Escuchar la voz del pueblo con responsabilidad

El pueblo mexicano, haciendo suyo el grito de sufrimiento y desesperación, clama con gritos de protesta, expresa con carteles y mantas su dolor. Y pensando en sus intereses personales, ha tomado como bandera el hacerle daño a la sociedad, a los ciudadanos queriendo con ello ejercer presión y se le respeten sus derechos. Mientras unos gritan y expresan su inconformidad, otros critican y padecen el atropello de sus derechos.

El pueblo mexicano, debe reaccionar ante los individuos negativos que fomentan la división. Que en su afán de ser respetado y escuchado, no le importa si divide la sociedad con sus ideologías subjetivas. Estos individuos son capaces de negar la realidad o la verdad, de llevar la contraria a los que hacen el bien. Así los encontramos, sentados en los lugares de honor, gozando del tributo de los intereses e ignorando la voz de los que sufren a causa de sus caprichos y de su inagotable sed de poder.

El pueblo mexicano, sufre por causa de los individuos que son indiferentes ante los problemas de la sociedad, que en su indiferencia incluso, niegan la realidad y no aceptan el error en su manera de gobernar, se creen súper dotados en el discurrir del pensamiento y ven en los demás las oportunidades de crear más adeptos mediante migajas que caen de la mesa, de las cuales se alimentan sus gobernados.

El pueblo mexicano, vive la hostilidad de los que dictan normas que protejan sus intereses administrativos. Vive la hostilidad de los que se atreven a ser jueces de sus gobernados, basados en sus carpetas de gobierno. Somos un pueblo herido, por su mismo pueblo; somos un pueblo herido por sus elegidos; somos un pueblo herido por sus leyes, somos un pueblo herido por las instituciones, que nos administran los bienes materiales; somos un pueblo herido por el destierro de vivir en una tierra que no nos pertenece, que pagamos renta por los metros que habitamos y cada año refrendamos para alimentar y saciar los deseos más mezquinos del “Cesar”. No cabe duda que la Sagrada Escritura tiene razón al expresar “al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.

Hoy debemos interpretar el grito de algunos, como el deseo de muchos. Los empleados del magisterio en sus consignas con ofensas, llaman a la cordura del que los gobierna y les responden con silbidos, con negaciones y mentiras, sembrando falsas esperanzas para algunos y justicia para otros.

En las mujeres y hombres que se atreven a defender los derechos, vemos los otros rostros, de lo que no saben qué hacer ante los atropellos de las negativas de quien solo administra sin ser dueño.

Sin embargo, frente a todos estos desafíos, no debemos caer en la depresión colectiva sino mirar con esperanza, aun los mismos desafíos y aprender a disfrutar nuestra vida en el presente con alegría, abrir nuestros ojos y nuestros brazos, a los vientos nuevos que llegan a nuestra vida. “Ya vendrán tiempos mejores”, en los que la sociedad aprenda a elegir sus gobernantes sin fanatismos, ni colores; sino con la convicción puesta en la verdad, en la justicia y en la paz.

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