En la búsqueda de la felicidad Parte II (Despertar Poético)

En la búsqueda de la felicidad parte I

Juan de Tama agradeció a Jacinto las recomendaciones, pero necio como era, se lanzó a la mar, y salió con vida. Él decía que, de milagro, pero la naturaleza no acciona así. Los milagros, podríamos decir que no existen, o podríamos decir que toda la creación es un milagro. Lo que sí es cierto, es que las circunstancias le fueron favorables y cumplió su cometido, entregó la mercancía a tiempo. Quizá la vida no valiera ese esfuerzo, nadie le hubiese agradecido la perdida de la mercancía en la tormenta, mucho menos la vida, si hubiese muerto. Los mercaderes se lamentarían por la pérdida de sus enseres, pero no de la muerte de Juan de Tama, al día siguiente contratarían a un nuevo barco, un nuevo capitán, una nueva tripulación y con el paso de los días nadie lo recordaría.

 A toro pasado, Juan de Tama analizaba los pros y contras de su acción, desde luego ya no era la misma pasión, el sentirse útil y que lo reconocieran como serio y responsable en sus negocios, pues sus entregas siempre llegaban a tiempo ¿Qué pasaría si por una vez aduciendo a la prudencia entregara tarde? Nada, los mercaderes entenderían que había tormenta y que nada se podría hacer contra eso, salvo programar entregas anticipadas y como no les es redituable tener inventario, se resignarían ¿Y qué pasaría con Juan de Tama? Sólo tendría un dilema moral más con que lidiar, pero evitaría luchar contra la naturaleza una vez más arriesgando su vida, en pocas palabras estaría más tranquilo.

  • La tranquilidad es una de las caras de la felicidad -decía Juan de Tama en la taberna, donde solía tomar café y licor dulce después de comer pescado frito-
  • Muy acertado -asentía el cantinero, un hombre entrado en años, paciente para escuchar las disertaciones de todo tipo- nada hace más feliz a un hombre que tener un alma tranquila, que tener una vida tranquila, que tener tranquilidad en su casa-.
  • ¿Qué haría en mi lugar, si tiene una reputación que cuidar?
  • Ninguna reputación vale una muerte, a los muertos se les recuerda, bien o mal, es lo mismo, al final, el resultado de todo es que el muerto no puede disfrutar un homenaje, ni una buena palabra estando muertos, imagínese a un enorme pirata como Barba-Negra, preocupado por su reputación ¿Se lo imagina?
  • No
  • Exacto, era malvado, ruin, avaro, violento, pero también era inteligente, hábil, de pensamientos agiles, y se murió, como se murió San Agustín, ambos tenían una reputación que cuidar y ahora ambos muertos ¿Les importa? Claro que no. Independientemente de su origen, su destino, las reglas morales del hombre se rompen en cuanto entran las leyes de la naturaleza, a la mar le importa un comino si usted lleva oro, plata o simpe carbón, la mar no sabe de la importancia que le da usted a su mercancía, ella no cambiará el curso de su vida por el de la suya.
  • Tiene razón, pero no quería quedar mal con los comerciantes de lontananza.
  • Esa es su razón, y es válida, pero como le decía a la naturaleza le importa un comino sus razones, ella no tiene problemas morales, actúa nada más, porque necesita mantener el equilibrio de su vida, así debería actuar usted.
  • No sé cómo hacerlo ¿Qué haría usted en este caso?
  • Yo les diría a mis clientes: les entrego dos días después de la tormenta.
  • ¿Y si les urge?
  • La urgencia de una mercancía no vale la vida, usted tiene la obligación de no comprometerla, nada va a pasar si llega una hora después, ni si llega dos días después, el honor y la responsabilidad son nada en la muerte, serán sólo palabras escritas en una lápida y serán frases que no podrá disfrutar, ni podrá agradecer.
  • Tiene razón, mi acción fue imprudente, pero no sé decir “no”, confían en mí.
  • Y seguirán confiando si les dice que les entrega la mercancía en lunes y no en domingo porque habrá tormenta, su reputación no cambiará; sin embargo, ahora sólo se le considerará imprudente, no se le considerará osado porque es mercancía, sería distinto si se arriesga a pasar una tormenta si con ello salva la vida a miles de personas. Así si le creo, pero mercancía, es solo eso: “mercancía”, cosas que se sustituyen sólo con esfuerzo y dinero, las vidas no, tú decides.

Juan de Tama salió pensativo de la Taberna, el tabernero tenía razón, por algo tenía fama de ser hombre de pensamiento serio y daba buenos consejos, los años de escuchar miles de problemas y miles de soluciones lo habían hecho sabio y Juan de Tama había recibido una buena clase el día de hoy -Si ésta sabiduría la aplico en todo lo que concierne a la vida, deberá de funcionar – Sólo es aprender a identificar los problemas futuros y evitarlos – suena simple pero debe funcionar, así podríamos tener tranquilidad, una de las caras de la felicidad.

Camino a su casa, Juan de Tama se preguntaba sí la felicidad era posible y se respondía: claro que es posible, acabo de entender que la infelicidad es provocada por nosotros mismos, hoy sufrí innecesariamente por mi falta de sensatez, justificando a la reputación, la cual no debería cambiar si modifico un par de variables, al final todo es posible, depende solamente que concepción tengamos de la felicidad o de los actos que nos la hacen posible.

 Evidentemente los problemas no son parte de la felicidad, pero el cómo los tomas, el cómo los atajas sí; porque, al no poder evitarlos, al menos si podrás abordarlos de manera juiciosa sin que afecte tu comportamiento. Por lo tanto, podrás ser más feliz, que, si los abordas sin haberlos razonado, porque el hombre común generalmente aborda los problemas desde las pasiones, desde las creencias, desde la fe, y muy poco desde la razón, porque las cosas ya hechas no cambian por el hecho de creerlo, cambian por como las abordamos. Un ejemplo burdo sería el cómo abordaos la muerte.

 Desde luego sobre la muerte podemos hablar mucho y sobre muchas vertientes de la misma, pero si tienes un muerto al lado, al que menos le importa lo mucho o poco que hablemos, él seguirá muerto, podrás justificarla, hasta ensalzarla, podrás decir que antes de morir era un hombre bueno, o malo que importa, al muerto le seguirá importando un comino, como lo señalado con Barba-Negra en la taberna, al pirata la importa un comino que digan que era malo, o malvado, eso no cambia ahorita nada de lo que acontece y menos en mi vida personal, lo único que puede cambiar es la actitud y razonamiento con la que tomemos las cosas.

 Así, deberíamos comportarnos en la vida ante los problemas, hacernos el muerto, que los problemas hablen todo lo que tengan que hablar y se solucionen, porque hasta para la muerte hay solución y es que una vez aceptada como parte de la vida, ya deja de ser algo horrible, así entenderíamos que la vida es sólo el paso intermedio entre el nacer y el morir, y que estamos condenados a la felicidad, pero que hemos equivocado el camino y nos conviene corregirlo. La felicidad, en realidad es fácil de adquirir, pero debes de trabajarla, eso es lo complicado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *