Historias desde la oscuridad


Autor: Ricarda Vega Estrada

Imaginación tangible


Debo usar mi imaginación, es buen ejercicio, aunque me mete en bretes
comúnmente, y es que, al no poder ver, tengo que presionar a mis otros
sentidos, que den sentido a las cosas y salen tan buenas, que aquellos que ven
no creen por un momento que hayan sido imaginadas y creadas por alguien
que no. Ya deberían saber todos, que tenemos la capacidad de volar con la
imaginación hasta los confines de los universos. La imaginación te acerca
millones de ideas, y una debes de hacerla tangible, debes elegir, debes saber
cuál de ellas vale la pena materializar.
Allí es donde yo me paro y me pregunto ¿Cuál de los millones de ideas debo
tocar? Aunque no me importe si me hago una sola o millones de preguntas, lo
importante es que, una vez resuelta la duda, la satisfacción que da ver
materializada tu idea es enorme, en mi caso, ejemplificando esta diatriba, un
día cualquiera, alguien me propuso:

  • ¿Quieres entrar a un curso de fotografía para ciegos?
    Me quedé sorprendida ¿Acaso eso es posible? Ni siquiera lo pensaba, así que
    le dije que no estaba interesada. Mi mente no imaginaba en ese momento la
    utilidad de hacer fotografías que ni siquiera podía ver, parecía una
    contradicción. Pero mi vida ha sido así: llena de contradicciones, como el
    seguir aquí, escribiendo esto, cuando la ciencia decía que no era posible. Así
    que me negué a entrar al curso, tengo la leve sospecha que aún estaba reciente
    en mi mente la perdida de la vista y me provocaba reacciones encontradas el
    no poder ver, aun dolía eso. Ahora sé que únicamente no estaba preparada
    psicológicamente para ese curso.
    Sé también que no existen las verdades absolutas, así que ver o no una
    fotografía resulta igual de útil como cuando tienes la misma foto expuesta ante
    una persona que ve y no lo hace, así mi verdad se va fortaleciendo entre las
    negaciones. Hoy pienso que es verdad algo, mañana diré que no. Ayer decía

que no me interesaba hacer fotografía que no pudiese ver con los ojos físicos,
hoy las veo, con los ojos de la imaginación. Eso me hace superior a los que
ven, superior solamente en la forma de interpretación, porque ante el reto, me
cuestiono mucho ¿Cómo la debo de hacer? ¿Qué debe de representar? ¿Cómo
debo de leerla?
Y cada pregunta que me hago, viene de lo más profundo de mi imaginación.
Lo que hago en creación viene de mi ser, de lo más profundo, allá se forma
toda la mentalidad, la situación, las emociones, las acciones, allá se forma la
idea, de allá sale el ¿Cómo expresar un pensamiento en una imagen? Y mi reto
es hacerla para que la gente pueda ver lo que estoy imaginando o viendo
¿Cómo puedo hacer esa comunión, entre mi creación y el espectador? Suena
extraño, porqué los artistas que ven generalmente hacen una memoria y lo
explican señalando los detalles que quieren señalar explícitamente, nosotros
no, nosotros solo usamos la imaginación y con ella nos guiamos.
Antes de hacer una foto, siempre me hago las preguntas, salvo en las
ocasiones cuando el dolor interno no me lo permite y no puedo expresar lo que
siento con palabras, así que busco otras maneras de hacerlo, uso la creatividad,
creo un mundo interno, en donde voy figurando y diseñando aquello que
quiero expresar. Sé que todas las personas tenemos distintas maneras de
interpretar el mundo en el que vivimos, cada uno de nosotros tenemos una
realidad distinta, esa diferencia hace la riqueza de cultura. Nosotros con
nuestras limitaciones visuales pretendemos entender una realidad y expresarla
para aquellos que no tienen esa deficiencia y que vean que, a pesar de ello,
tenemos la capacidad de crear una nueva realidad más cercana a la suya y
enriquecer nuestro mundo.
Para lograr este objetivo y que efectivamente fuésemos más comprendidos,
tomé la decisión de estudiar e investigar la fotografía tal y como la hacen los
invidentes. Mi intención era solo tener información, aprender algo distinto,
entretenerme y educarme en algún pasatiempo útil, que alejara mi mente de la
negatividad que causan las deficiencias físicas y las enfermedades, no pensé
que esa investigación y experimentación me hiciera crear una obra de arte que
terminaría exhibida en un museo.
No tenía la intención de hacer algo tangible a esa escala, quería experimentar
y tratar de aportar algo que acercara a las personas con el mundo de los
invidentes, que entendieran las otras realidades. Así nació la Realidad
Tangible, una imagen concreta, para mi es toda una historia, para mí son miles
de palabras, miles de pensamientos, miles de realidades unidas en algo que
puede ser visto y tocado, visto por los que poseen ese sentido, tocado por los

que poseen ese sentido, pues no todos tenemos esas ventajas, ha algunos nos
toca batallar con la falta de algunos de los sentidos.
El artista, ahora entiendo, se da la libertad de crear cosas de la nada, es un
maestro de la imaginación, puede conectar la realidad con la imaginación y
viceversa, no tiene límites espaciales, ni de tiempo. Su trabajo puede ser
explicado como una vida en un segundo, o la vida completa del artista. El
artista cuando crea, conecta todas las realidades, las tangibles o las intangibles,
en la fase creadora, establece comunicación con todos los seres, físicos o
sobrenaturales, mitológicos, o personajes de un pasado remoto o de un futuro
incierto, no hay límites. En eso nos parecemos los artistas ciegos o no, usamos
esa hermosa herramienta llamada imaginación.
Todos los artistas tratamos en determinado tiempo de plasmar nuestras
vivencias, nuestras experiencias de vida, nos complementamos, porqué en
esencia somos un solo ser queriendo crear un mundo distinto. El artista que ve
ha vivido sus experiencias, muy personales que no vive un artista con falta de
visión. De la misma manera nosotros hemos vividos nuestras experiencias
personales, que no podrá vivir jamás un artista con visión, nuestras visiones y
miedos son distintos, y aunque viviéramos uno dentro del otro, la forma de
interpretar la obra de arte será distinta.
Es común que nosotros queramos o intentemos dar un mensaje en cada obra y
justificamos tímidamente nuestra labor, y a pesar de que nos desvivamos
explicando lo que significa nuestro trabajo, cada persona la interpretará a su
manera. Sé que cuando una obra sale de nuestro taller, ya no nos pertenece, le
pertenece a aquel que la interpreta, a quien la lee, a quien la ve; por ejemplo,
una de mis obras al presentarla, y narro el cuadro de manera triste, porque eso
quiero representar, algunas personas verán belleza y alegría en él, o viceversa,
al final, conviene dejar solamente nuestra impronta y retirarnos un poco para
que la obra camine sola, no importa que el día de mañana nadie sepa
realmente lo que quisimos expresar.

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