La cuestión del género en discernimiento

p. Agustín García Celis

El advenimiento del siglo XX, con las diferentes visiones antropológicas y sus diferentes concepciones del género (gender), basadas en visiones puramente sociológicas y con la confusión del concepto de libertad, ha llevado a reflexiones donde se cree que la identidad sexual sólo tiene que ver con una coincidencia cultural, descartando toda realidad natural y biológica, donde, en las relaciones interpersonales, lo que importa sólo sería el afecto entre los individuos, independientemente de la diferencia sexual.

Ya desde unos años atrás, se defendió la posibilidad de los individuos de autodeterminar sus propias inclinaciones, sin tener en cuenta la reciprocidad y la complementariedad de la relación hombre-mujer, descartando la finalidad de la procreación, y, por lo tanto, poniendo en tela de juicio el concepto matrimonio y por ende la familia. En los albores de estas teorías se descubre la separación radical entre gender y sexo, con el equívoco del primero sobre el segundo.

Todo esto se ha presentado como un progreso importante en la sociedad, en la cual esta misma busca instalarse culturalmente sin diferencia ni sexo. Provocando un choque radical entre los conceptos y las definiciones basadas en la verdad y defendidas por mucho tiempo en los libros y cristalizadas en las diferentes costumbres sociales.

En toda esta introducción ideológica se trata de definir que hay una gran diferencia de género y sexo y han dejado de ser sinónimos. El sexo define la pertenencia a una de las dos categorías biológicas, femenina y masculina, y el género, en cambio, es el modo en el cual se vive en cada cultura la diferencia de los dos sexos.

El problema radica en la separación de género y sexo, de la cual surge la distinción entre diferentes orientaciones sexuales, que no deben estar definidas por la diferencia sexual. Por lo que, el concepto de género va depender de la actitud subjetiva de la persona, que puede elegir un género que no corresponde con su sexualidad biológica, y en consecuencia con la forma en que lo consideran los demás (transgender).

La creciente contraposición entre naturaleza y cultura, originada por las diferentes ideologías que convergen con un matiz transgender, nos han llevado a ambientes hostiles, donde se marcan cada vez más las diferencias sociales ideológicas, algunas consideradas rígidas, también se van abriendo otras con diversos matices, basadas en el libertinaje.

Debemos pensar siempre en una cultura de diálogo, para mantener una visión de la sexualidad humana, en función de la libertad de las familias, que basan su historia en una antropología integral que sea capaz de armonizar todas las dimensiones que constituyen su identidad física, psíquica y espiritual.

No debemos descartar que nos regimos por un estado democrático, que no puede reducir la propuesta ideológica, incluso educativa en un sólo pensamiento, sino que debe garantizar la libertad en el pensamiento, pero también en la educación, siempre de acuerdo a la dignidad de la persona humana.

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