registrar desde el espacio gracias a los satélites. Vemos que los mayas no fallaron en sus profecías, fallamos en la interpretación de los tiempos, por ocho años, porqué el 2020, es en la historia contemporánea el más aciago.

 Tenemos en la historia situaciones complicadas, donde la sociedad ha tenido que solventar problemas complicados, hambrunas, pestes, guerras, genocidios, pero todas en tiempos distintos. En este año, los acontecimientos se están sucediendo todos juntos, y no debería de sorprendernos, ya estábamos siendo avisados desde hace más de 20 años, cuando el tiempo se empezó a acortar, o cuando el tiempo empezó a correr a pasos acelerados, a partir de 1989, y sólo lo empezamos a notar a partir del 2012, cuando las profecías del fin del mundo nos despertaban la imaginación catastrófica, igual que el año dos mil. Al final ningún evento ha sido tan dramático como para parecer el apocalipsis; sin embargo, toda la cadena de sucesos si predicen un apocalipsis, al cual debemos entrar con enjundia y valor, y por supuesto con conocimiento de causa.

 La persona que enfrenta a la muerte no le teme, cuando ha pactado reunirse con ella el día indicado, cuando acepta que la vida y la muerte son hijas de la misma madre, llamado ser. La cadena de sucesos de este año se está acumulando rápidamente, y el polvo del Sahara, enmarcado por un potente sismo que dejó varios muertos en Oaxaca y muchos daños materiales, son la antesala para un evento más severo y la humanidad, si quiere sobrevivir, debe “parar”, debe hacer que el tiempo sea relativo, que si corre más deprisa, el hombre ralentice el paso y busque su boleto a la eternidad, los mayores problemas los tenemos por correr de prisa, por tener urgencia de llegar a cualquier lado, por acumular imágenes, no por acumular sensaciones ni experiencias. El personaje que vive para dejar constancia de llegada, más no constancia de permanencia, no tiene muchas opciones de sobrevivencia.

Debemos parar, reflexionar, razonar y actuar en consecuencia, ya sabemos los males que nos hemos causado, aunque pensemos que se lo causamos a la tierra o al ambiente y que no afecta, porque nuestras acciones son mínimas, acumuladas ya llegaron al límite del equilibrio. La tierra se desequilibra y al hombre no le queda más opción que “parar”, dejar de lado el boato, dejar del lado la parafernalia y empezar a preocuparse de lo importante, de unirse con la tierra, ir a su paso, navegar con la corriente, lanzar brazadas para ganarle tiempo al tiempo no sirve de nada, sólo nos ha provocado daños serios a nuestra existencia.

El polvo del Sahara no es sólo polvo, no es sólo contaminación, no es sólo amaneceres rosados, fucsias, es un cambio completo en el comportamiento del clima, es una traslocación a lo establecido, y es algo más profundo, es el mudarse de casa. El desierto se muda, porqué la tierra se mueve de eje, seremos nuevamente la Atlántida perdida, y volveremos a perder a las cuatro tribus originarias, para renacer en sí mismas. Los suelos se están moviendo, están buscando un lugar más cómodo para vivir, y nosotros, debemos estar preparados. Las ciudades están en riesgo, las cadenas de suministros pueden verse afectadas, la crisis global apenas empieza, las ciudades empiezan a sentir la presión de los acontecimientos, el hambre empieza a generar violencia.

La arena del desierto del Sahara no es sólo un meme, debe ser la preocupación de que los cambios son cada vez más evidentes, la tierra está girando hacia otros derroteros, debemos esperar a que América vuelva a ser un desierto, mientras en el África empezará a caer nieve, mientras en Europa los veranos serán calientes como en el Caribe, mientras en Siberia el trópico empezará a brillar y darnos vida con todas las iridiscencias posibles. En el Ártico se están observando cambios muy extremos, Verkhoyansk en el círculo polar Ártico alcanzó durante una semana 38 grados Celsius, algo que sólo en Mérida o Tapachula disfrutábamos con harto fervor, ya podrán sembrar plátanos, y adiós a las exportaciones chiapanecas a Rusia.

Este año es el parteaguas en la fenomenología mundial, los extremos empiezan a tocarse, y los contrarios empiezan a sobreponerse, la lucha de fuerzas se cambia de bando, lo blanco será negro, el mal se convertirá en bien, lo frío en calor, reiniciamos el ciclo tal y como lo predijeron los Mayas, sólo nos falta que hagamos nuestra conversión espiritual y seamos mejores personas, alejadas de los prejuicios, y amemos más al hombre por su alma, que por sus posesiones. Hacia allá vamos, los dioses de hoy temen por su inminente muerte. Mientras la arena del Sahara llega a Mérida, los ojos del mundo están prestando atención más a lo que comen, empiezan a rascar la tierra en búsqueda de ayuda, como si fuese necesario pedírsela, la tierra provee aun en las condiciones de más fragilidad, aun en las condiciones de depauperización más extremas, suframos con valentía los embates de la naturaleza, somos la plaga que debe ser equilibrada.

El nacimiento de un nuevo ciclo, es consecuencia de la muerte de otro, el que muere, lleva en su muerte el pecado del ego, la soberbia del hombre. El hombre no ha sabido ordenar su mundo interior y ha querido ordenar el exterior, ese mundo que no necesitaba ser tocado por el hombre, que necesitaba ser cuidado, ser unido y convertido en un sistema integral, pero el pecado original del hombre, el comer del árbol de la sabiduría lo dirigió a creerse superior, sin reconocer que esa facultad era únicamente para cuidar de la vida, para no ser un completo salvaje salvado por instintos únicamente. Esa soberbia que absorbió los instintos tiene al hombre al borde de la extinción, hace ver a los Mayas como los grandes predictores, que no supieron predecir su muerte, pero sí la nuestra.

 Esa soberbia nos hace pensar que el calendario que tenemos está alineado con el de los Mayas, los supersticiosos dirán que se equivocaron por ocho años y que el verdadero años dos mil es este dos mil veinte, todas los eventos proféticos se están juntando, plagas de langostas en Argentina, plaga de sapos y avispas en Estados Unidos, sismos por todo el mundo, erupciones volcánicas, la pandemia de la gripe, grandes cantidades de sargazo en el caribe, arena de desiertos lejanos viajando por todo un océano para depositarse en otro continente, lluvias torrenciales con granizo y rayos por todo el mundo, los polos calentándose.

 Europa calentándose y sufriendo plaga de mosquitos, avistamientos ovnis masivos en todo el orbe, miles de luces surcando los cielos yendo a todos lados, meteoritos de colores cayendo en la tierra continuamente, formas extrañas dentro del núcleo de la tierra, criaturas tropicales visitando los polos y el eje de la tierra moviéndose. Si eso no es un cambio de era, un apocalipsis, no quiero pensar lo que sí sea. Sólo nos queda descubrir el camino que nos lleve a buen puerto, a pesar de todas las adversidades no todos salvaremos la trampa que nosotros mismos nos pusimos, pero los que aprendan a ver las señales si lo harán, busquemos a nuestros guías, que el Sahara se apoderará de América, una nueva tierra viene en camino.

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