En la marcha de los poderosos por la defensa del INE se expresa la disputa por la nación y la lucha de clases

Por: Juan Pérez Medina.

El presidente no actúa con ocurrencias. Es un personaje que ama a este país y por ello ha iniciado una cruzada para rescatarlo de las manos de los villanos de los últimos 40 años: Los neoliberales o neoporfiristas como él los llama. Es la clase política que estaba antes de la independencia saqueando al país y martirizando la vida de los indígenas. Son los mismos que se opusieron a la independencia, pero que posteriormente, se opusieron a la reforma del estado que buscaron y realizaron los juaristas para quitarles los bienes a la iglesia y darle paso al nacimiento del estado mexicano laico y respetuoso y garante de todas las creencias religiosas. Los mismos que mantuvieron durante el porfiriato y décadas después a cientos de miles de peones acasillados en las haciendas, atados a sus interese por vía de las tiendas de raya y que acaparaban millones de hectáreas de tierra. Los mismos que, de la mano de la clase priista, impusieron la corrupción y la impunidad como norma nacional.
Este país, a pesar de todo, ha aguantado el terrible saqueo y la miseria a la que habían venido condenando a la mayoría de los mexicanos. La poderosa élite económica de dentro y de fuera de México, a partir de sus partidos políticos (PAN y PRI principalmente), se encargaron de la construcción cultural del discurso del engaño y de la conformidad y de construir un andamiaje normativo, político, económico y electoral que les permitiera llevar a cabo ese saqueo impune y doloroso de los bienes nacionales y de la fuerza de trabajo de miles de mexicanos.
Pero el pueblo mandó parar en 2018 y eso nunca será aceptado por aquellos que se venían beneficiando a manos llenas y que tienen su visión de país antidemocrático, en donde reinan ellos a través del estado represor, sus leyes, sus policías, sus jueces y sus referentes ideológicos que actúan desde los medios imponiendo esa visión del poder para ellos.
Una muestra de ello es el Instituto Nacional Electoral (INE) que ha sido constituido de tal forma que permita que ese discurso de la opresión, de la simulación y el engaño se mantenga y acrecente. El INE, encabezado por su representante el funesto y siniestro Lorenzo Córdoba, es uno de los bastiones con que políticamente cuenta la derecha burguesa mexicana actualmente para detener la voluntad democrática del pueblo mexicano. Ese INE onerosísimo en donde sus miembros cobran cada mes cantidades insultantes de dinero en un país con por lo menos la mitad de los ciudadanos en la pobreza. Que se designan seguros médicos de cientos de miles de pesos para ellos y sus familias y que gozan de toda una serie de beneficios alejados de la realidad nacional, que no se otorgan ni en los países más avanzados. Un INE que responde a los interese s de la clase que lo creo y para la cual sirve. El responsable de tantos atropellos electorales, entre ellos el de 2006 cuando impuso, por encima de la voluntad popular a Felipe Calderón.
Ante la derrota política y, sobre todo, moral de sus partidos, la derecha ha decidido defender con todo al INE, que se ha convertido en el espacio público opositor al gobierno que el pueblo votó en 2018.
El Presidente, leal a sus convicciones, ha enviado la reforma electoral al congreso, como uno de sus compromisos de campaña contenidos en su propuesta de la 4ª. Transformación de México, tan necesaria para recuperar poco a poco la soberanía y la vida democrática de México. No se trata de una ocurrencia, sino de una de sus propuestas hechas al pueblo desde 2006 y mucho tiempo atrás. No es una cuestión menor, pues con ello se generarán ahorros extraordinarios de miles de millones de pesos que servirán para potenciar el desarrollo nacional.
La reforma que impulsa el Presidente no es una idea personal, se trata de un clamor general en que ha venido exigiendo la reducción del enorme gasto que realizan los partidos políticos, la desaparición de los diputados plurinominales y del presupuesto al mismo INE. Pero, además, el Presidente va más allá, en la tarea de hacer avanzar la democracia popular mediante las encuestas. Esto permitirá que los grandes asuntos nacionales, como, por ejemplo, lo fueron en su momento la reforma energética o educativa, pase por el tamiz de la opinión popular y se legisle con la voluntad del pueblo.
Esto no es del estilo de la derecha acostumbrada a imponer su voluntad mediante el control de los órganos del estado. Es, por ello necesario que todos los buenos mexicanos y las buenas mexicanas debemos acompañar al Presidente en esta cruzada por la democracia que ha emprendido. La manifestación del próximo domingo es la expresión de la lucha de clases que venimos librando y que hoy se expresa en las calles con la presencia de los conservadores y sus testaferros y uno que otro espécimen que obligado por su patrón ha sido convocado a marchar en contra suya, bajo la amenaza de ser despedido, o de aquellos peores que, engatusados por el discurso de la derecha y alucinados por la enajenación, fortalecido desde el púlpito de las iglesias han determinado marchar en contra de los intereses de México.
Esta batalla, como muchas otras que están pendientes, hay que ganarlas. Debilitar a los enemigos históricos del país y hacer que se amplíen los espacios para la participación popular para la defensa del agua, de la tierra, de la paz y del bienestar de todos nosotros. La sepultura del INE es una condición indispensable para lograr que la voluntad de pueblo se haga realidad. Hay que caminar en ese sentido. La reacción conservadora no avanzará.

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