Historias desde la oscuridad

Historias desde la oscuridad


Los sentidos se agudizan


Autor: Ricarda Vega Estrada

Tú, eres una persona “normal”, así como se dice, tienes tus cinco sentidos activos: escuchas, ves, hueles, sientes y degustas, a pesar de que tu “normalidad” te permite usar el olfato, la vista, el tacto, el gusto y el oído, muchas veces cometes errores de apreciación, no entiendes mucho del mundo contrario, ese mundo que está relegado a un segundo plano, el de las personas que por alguna circunstancia han perdido uno o más de sus sentidos y, aunque suene una incongruencia, muchos de los “normales”, que dicen ver, no ven más allá de sus narices.
Los que dicen escuchar, solo escuchan a su propia voz, nada más allá, cuando dicen que hay silencio, es que no escuchan su voz y la de sus semejantes. Los que gustan, con la vista descalifican aquello que no les es de interés, o a través del olfato discriminan aquello que no les es agradable, aunque le sea útil, aunque estén activos en sus cinco sentidos. Si ven algo que causa una sensación extraña a la vista, no lo tocan, y desdeñan a aquellos que no tienen esa posibilidad.
Estos personajes, no comunes, que están relegados al olvido de las mayorías, a veces salen a la luz pública, porque han logrado superarse a sí mismos, cómo José Feliciano, que no veía, pero escuchaba y tenía buena voz, lo que ayudó a tener fama. Podríamos decir de Estephen Hawking, que, con sus limitaciones, pudo hacer entender a la muchedumbre que la mente es más poderosa que el mismo cuerpo, y que el cuerpo está supeditado a ella.
Así que vamos a hablar de algo que no es común, de personas no comunes. Pertenezco a esas personas que viven relegadas por su condición, derivado de una enfermedad perdí la vista, más no el deseo de ver. Durante el período de adaptación, tuve que aprender a ver las cosas de otra manera, con otros ojos, con los ojos de la mente, apoyados, con los demás sentidos.
Cuando un sentido se pierde, los otros sustituyen el trabajo del perdido. En mi caso, me hice más sensible al tacto, al gusto, al oído y a los olores, inténtenlo ustedes, háganse ciegos por un momento, sientan algo de empatía, compartan conmigo esa dificultad, les será divertido, un rato no les hará daño. Una vez con los ojos cerrados, imagínense que ustedes están en mi papel, de una ciega que perdió la vista en la adolescencia, que de alguna manera tuvo contacto con muchas de las cosas comunes, como colores, frutas, puestas de sol, la luz de un foco, identifica los olores y lo relaciona con los colores, y de pronto se te apaga toda fuente de luz.
La mente es el único elemento que te permite recordar todo ello, y un día cualquiera, vas por la vida y coincides con otra persona con tu misma condición visual, pero esta persona es ciega de nacimiento, tú, que eres “normal”, creerías que todos los ciegos percibimos de la misma manera y que tenemos las mismas dificultades y mismas percepciones, pero no así. Ese día, cualquiera, te sientas en una banca negra y frente a ti está esa persona que al igual que tú sufre de la falta de visión. A los dos, nos guiaron para poder salvar la escalera y llegar a la banca.

