Historias desde la oscuridad

Autor: Ricarda Vega Estrada

Ir al cine siendo ciego


¿Vamos a ver una película? Me dijeron un día, y dije: ¿Por qué no? La
experiencia sería diferente y agradable. Los comentarios que escuchaba sobre
las proyecciones se me hacían interesantes. Como ustedes saben, los ciegos no
vemos con los ojos físicos, tenemos otros ojos, esos que nos hacen
proyectarnos imágenes internas. Se sorprenderían si nos escucharan y
entendieran la manera en la que nosotros interpretamos la realidad y el cómo
la vemos para nosotros mismos, son un cúmulo enorme de imágenes, escenas,
y proyectamos futuro y pasado a la vez. Es algo extraordinario, al menos para
que comprendan el esfuerzo que nosotros hacemos para imaginar lo que nos
está relatando alguna conversación y los que sí ven.
Sé que para aquellos que tienen la fortuna de poder ver es algo cotidiano,
común hacerlo, para nosotros depende de que se alineen algunos factores,
como la personalidad propia, que tenga uno interés y empuje, otro que la
familia te apoye y ayude, y aunque algunos intentamos por todos los medios
incorporarnos a la sociedad, nuestras limitaciones no nos permiten fluir de la
misma manera en que lo entiende una persona común.
Las personas comunes no siempre son empáticas con nosotros, ni entienden
nuestra situación, nos tratan a veces como bichos raros. Los que nos
entienden, son muy amables y hasta demasiado condescendientes, gracias a
ellos sobrellevamos la carga emocional de los demás. En nuestro caminar por
las ciudades o pueblos, la mayoría de las personas nos observa desempeñar las
actividades que podemos y saben que es algo extraordinario, porqué sería más
cómodo estar en casa, donde ya te sabes los caminos que tu familia te preparó,
sabes en que lugar está la ropa, en que lugar el jabón, en que lugar la cocina,
todo lo tienes medido y caminas como si fueses una persona normal.
Los que leyeron la novela “Cien años de soledad”, de Gabriel García
Márquez, lo entenderán, casi al final del libro lo relata, cuando se dan cuenta
de que la madre está ciega, es cuando le mueven las cosas de lugar. Así

nosotros, en nuestro hogar estamos cómodos, pero algunos tenemos intereses
más grandes para nuestra condición y buscamos las maneras de demostrarlos,
y los “normales” lo ven como algo extraordinario, y no que no lo sea, sí, lo es,
pero sería algo común y cotidiano si las condiciones nos las dieran, así como
se las dan a la mayoría.
Entendemos que es complicado, no producimos como para recibir más allá de
las pequeñas dádivas que recibimos y de la enorme carga en salud que les
representamos. Así que si no ven retribución económica, los gobiernos nos
tratan más como caridad que como personas normales, cómo queremos ser
considerados, así como una especialidad en algún trabajo, por ejemplo, hay
personas que son buenas para hacer muebles, pero malas para cultivar, a esas
personas las llevan en camiones a su área de trabajo, las dejan trabajar en lo
que saben y las regresan por la tarde.
Así podríamos ser útiles, que nos den las condiciones como personas que
somos hábiles en algo, somos buenos músicos, somos buenos actores… yo
personalmente he participado en escenas… somos buenos fotógrafos, tengo
reseñas bastante agradables y alentadoras de mi trabajo, que sé por lo que me
comentan, difícilmente lo hace un fotógrafo “normal”. Tenemos valor y
queremos compartirlo, como queremos compartir todas nuestras facultades, y
también queremos hacer actividades comunes, divertidas, amenas, queremos ir
a bailar, visitar parques, plazas, o al cine… del que les comenté al principio
que fui invitada.
Mi familia decidió darme ese regalo, ellos me decían que era interesante
experimentar conmigo esa experiencia, aunque en mi interior entiendo que
buscaban sacarme de la rutina, algo bastante grato para mí, que siempre estoy
buscando la manera de entretenerme en algo que no sea la simple
experimentación en la medición de espacios o el cuidado de no caerme en
lugares que no conozco. Me llevaron por un camino ya conocido por mí, ya
que cuando tenía la visión lo había recorrido, me fueron orientando y fui
recordando cada uno de los edificios que pasábamos, mi mente trabajaba al
cien por ciento, parecía que estaba en aquellos días cuando veía.
El cine para mí era una experiencia nueva, iba como niña chiquita
experimentando todo, los olores, los sonidos, las texturas, arrastraba los pies a
propósito para entender la textura, sé por experiencias previas que eso les es
extraño, creen que estoy tanteando únicamente para no caerme, no saben que
esa es una manera de saber que tipo de piso y llevarla a la mente, para que el
sentido del tacto nos de información, así identificamos si es solo cemento, si
es alfombra, si es algún piso de cerámica o de barro, de esa manera los que

