La flama que terminó por quemar la paciencia

Las imágenes plagadas de luz roja sobre Uruapan, no sólo dejaban ante los ojos de la sociedad el drama de ver arder uno de los principales pulmones de esa ciudad, sino que además hacia arder la indignación en miles y millones de  internautas. Sin embargo, este episodio no fue más que una escena de una película de horror que desde tiempo atrás ha azotado la meseta purhepecha, donde además se evidenciaron deficiencias y hasta complicidades gubernamentales.

                                                                           Rojo amanecer

Las primeras horas del miércoles 27 de abril tuvieron sus primeros destellos de rojo colorido, que tengan su origen en las llamas que empezaron a consumir, primero el cerro de La Cruz y después el de Jicalán, en cuestión de sólo una hora se consumieron doce hectáreas de bosque.

Para la noche de ese mismo día ya se contabilizaban 100 hectáreas incineradas, por un fuego sin control y para cuyo combate el edil, Manuel Manríquez, admitió que no se contaba con los recursos para poder sofocar el siniestro, que era además propagado fácilmente por rachas de viento, y aunque se había solicitado apoyo aéreo a la Secretaría de Gobierno para extinguirlo, este no se dio.

La omisión de este auxilio llevó a una avalancha de críticas hacia el gobierno estatal, que se tornaban aun más punzantes bajo el recuerdo de aquel episodio del uso de helicópteros oficiales para llevar a artistas y familiares de funcionarios a ver la bienvenida del Papa Francisco.

A la serie de memes que se crearon para criticar la falta de acción, le acompañaban las escenas de devastación de estos lugares, animales calcinados, árboles sólo en cenizas y pastizales desaparecidos circularon en las redes, propagando la indignación, como si de un voraz fuego avivado por el viento se tratase.

“Ecocidio”, se empezó a leer desde ese miércoles por la noche, cuando la versión de que ese incendio había sido provocado tomó fuerza, además de que trascendía que habían sido aguacateros quienes emprendieron tal acción.

Las consecuencias no sólo quedaban en la pérdida de los recursos naturales,  también llegaron a la población con suspensión de actividades, debido a las altas concentraciones de humo en la ciudad.

Tras poco más de 36 horas de iniciarse el siniestro, el auxilio tuvo que llegar de un estado vecino. Fue Jalisco, la entidad que aportó un helicóptero para combatir el siniestro y que se unió a los bomberos, brigadistas y voluntarios que luchaban contra el fuego; cuya alimentación, se debe resaltar, fue por cuenta de uruapenses solidarios que llevaron víveres a centros de acopio.

Para el viernes 29 de abril se reportaban 250 hectáreas consumidas por el fuego, que finalmente habría sido controlado al día siguiente.

                                                                      Golpe a la realidad

Después de que se controlara el siniestro, se revelaron videos y fotografías que confirmarían las sospechas de aquellas primeras horas. Caminos de terracería, al parecer hechos por aguacateros  y pozos de agua, también llamados “ollas”, que se establecieron justo entre los cerros quemados, aparecían en materiales audiovisuales.

Además circularon imágenes con artefactos para inducir los incendios, que fueron encontrados en diferentes puntos durante los combates del fuego.

Pero incluso, desde el segundo día de la contingencia, hubo denuncias directas, como la del médico vecino de Uruapan, Jesús Javier Zárate, quien frente al munícipe uruapense denunció que había un decreto de 1936, emitido por el ex presidente Lázaro Cárdenas, donde se protegería la zona donde están estos cerros.

Acusó que funcionarios, como Evaristo Pereira, se llegaron a decir dueños del lugar y es uno de varios que durante las últimas tres décadas han hecho arreglos bajo el agua para que se les autorizaran cambios de uso de suelo en esas zonas protegidas. Esta situación fue entregada incluso en documentos al edil.

                                                                Expansión inmediata

Apenas acabándose la jornada contra el fuego en Uruapan, en el Cerro del Tecolote en Zacapu, una catástrofe similar se presentó, aunque sin tener el mismo eco. También para el 2 de mayo, el cerro del Águila, ubicado al poniente de la capital michoacana era devorado por las llamas.

Al mencionar a Morelia, se debe recalcar que este municipio ocupa el primer sitio a nivel estatal en cuanto a incendios forestales, se trata de una práctica inducida, recurrente en el territorio capitalino.

A inicios de abril se habían presentado incendios en el Cerro del Quinceo, en el noroeste de la ciudad. Roberto Pérez Medrano, director general de la Comisión Forestal de Michoacán (Cofom), confirmó que en este lugar se pretende el cultivo de aguacate y ya se habían detectado sembradíos. En el Quinceo, debe subrayarse, que ya se han dado casos de viviendas que se han incinerado, dejando a familias sin hogar por estos incendios inducidos.

Pareciera que ese producto tan representativo para Michoacán y que le ha posicionado a nivel nacional e internacional, más que beneficios ha dejado perjuicios. Además de que autoridades forestales, estatales y municipales, estarían enredadas en una serie de nudos orquestados por empresarios.

                                            El negro saldo del oro verde, no es novedad.

Si bien es cierto que los sucesos de Uruapan alertaron a mucha población, respecto de las secuelas que tiene la siembra de aguacate en el estado, la temática no es para nada nueva.

Desde 2010 la organización internacional Greenpeace México indicó que, según información de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), la superficie destinada a la producción de aguacate en la entidad pasó de 31 mil hectáreas en 1980 a más de 106 mil hectáreas en 2009.

En dichos espacios que se proyectó obtener un millón 200 mil toneladas de este cultivo. Según la misma fuente, la superficie destinada a la producción del fruto en el estado creció 342 por ciento desde 1980.

Un año antes, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap), hizo un estudio en el que advertía que la expansión del cultivo de aguacate había empezado a impactar este servicio ecosistémico, reflejándose con una tendencia hacia la disminución de los caudales de los manantiales de los parques nacionales de Barranca del Cupatitzio y Pico de Tancítaro.

Detalla también que en el cultivo de aguacate se aplican 30 mil toneladas por año de fertilizantes químicos, los cuales contaminan los mantos freáticos. Pero además de esa contaminación, el aguacate requiere de dos veces y media más agua que los frutos endémicos de los bosques de la meseta purépecha, por lo que el consumo del vital liquido es mayor y se tendrán efectos en el clima.

                                                                       Y sin embargo.

Pese a reclamos, reproches, omisiones e indignaciones, el incendio volvió a presentarse el pasado tres de mayo, mismo que se confirmó que habría sido provocado.

                                                                Por si no es suficiente

Aunado a las implicaciones ambientales, se debe recordar que desde 2013 diferentes medios nacionales han documentado como la extorsión por parte del crimen organizado a los productores, así como la corrupción de autoridades sanitarias, han formado parte de un entramado de ilegalidades con las que deben de lidiar los productores.

Aunque el señalamiento actualmente es que, pese a la intervención que tuvieron las autodefensas dos años y medio atrás, los Caballeros Templarios nuevamente han iniciado con la exigencia de cuotas.

 

No todo lo que brilla es oro, dice el refrán, y en Michoacán, no todo lo que genera riqueza es precisamente benéfico. Las regulaciones en materia ambiental deberán de enfocarse en frenar los daños de las prácticas de cambio de uso de suelo para siembra de aguacate.

No todo lo que brilla es oro, ni todo lo que trae riqueza es precisamente benéfico en Michoacán.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *