La otra cara de la pandemia (Despertar de la tierra)

La otra cara de la pandemia

La dualidad de la vida se refleja en toda la creación, se refleja en toda acción. Siempre tenemos los dos lados en un mismo acto. La dualidad se entiende a la perfección gracias a la cuarta ley universal llamada “Ley de la polaridad”, pues todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos. Los semejantes y los antagónicos son los mismo, los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferente grado; los extremos se tocan. Todas las verdades, son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse. Nada de lo que sucede en el mundo podría entenderse sin esta ley, hablamos de la pandemia del Covi-19.

 La ley de la polaridad nos enseña la cara buena para la tierra, con esto se comprueba que el hombre es el depredador más grande del planeta, el destructor más brutal del equilibrio de la tierra, pues la declaración de pandemia redujo al mínimo el ritmo de producción y de traslado de la población, que al quedarse estática le ha generado un respiro enorme al planeta.

Por una parte, tenemos el opuesto llamado pandemia y por el otro tenemos la regulación del equilibrio ecológico, son hijas de la misma madre. La pandemia paralizó prácticamente la industria en el epicentro, se redujo drásticamente el número y frecuencia de vuelos, entre muchos destinos, se redujo considerablemente el tráfico vehicular interno. Eso ha permitido bajar la generación de gases tipo invernadero, produciendo un ambiente sano y limpio al ecosistema, aunque el alivio es pasajero, hasta que se declare superada la crisis.

 Lo que si sabemos, es que el covi-19 ha dejado buenas noticias al medioambiente, y con ello también tenemos datos de que China es uno de los generadores de sustancias tóxicas y dañinas al ambiente, pues con el cierre de fábricas y comercios, se produjo una disminución de CO2 en un 25%, al bajar sustancialmente el consumo de combustibles fósiles, como petróleo, gas o carbón. Tan solo esta reducción se considera una disminución del 6% a nivel global, algo verdaderamente reconfortante para los amantes de Gaia, que desean una recuperación de los ecosistemas.

 Ahora ya podemos entender el impacto que tiene el llamado “progreso” a nuestro entorno, pues todas las actividades económicas se basan en el consumo. Ya estamos seguros de que todos somos parte del problema, ya que no sólo son los combustibles fósiles, son el uso de las demás fuentes de energía, como la energía eléctrica, que bajó su consumo muy por debajo de los niveles habituales. La reducción en tres semanas bajó en 150 millones de toneladas métricas de CO2, comparado con lo que produce la ciudad de Nueva York en un año. La calma del frenesí consumidor no puede durar toda la vida, consideramos que China podría aumentar el volumen de contaminantes con el fin de recuperar la producción.

 La ventaja de la tierra es que el Covid-19 está esparciendo el miedo por todo el mundo, y se están ralentizando los procesos productivos, lo que le dará un pequeño respiro, al empezar a cancelarse vuelos de manera paulatina, lo mismo que cruceros, convenciones, eventos masivos y parques de diversiones, al menos por la baja en la frecuencia de vuelos, podemos pensar en que los cielos estarán más limpios por algún tiempo en Alemania, Italia, Israel, Austria y Suiza.

Creo que ya nos queda claro, la naturaleza tiene la capacidad de regenerarse, tiene la capacidad de lograr el equilibrio ante todos los seres. Quizá ni siquiera sea obra del mismo hombre la proliferación del virus, quizá sea la misma naturaleza manifestándose, haciendo más fuerte al virus, más poderoso, más potente, para poder mermar un poco la capacidad destructiva del hombre, provocando miedo y desesperación.

 Quizá sea también un llamado a prepararse para enfrentar tiempos difíciles, tiempos que se están acercando, que posiblemente sucedan, y que el hombre en las ciudades quede aislado y que como en El Decamerón de Boccaccio, se salven solo aquellos pendencieros que viven aislados en lugares remotos, con o sin defectos, con o sin vicios, y cuando las cadenas de suministros a las que estamos acostumbrados terminen, la vida tal y como la conocemos también terminarán, volveremos a una nueva edad de piedra a reiniciar el ciclo, así que al menos hagamos conciencia de que todavía hay esperanza, sólo se necesita bajarle el ritmo al consumo, es bajarle el ritmo a la destrucción de la tierra.

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