La fraternidad humana en una sociedad liquida

P. Agustín García Celis

Hablar de las relaciones humanas, nos pone frente a una gran cantidad de situaciones, que nos da la oportunidad de reflexionar sobre la persona en su manera de actuar frente a las circunstancias de la vida.

La persona, tiende de manera natural a obrar conforme a los principios y valores adquiridos, y de esta realidad se desprende que puede obrar correcta o incorrectamente, sobre todo cuando se trata de las relaciones humanas en los diferentes contextos sociales.

Somos una sociedad con muchos valores morales, que es capaz de ser solidaria en situaciones de desastres naturales; que fácilmente se puede unir cuando es convocado a través de campañas en las redes sociales; que tiene sus buenos momentos de reflexión ante la problemática cultural; que se expresa exteriorizando libremente sus opiniones, y que es capaz de oponerse ante los acontecimientos que afectan su entorno social. Sin embargo, también es una sociedad que está inmersa en una cultura liquida, muy cambiante y en ocasiones hasta radical en sus posturas frente al orden social. 

Todo este contexto sociocultural, nos da la oportunidad de plantear la necesidad de seguir avanzando en la fraternidad humana, que debe ser superada por la amistad y sobre todo el núcleo familiar. La fraternidad que hace más fuerte la solidaridad entre las personas, que acorta las distancias entre los seres humanos y que derriba los muros sostenidos por el egoísmo social, debe ser un camino más para crear un ambiente de paz.

Debemos seguir apostando por una sociedad más fraterna, que sea capaz de implantar ambientes creativos en el fortalecimiento de los valores humanos, en los diferentes contextos socioculturales; donde la fraternidad humana supere y este muy por encima de la oferta y la demanda; donde sobresalga siempre muy por encima del comercio y de los intereses en un sentido materialista. Las personas debemos vivir la fraternidad con todas las personas, de toda clase y situación social, por el hecho de que el otro es un ser humano, ya merece respeto y tiene sus derechos, que no están por encima de mis derechos, pero tampoco por debajo de los derechos de los demás. En entender este orden moral, sobresale la fraternidad como un modelo de convivencia social indispensable para mejorar las relaciones humanas y erradicar la falta de caridad entre unos y otros, ya que la fraternidad nos da la oportunidad de vernos como hermanos. Además, la fraternidad fortalece la unidad y la comunión. Todos estos elementos son tan necesarios para mejorar la descomposición social.

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