  • Venga Ricarda, vamos a subir, recuerden, son tres niveles de escalones, una vez salvados estos, llegaremos a una banca, y vamos a observar el trafago del día – nos va relatando el guía, para que nos hagamos un mapa mental-.
    Los que estamos en la banca somos dos personas, mi interlocutor ciego de nacimiento y yo, con ceguera adquirida, la discusión estriba en algo trascendental: “las manzanas ¿De qué color son, y cómo las identificas?
    Ustedes “normales” piensen en qué tipo de preguntas podrían hacerse, si identificar a una manzana a ustedes no se les complica, pero como estamos haciendo un ejercicio, donde ustedes son la persona ciega, podrán manejar los escenarios que se les ocurran.
    Los ciegos, al igual que los que no lo son, siempre tantean el camino, así que se empiezan a hacer una idea del interlocutor, y se preguntan: ¿Cómo ha solucionado a la fecha sus problemas de identificación de las manzanas? Desde luego, los ciegos tenemos nuestro argot, o nuestra jerga, con la que nos identificamos y nos hacemos las preguntas comunes, no andamos por la vida diciéndonos: ¿Cómo ves?, ¿Has visto algo de aquel o de aquello? No, esas se las dejamos a ustedes.
    Como les decía, los ciegos platican, y mucho, para identificar con el oído lo que no identifican con la vista. Las dos personas, sentadas en la banca, el ciego de nacimiento y yo, nos enfocamos en algo que me tenía intrigada: ¿Cómo identificar el color de una manzana sin ver? Y para comprobar mi teoría, yo, la persona con ceguera adquirida, saco una manzana de la lonchera y le pregunto a mi interlocutor, que tiene ceguera de nacimiento.
  • Toma – le acercó la manzana y se la entrego en la mano – ¿Dime el color de la manzana?
  • Es Roja, obvio -dice mi interlocutor-.
  • ¿Estás seguro?
  • Claro, esa clase te la enseñan en primero de primaria… bueno, en la escuela para ciegos, te la dicen, y te la remarcan, no podría ser de otra manera.
    Compruebo, que no nos enseñan a ligar los otros sentidos, para sustituir el perdido en los talleres o escuelas para ciegos, creo que se enfocan más en aprender a moverte en espacios para no lastimarte, que en aprender a identificar más situaciones que para los “normales” son comunes.
    Quizá el ser ciego de nacimiento no le haya permitido saber o identificar que las manzanas son de distintos colores, de acuerdo a la variedad o tipo, así mi interlocutor, solo repetía lo aprendido en clases y con su madre. No podía decirle que estaba equivocado, al final de cuentas, ninguno podíamos comprobar con la vista el color de la manzana, para él era roja y estaba bien, voy a ayudarlo a crecer intelectualmente, la respuesta no la daré, porque me gustaría que el lector explorara las opciones que existen para identificar sin ver el tipo de manzana.
    Desde luego, para nosotros, una vez identificadas las diferencias, nos será más sencillo que, si pones a una persona que ve, a hacerlo con los ojos cerrados. Nosotros por necesidad tenemos que desarrollar los demás sentidos, lamentablemente los “normales” esperan hasta perder uno de los sentidos para desarrollar los demás, están perdiendo un tiempo maravilloso, que bien podría enseñarte a experimentar con tus otros sentidos y que muy seguramente también se te despertarán los dones que tienes dormidos, por estar inmerso en las circunstancias de la vida y las necesidades creadas.
    Te pediría, que si nos ves sentados en la banca negra, te acerques, no nos juzgues, siente empatía, entenderás que estamos resolviendo nuestros problemas a nuestro modo y podrás acompañarnos a apreciar lo sencillo, gratuito y gratificante de la vida, que normalmente no ves, pues con nosotros cerrarás los ojos a la mente vana y te meterás a la mente de los sentidos, podrás escuchar con claridad el tráfico vehicular, podrás identificar sin error los grados de temperatura en el ambiente, podrás oler las plantas que están cerca, o sentirlas o escucharlas, podrás apreciar si el piso es resbaloso, o es seguro para caminarlo, si es tierra, si es cemento, si hay alegría en tu voz, si estás triste o estresado. Sentirás la energía de tu compañero con tocarlo, con oírlo, con olerlo.
    Sería una buena experiencia para ti, sería buena experiencia para nosotros, porque ganaríamos a un ser más a nuestra causa, y así podríamos salir con más confianza a la calle, sabiendo que hay personas que nos entienden y nos sabrán ayudar, así podrán ayudar a ciegos de nacimiento a crecer su intelecto, y que el ejemplo de que la manzana solo es roja para algunos de ellos, no lo sea para todos, su madre y su escuela puede ser que no sientan la necesidad de aumentarles el acervo, pero a mí, que me gusta aprender algo nuevo cada día, sí.

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