Hablemos claro, dejemos de simular (Arena suelta)

Por Tayde González Arias

La simulación es una de las prácticas más comunes cuando no se quieren hacer las cosas o cuando se pretende demostrar que se han hecho, aunque eso nunca haya pasado, es un engaño del que se sirven personas de dudosa palabra y honor, pues se contrapone a lo real, o lo cierto, a una vida ejemplar y a la certidumbre de un objetivo cumplido conforme a la realidad. Este tipo de conductas llegan a convertirse en un vicio que no deberían ser adaptadas por una persona que quiera ser reconocida como honesta, franca o asertiva.

Por increíble que parezca, simular cumple con objetivos, desde luego para quedar bien, pero que igual que pensar en colocarse todo un día frente al rayo del sol, y no claudicar por deshidratación, forzosamente, y tarde o temprano, el tiempo y las circunstancias se encargan de vislumbrar todo aquello que nunca fue.

No hay mentira que viva 100 años, ni trampa que no pueda descubrirse con la verdad, por meticuloso que sea el asunto. Frente a lo cierto ninguna mentira logra la eternidad, ni la luz de un cumplimento cabal, se pueden opacar con el vil simulacro.

Sería mil veces aplaudido si el razonamiento humano no diera cabida a la mentira, pues, si el instinto les permite a los animales fingir, para incluso preservar su vida; como lo hacen los que se hacen los muertos, nosotros los humanos debemos mostrar viveza con la honestidad y evitar toda mala práctica.

Uno de los elementos importante para enfrentar la simulación, es en la actualidad el tener a la mano la información, lo que  por fortuna nos permite verificar o contrastar hasta llegar, lo que realmente pasa o sucede, apoyándonos por ejemplo en las solicitudes de información, que incluso otorgan documentos de los más reservados datos; por lo tanto, si lo que quiere es mantenerse en la credibilidad, simular sólo le mantendrá  excluido del selecto grupo de personas que hablan y actúan apegados a la ley, la certidumbre y la confianza.

Sin embargo, también es verdad que desafortunadamente existe simulación en prácticamente toda la programación que ofertan los canales abiertos, especialmente en los melodramas, en donde actores y actrices simulan papeles en los que se volcán en llanto, se ruborizan o mueren de risa, pero eso sucede en lo irreal, que por más parecido a la realidad ha de notarse, no deja de ser más que una actuación, un producto de venta e intenta mover emociones, las cuales han de equilibrarse con sólo recordar que no constituyen un producto total o parcialmente verdadero. Y sí, los trabajos actorales son premiados si son bien hechos, pero desafortunadamente hay gente que llega aún a creer que se trata de casos reales, cuando muchas veces sobrepasa lo truqueado.

Recordemos que los guiones melodramáticos son adaptados, y casi siempre aumentados, son sólo objeto de la vida cinematográfica y no hacen más que buscar ser vistos por grandes masas o merecedores de premios por categorías de mejores personajes o producciones, pero al final el montaje o escenario es ficticio o temporal y la realidad que se pudo ver en algún dispositivo del audio y video queda sólo en esos ejemplares, mismos que, además, pasan de moda, se vuelven clásicos o sólo un producto más.

Tenga en cuenta que, como no es posible que cada estudiante en la carrera de  piloto de aviación,  vaya como en un auto escuela por la unidad, la encienda y practique por las calles, los simuladores resultan una maravilla, pero hemos de advertir que tanto la palabra como su concepto solo aplican y son aceptadas en este tipo de ejemplos y no en la conducta humana, en donde se vuelve recurrente y a veces hasta vicio hacer como que hacemos y caer en el engaño.

Al momento de enterarnos de que fuimos víctimas de una mentira o que se nos pretendió engañar simulando un acto o acción , evitemos el enojo y el mal sabor de boca, tomemos las previsiones necesarias, pero no dejemos de creer en los demás, no vivamos a la defensiva ni pensando en que vamos a ser nuevamente timados, antes identifiquemos en la comunicación de la mirada de los gestos o los ademanes cuando una persona dice la verdad o la está simulando, leamos el lenguaje de los sabios y no bajemos la frente a quien simula una vez, pues seguramente lo volverá a hacer, sólo ofrezcamos la verdad para recibir lo mismo de regreso.

Si en las ciencias se experimenta para demostrar, hemos de limitar esta práctica al logro del objetivo planteado obteniendo la medicina o el invento deseado, pero en las relaciones humanas, la política o religión, no hay cabida para mentir de ninguna forma o manera, ni simular hacer, que sea lo que es.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *