La naturaleza aborrece el vacío (Despertar Poético)

La naturaleza aborrece el vacío

En nuestra profunda ignorancia, cuando el cuerpo tiene señales de depresión o ansiedad, decimos que tenemos un vacío, sólo que dentro de nuestra subjetividad no logramos identificar que elemento es del que estamos faltos; pues la literalidad del significado de vacío, dice que es falto de algo. Sí un espacio habitable no tiene personas, se dice que está vacío de personas; si un vaso no tiene dentro de si algún liquido o elemento, se dice que es un vaso vacío; si el hombre no tiene un ideal, si no tiene una filosofía, se dice que es un hombre vacío; sin embargo, en la naturaleza no existe ningún lugar vacío, todo espacio está ocupado por algo, si un hombre muere, algún otro hombre ocupará su lugar, si un animal muere, algún animal ocupará su lugar, si llegásemos al extremo de quedarnos sin hombre y sin animales, ese espacio será ocupado por otros elementos, pues la naturaleza aborrece al vacío, en la naturaleza no existe el vacío.

 Ya en el siglo IV antes de cristo, Aristóteles consideraba que no existía un espacio que no contuviera al menos aire, era imposible e impensable. En el siglo XVIII, Galileo señalaba que sí existía un vació, justificado en un experimento donde dos placas planas de vidrio pulido se adherían tan firmes entre sí, que no podían separarse sin ser deslizadas. La tesis era que, al intentar separar las placas estas creaban un vacío y este vacío era precisamente el que las mantenía unidas; sin embargo, no todos creyeron esta tesis, pues la tesis de Aristóteles les parecía más sensata y experimentaron con el elemento que este señalaba que ocupaba los lugares que deberían tener vacío: el aire, para ello usaron las máquinas de succión simple de la época, estas máquinas lograba succionar agua solo hasta 10.33 m de altura, Galileo insistente en su tesis decía de esto “parece que la naturaleza no aborrece el vacío por encima de los 10.33m”, no estuvieron convencidos los científicos de la época.

 Evangelista Torricelli, con la aseveración de Galileo de que la naturaleza no aborrece al vacío por encima de los 10.33 m, experimentó con la altura de la columna de agua, si la altura de la columna de agua varía en proporción inversa al peso del agua, debería de trabajarse en el peso que no permite mayor elevación, su experimento con un tubo de vidrio de 90cm, con espesor suficiente para soportar el peso de una columna de mercurio, metal 14 veces más pesado que el agua; llenó de mercurio el tubo de vidrio, tapó con un dedo el extremo abierto, dio vuelta al tubo y sumergió el extremo abierto en otro recipiente que contenía también mercurio, la columna descendió de los 90cm a los 76.20cm, dejando un vacío en la parte superior del tubo. Con esto Aristóteles seguía teniendo razón, confirmaba la existencia del vacío y explicó el porqué de la elevación del agua, que permitió determinar una de las características del aire, “el aire ejerce presión y tiene peso”.

 Aristóteles no debería tener esos pensamientos tan elevados, si nos basamos desde luego a las teorías lineales de los naturalistas, que señalan que en esos tiempos no había ni tecnología, ni ideas avanzadas como para tener un concepto que definiera a la nada y al vacío, Aristóteles el polímata de Estagira, era ante todo un genio, versado en muchas disciplinas, y la más grande de ellas, la filosofía le daban un carácter universal a su pensamiento. En su libro Física argumentó contra los atomistas la teoría de que los átomos se mueven en un vacío infinito; sin embargo, Aristóteles decía que la falta de resistencia provocaría en los átomos velocidades infinitas, “lo homogeneidad del vacío excluía la existencia del movimiento natural, así en la distinción del arriba y abajo, el vacío impedía el movimiento violento”, se requería de un medio externo para la propulsión.

 La visión atomista con ello quedaba sobreseída, la idea superior derogaba a la inferior, la idea de Aristóteles quedó vigente hasta la llegada de Descartes, que identifica la existencia del espacio contra la materia. Esa idea señalaba heliocéntricamente la existencia de la fuerza poderosa que mantenía unidos a los planetas en sus propias orbitas, descartando que el espacio fuese un vacío infinito, lástima que no usó la estrategia de Galileo, por no querer verse sometido al escrutinio de los animistas y por un deseo enorme de conservar la cabeza sobre los hombros. Los animistas, teólogos escolásticos, consideraban que quizá el vacío existiese más allá de las esferas de las estrellas, donde seguramente residiera Dios.

 Blaise Pascal, apoyado por las ideas de Torricelli, desechó la idea del peso del aire como elemento que llenaba el vació, era algo descabellado ¿Qué otro factor más podría haber que llenara el espacio donde habitamos y que no vemos, que llamamos vacío? Debía haber algo más, pues los equipos que había probado Torricelli succionaban agua sólo hasta los 10.33m y debería existir una forma de succionarla a alturas mayores, para ello contó con la ayuda de su cuñado Florín, que llevó el experimento de Torricelli a distintas alturas topográficas, en tres altitudes distintas, y notaron que la columna de mercurio alcanzaba alturas cada vez menores conforme ascendían, Pascal ensayó de la misma manera subiendo al campanario de Sant Jacques de la Boucherie, observó que la columna de mercurio bajaba dos líneas, allí Pascal se convenció de que era el peso de la atmósfera y no el vacío dentro del barómetro lo que hacía que el mercurio ascendiese al igual que el agua en las bombas mineras.

 El vacío seguía siendo tema de conversaciones, Otto Von Guericke, convencido de que el vacío debería de existir de alguna manera, probó con nueve bombas de succión para sacar el aire de cámaras cerradas para crearlo, la forma en la que llegó a la conclusión de que podía crearlo, fue succionando el aire entre dos semiesferas de cobre pegadas, formado una semiesfera, y al crear el vacío, no pudieron despegarlas ni usando dos yuntas de caballos halándolas. El vacío había sido creado, por fin podía hablarse de su existencia; sin embargo, el vacío significaría la existencia de la nada, por lo tanto, la nada no existe, el vacío tampoco, así que a finales del siglo XVII, el vacío tenía dentro de sí a los fluidos imponderables de la electricidad, la luz y el magnetismo, regresando al modelo actualizado de Aristóteles, pues no sólo los elementos electromagnéticos entraban dentro del recién creado vacío, en el siglo XIX se le agregó el éter, que se descartó su existencia al inicio del siglo XX, pero nos dio nuevos elementos para llenarlo, con la física cuántica, el vacío tenía en su haber agujeros electrónicos y partículas fantasma, reviviendo la teoría de Aristóteles nuevamente, que la naturaleza aborrece al vacío.

El vacío no existe en la naturaleza,

Solo en la mente del hombre,

La naturaleza odia el vacío,

Tiende a llenarla de lo que tiene a la mano,

El vacío es infinito,

Y el infinito es la esencia del universo.

El vacío es inmensidad, está lleno de conjeturas,

El hombre solo lo admite cuando no lo conoce.

El vacío es materia y espacio.

Vacío es solo un concepto,

Lleno de lo que no tiene nombre,

Pues al llenarla con nombres deja de serlo.

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