El tardío regreso de los dioses (I) (Despertar Poético)

El tardío regreso de los dioses (I)

Los templos se están cayendo, algo no está bien en la tierra, los dioses encargados de la humanidad habían fallado nuevamente en su misión de mantener la vida y las hecatombe, Zeus y Hera convocan a los dioses a un conclave en el olimpo. Hera sentada con las manos sobre las rodillas posa la mirada triste hacia la tierra, observa entre nubes el escaso verdor del monte Olimpo, el otrora monte sagrado que se ha convertido en un erial gracias a la voracidad del hombre, se le ha despojado de la vida, el manto verde casi ha desaparecido.

 Después  de perder el verdor las cosas se fueron en picada y el monte ahora está irreconocible, es una tierra árida y triste como ella, voltea hacia donde Zeus, engalanado para el conclave se mira los pies embelesado, viendo el brillo del oro de sus sandalias aladas, mientras que sus rayos antes áureos yacen opacos, llenos de polvo al lado del trono, sintió la mirada de Hera, volteó y vio la tristeza en sus ojos, sabía de antemano el origen, ya lo habían discutido, ninguno de los dos comprendía al hombre. Pero basados en la máxima del libre albedrío, en la máxima del crecimiento propio de las sociedades sin la injerencia de los dioses, pactado esto en el anterior conclave, cuando se quejaban de que los dioses tenían mucha injerencia y eran injustas y desiguales las batallas entre ellos.

 Más eso tampoco había funcionado, seguían peleando en injustas circunstancias, de las espadas pasaron a los mosquetes, de los mosquetes a las pistolas, de las pistolas a los rifles, de los rifles a los cañones, de los cañones a las bombas, de las bombas a usar a la naturaleza en su contra, multiplicando a los seres que deben estar en equilibrio, a los virus y bacterias, los habían dejado actuar solos porque así estaba convenido. Pero la madre, no estaba conforme, veía morir a millones de descendientes a manos de las pasiones, a manos de los deseos. El hombre ya no respetaba a los dioses, ni siquiera a él mismo, en cuanto le dijeron que era la representación de dios, sólo quiso apoderarse de la vida, y no hacer la vida de un dios, impartiendo justica.

 Así los veía transcurrir los días lamentándose por la mala actuación para con ellos mismos, días a día los ve morir, y aquellos, ingenuos, creen que la muerte sólo es consecuencia de la vida. Por eso la muerte se convirtió en lugar común, recordaba Hera los días de gloria de la Dodekatheon, cuando vencieron a los titanes, y se convirtieron en la hegemonía de la tierra. En esos días ellos eran participes de la muerte, eran artefactos o máquinas de matar, decidían quienes vivirían y quienes no.

 Así que la muerte era algo nada extraño, se solazaban eufóricos cuando Zeus lanzaba rayos mortíferos a sus enemigos mortales, sabiéndose él mismo inmortal, hasta que vieron que las peleas eran injustas, eran desiguales, un simple mortal no podía competir contra un inmortal, decidieron dejar solos a los mortales, que decidieran su destino, mientras ellos impartían un poco de justicia ante las plegarias de los hombre con intermediación de los sacerdotes y los oráculos, hasta que los hombres perdieron la fe y buscaron otras alternativas, las cuales no les están funcionando, sus nuevos dioses los están abandonando. Zeus se levantó y se dirigió a la ventana, se puso al lado de Hera.

  • Quizá sea la hora de matar a los dioses viejos, decrépitos e inservibles -Dijo Zeus- ya no están cuidando a los hombres, estos necesitan dioses nuevos en quien creer antes de que se maten entre ellos por la falta de fe.
  • No es necesario -señaló Hera – Ve como la muerte de los dioses está acompañando a la de los hombre,, a sus dioses ya los mataron, y lo peor, ya saben que no hay dios justo encima de ellos diciéndoles que hacer y mucho menos que los castigue por sus malas acciones, saben que el dios viejo supremo era un ferviente admirador de la muerte, mataba  con saña mediante el uso del rayo y que ese dios ya no está en la tierra para impartir justicia. Los ha dejado solo y lo están sustituyendo por pastores, pues necesitan alguien que los arreé, y no les es suficiente, tienen mucha libertad.
  • No molestes con eso Hera -Respondió firmemente Zeus – si aparezco con mis rayos perecerán por miedo, se unirán contra nosotros a quienes deben adorar, y cuando vivíamos entre ellos, eran otros tiempos, eran otros días, eran otras circunstancias, no es lo mismo, desde el último cónclave quedamos de retirarnos poco a poco para que no nos extrañaran, porque creímos que eran maduros, que se sabían gobernar, desde Platón nos lo demostraron, eran una sociedad fuerte y justa, desde Quetzalcóatl el otro continente sabíamos que eran capaces de vivir sin nosotros, nos retiramos para dejar a otros dioses gobernar al mundo.
  • Sé que son otros tiempos, han pasado 5,500 años desde nuestra primera aparición ante nuestros queridos hijos griegos, sé que los tiempos cambian, como han cambiado nuestros nombres, como han cambiado nuestros feligreses, todos hemos cambiado, pero los hemos abandonado tanto, que no los conocemos, ellos -dijo señalando abajo, a los hombres- tanto han cambiado que ya son otra cosa menos hombre, ya no son leales, son veletas que las dirige más el interés que la fe en nosotros, se han camuflado en semidioses, a los que atrajimos a nuestro cielo, para que las luchas abajo fuesen o pareciesen justas.
  • Tienen fe, ¿no ves como lanzan plegarias a nosotros para que los ayudemos a matar? ¿no ves que nos piden ayuda para robar? ¿En qué nos hemos convertido?
  • Es solo deformación de sus valores, ya abandonaron el verdadero conocimiento, su fe está manchada con sangre, su fe está manchada por nuestra decisión de no intervenir.
  • Dijiste que ellos se las arreglarían.
  • Y lo podrían hacer si no hubiese ese halo de sospecha que nos hace pensar que uno de nosotros está empeñado en echar a perder lo ganado para poder regresar a la tierra a solazarse con las mortales.
  • ¿Algún Fauno? ¿Algún semi-dios?
  • No, creo que un dios de la Dodekatheon está interesado en regresar, algún interés tiene en manejar la mente de la población.
  • ¿Está modificando la mente humana para justificar su regreso a la tierra?
  • Eso parece, esa es mi sospecha, sino ¿Para qué tanta maldad entre los hombres? ¿Para qué tanta desviación de la atención de los dioses conocidos?
  • Tiene lógica, pero también está la lógica de que los hombres pueden progresar o tener regresión al estado animal, y que alguno haya avanzado tanto en el grado de maldad que quiera eliminar al hombre por el simple gusto de sentirse poderoso al poder quitar vidas sin que haya más represalia que morir en el intento, y esa muerte la considere como un acto normal, como respirar, algo innato del hombre.
  • No lo creo, no hay un hombre capaz de cambiar toda la mente colectiva para poder matar a muchos en diferentes lugares, solo un dios puede susurrarle al oído a miles a la vez, y puede cambiarles el ideal.
  • Regresamos al origen, algún dios está tratando de cambiar el curso de los acontecimientos, tenemos que descubrir quien es y retirarlo, hablaré con Hades para que prepare una morada a este dios, y se guarde hasta que el nuevo ciclo comience, cuando la humanidad haya escalado el siguiente peldaño.
  • Hablémosles a los dioses, ya casi es la hora.

La mesa circular estaba al centro de la sala, sin aristas y sin cabecera, los lugares no hacían presídium, Hera y Zeus se sentaron en lugares contrarios, mirándose de frente. Zeus miró a los ojos a Hera y asintió, a una señal de Hera, un criado abrió la puerta contraria a la morada de Zeus, las dos hojas doradas caminaron silentes en toda su apertura, en silencio entraron cada uno de los dioses haciendo una ligera reverencia ante Hera, primero Poseidón, dios de los mares, y agitador de la tierra, enmarcando su paso al golpear con el anverso de su tridente.

Le seguía Afrodita, cubierta con una túnica rosa transparente que permitía ver su perfecto cuerpo, desbordaba sensualidad, hacía hervir la sangre de los demás dioses, y volvía loca de celos a Hera, a su paso desprendía un olor a jazmín inolvidable, miró a Zeus con lascivia y le guiñó un ojo a Hera en señal de complicidad, Hera volteó a ver a Zeus y le señaló a Afrodita como la culpable de los males en la tierra, este sonrió y negó con la cabeza.

 Tras ella venía Ares, ataviado para la batalla, era el dios de la guerra, entró directo y se sentó recto y con la mirada fría esperó a que los demás hicieran lo propio. Detrás de él venía Atenea, con paso solemne se sentó al lado de Ares, su contraparte, ella representaba a la estrategia en la guerra, a la sabiduría, la justicia y las ciencias. Le seguía Hermes, el dios de los mensajeros, hábil en el comercio, adorado por los que usan el ingenio, como los ladrones y mentirosos. Le seguía Apolo, el dios más completo del olimpo después de Zeus, dios de las artes, dios del arco y la flecha, reconocido como el sol por los hombres, era temido por los mismos dioses por sus acciones tácitas, se le conocía como el dios de la muerte súbita, tenía el poder de propagar enfermedades y plagas, pero también de curarlas, era el dios de la belleza y armonía, era el dios del equilibrio y de la razón,  estaba conectado con la naturaleza, las hierbas y los rebaños, era el protector de los pastores, marineros y arqueros.

 Le seguía a este Artemisa, diosa de los animales salvajes, del terreno virgen, de los nacimientos, de las doncellas, la que aliviaba las enfermedades de las mujeres, hermana melliza de Apolo, muy venerada, solo era superada en importancia por Zeus y Apolo, le seguía a esta Hefesto, el dios del fuego y de la forja, posteriormente entró Deméter, diosa de la nutricia, de la tierra verde y joven, protectora del matrimonio, portadora de las estaciones, al final entró Hestia, la diosa del hogar, donde el fuego da calor y vida a los hogares, diosa de la arquitectura, irradiando paz.

Hera comenzó la reunión después de haberse saludado.

  • Nos hemos reunido aquí, porque el hombre nos ha abandonado, han logrado superar a los dioses que les pusimos, ya no los respetan, ya no los adoran, ya no les rinde pleitesía, ya no les son funcionales, las señales en los templos dicen que ha llegado la hora de sustituir a esos dioses por otros, por unos que tengan un conocimiento mayor.
  • Y una paciencia menor gritó Ares, esos humanos son unos malagradecidos, merecen la muerte.
  • Tranquilo hijo, señaló Zeus, la merezcan o no, la muerte les está llegando en mano propia o eso es lo que creemos, pero no son tan inteligentes como para que la muerte esté tan extendida en todas las civilizaciones, en todas las lenguas, algo no está bien y necesitamos nos ayuden a descubrir ¿Quién les está ayudando a matarse entre sí a los mortales? ¿Quién gana algo con esas muertes?
  • Insinúan que uno de nosotros los ayuda -Gritó Apolo-
  • No -Volteó Zeus y miró fijamente a Apolo- Solo dije: necesitamos nos ayuden a descubrir quién los ayuda a matarse, solo eso…
  •  

Un silencio sepulcral invadió la sala, la tensión crispó la cara de los asistentes, sólo Hestia parecía estar en paz.

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