Humanos sin derechos universales

Humanos sin derechos universales
P. Agustín Celis
En ocasiones percibimos que los derechos unamos, se ajustan a la vida de algunos, y no son los suficientemente universales, no son iguales para todos. Se pretende el desarrollo social y económico, pero se percibe que por otro lado se descuidan estos derechos de los hombres. Tenemos que pensar que no podemos avanzar si no respetamos la dignidad del hombre, si sus derechos no son reconocidos, y si no hay instituciones serías en defensa de la sociedad.
Cuando las instituciones que tienen el encargo de cuidar los derechos de los hombres, realizan su labor, asegurando la sociedad, reaparece la creatividad y el ingenio humano para fortaleces la sociedad y avanzar en los diferentes aspectos a nivel mundial. La sociedad humana se fortalece en la medida que cada uno de nosotros despliega una gran cantidad de iniciativas en favor del bien común.
Cuando analizamos las sociedades contemporáneas, podemos descubrir en las políticas sociales, una serie de contradicciones, que nos ponen a pensar que pasa cuando un ser humano pretende vivir su vida, sin considerar la dignidad de la persona, lo cual lo lleva a pensar solo en sí mismo, desvalorando la dignidad del otro, del más cercano. No piensa en humanidad, sino en mi subjetividad. No piensa en los derechos, sino en mis derechos.
Hoy día persisten numerosas formas de injusticia, que son nutridas por ciertas reflexiones antropológicas reductivas y por una serie de políticas económicas que van vaciando de contenido fundamental y que se crean con la intención de explotar, de esclavizar y en situaciones descartar al hombre, hasta utilizarlo como materia prima de productos de consumo humano y busca crear leyes que protejan su manera de delinquir para poder matar al hombre.
Vivimos en un contaste social extraño y a la vez tan lleno de falsedad. Por un lado se busca la opulencia con impunidad, por otro lado vemos el rostro de amargura de los descartados, de los que son despreciados y pisoteados en su dignidad. Los derechos fundamentales del hombre son ignorados o violados.
Las instituciones que deberían legislar leyes que protejan los derechos de las personas, se ven muy lejos de reflejar con claridad que todos tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones, que las leyes deben de partir de las verdades absolutas sobre la dignidad de la persona. Oímos varios discursos que parecieran tener la verdad, pero son engañosos por la doble moralidad con la que pretenden implantarlos en la sociedad. Muchas palabras y en la realidad las decisiones son anuladas por los poderoso que mueven la economía mundial.
Hoy tenemos la necesidad de ver políticas claras y sólidas, basadas en una moral social que tenga como principio las verdades absolutas, porque no podemos seguir movidos por el viento de los que buscan beneficios personales, no podemos continuar caminando caminos inciertos por las políticas “experimentistas”.
No podemos seguir creando leyes fundamentadas en la mezquindad de algunos cuantos. Hoy nos urge ponernos la mano en el corazón y sentir el latido de un corazón que no lo mueve el hombre, sino que es movido por un Ser superior, que es Creador y que el ya dejó las leyes inscritas en la misma naturaleza humana que es expresión de amor de Dios.

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