ven nos van dando información que guardamos para nuestro diario vivir, los
que son “normales”, nos ven con interés, siento sus miradas pegada a mí, he
desarrollado esa capacidad, de sentir el peso de las miradas.
Sé que se preguntan ¿Por qué una persona ciega viene al cine, si no ve?, y
sería lógica para ellos en su condición, pero para la mía no lo es. Para mí es
una experiencia muy buena, tomada del brazo de mi hermano lo apretaba y le
preguntaba ¿Están observándome las personas? Él sonreía divertido, por
imaginarse a las personas en su extrañeza y me respondía que sí, que varias
personas me miraban con interés. Sin tomarlos en cuenta, nosotros seguimos
nuestro camino, elegimos una película de las que llaman 3D, no sabía que
experimentaría, pero sentí que debía experimentar con esa, y no me
equivoqué, pues mis sentidos iban más despiertos con la emoción de
divertirme, y no me defraudó, ni la película, ni mis sentidos.
Era fascinante escuchar todos los efectos, que son más definidos en ese
formato. Mientras, por un lado, mi sobrino se acercaba a mi oído y me
describía las escenas, y con su voz tierna y amable se ofrecía para resolver mis
dudas sobre algo que no entendiese, me decía -si tienes alguna duda, te lo
explico- eso para mi es invaluable, mi familia ha sido así, desde que inicie con
la batalla por sobrevivir a todas las experiencias no gratas de la enfermedad,
ellos han estado allí, sobrios, fuertes, amables y estoicos, llevándome de la
mano, manteniéndome firme.
Sé que la mayoría en mi condición su familia son su base, su apoyo, pero la
mía es eso y más. Las palabras muchas veces sobran. Lo cierto, es que estoy
agradecida por todo, y por esta experiencia, ya que se preocuparon en todo
momento de que no perdiera detalle del desarrollo de la película. Las
descripciones y los sonidos hacían volar mi imaginación, tanto que me sentía
parte de la película, ya me sentía parte del elenco.
Gracias a esa primera experiencia, mi familia optó por llevarme con más
frecuencia, así con el tiempo requerí menos apoyo en las descripciones, pues
hasta en las películas usan patrones comunes, esto lo compartí con algunos
amigos que están en la misma condición que yo, estos me comentaron que
también han ido al cine y que existe una corriente de películas que narran el
contexto donde se desarrollan las escenas, tengo tarea para la próxima vez,
dije para mí.
Recuerdo que después de esa primer agradable experiencia, fui a la escuela,
donde nos enseñan a sobrevivir con nuestra discapacidad, en una de las clases
se desarrollaba una plática y en ella teníamos que compartir las experiencias

vividas el fin de semana anterior, yo emocionada compartí lo que viví en el
cine, algo que resultó extraño para mis compañeros, que señalaban que el cine
era aburrido, pues no podían ver las escenas y en general no les agradaba la
experiencia, me juzgaron porqué opté por usar los lentes para ver la 3D, quizá
tenían razón en eso, era una acción absurda, pero quería experimentar, con
artefacto incluidos y lo hice, y me agradó.
Si ellos van con otra mentalidad, allá ellos, yo iba a vivir esa experiencia y
estoy agradecida con la vida por la oportunidad, quizá les falte algún hermano
que los empuje a vivir cosas fuera de lo común en su condición o sobrinos
amables que se interesen en compartir su tiempo y experiencia, esa
experiencia me confirmó lo que ya sabía, que cada uno de nosotros decide
cómo vivir sus experiencias, cada uno de nosotros decide vivirlas o no
hacerlo.
Podría haber desdeñado esa experiencia por creer que nada sacaría, pero
decidí sacarle todo el provecho posible, y lo logré. Me gustaría que todos mis
compañeros modificaran su actitud derrotista, y se metieran a experimentar
todo aquello que la vida les ofrece y si su familia los apoya, con mayor razón,
yo agradezco a mi familia por haberme acercado al arte cinematográfico, les
agradezco porqué no me han dejado caer en la apatía y la abulia de los
comunes, que a pesar de contar con todos sus sentidos no saben disfrutar de
las cosas bellas de la vida.

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