La prosperidad futura el deseo de la humanidad

P. Agustín Celis

Entre nosotros, nos damos cuenta de que siempre tenemos aspiraciones positivas, estar mejor y vivir mejor. La mayoría de las personas pretendemos tener una vida llena de comodidades, llena de posibilidades para realizarnos y aspiramos a una sociedad más organizada, donde seamos más humanos y justos, en la distribución de los bienes.

La Sagrada Escritura nos dice: “Yavé es un Dios justo, y ¡felices los que en el esperan!… El señor te dará la lluvia para las semillas que hayas sembrado en el campo, y el pan que te producirá la tierra será sustancioso y nutritivo. Tu ganado pastará entonces a grandes potreros…” (Is 30,18.23), esta cita, nos da la oportunidad de encontrar una respuesta al deseo de prosperidad en la sociedad.

En varias ocasiones escuchamos en las noticias los comentarios de los economistas, que pretenden alcanzar cifras positivas en la economía nacional, y cuando escuchamos el comentario de una ama de casa que pretende comprar lo necesario para la familia con un sueldo que se encuentra por debajo de la canasta básica, encontramos un deseo en unos y en otros de prosperidad.

Todos deseamos una situación social económica mejor, todos deseamos un tiempo de prosperidad y en ese deseo muchos nos podemos perder bajo esa situación. Algunos toman el camino más fácil, arriesgando todo, hasta su propia vida. Otros se lanzan en busca de la prosperidad por encima de las leyes humanas y no respetan la autoridad y mucho menos las instituciones, pero muchos se lanzan en busca de la prosperidad buscando un empleo donde se le dé un sueldo y todos los beneficios que le ampara la ley. Pero unos pocos han entendido que la prosperidad nos viene no sólo por el buen empleo, sino que la prosperidad implica toda la vida de la persona, sus valores, sus virtudes, sus esperanzas, su capacidad para realizar el trabajo y finalmente su compromiso con la sociedad.

La prosperidad futura de la sociedad es un compromiso social que debemos asumir todos los ciudadanos, porque todos deseamos una situación económica mejor, pero no debemos descartar que cada persona aporta a la prosperidad y que con una sola persona podemos restarle a la prosperidad. Un ejemplo, si los propietarios de las grandes masas económicas superaran sus deseos desenfrenados de poder, mucho bien pudieran hacer a la sociedad. Por eso encontramos mucho descontento en la distribución universal de los bienes. Porque todos deseamos la prosperidad, pero unos cuantos se han apropiado de los bienes, deshumanizando la sociedad, creando civilizaciones que se vuelven adictas a sus productos y otros tantos que sirven de proyectos de ensayo para que ellos sigan compitiendo económicamente ante los grandes monopolios. Todos tenemos un deseo de prosperidad, todos deseamos vivir humanamente bien. Sin embargo, en este deseo de prosperidad debemos incluir los valores humanos, que nos hacen vernos como hermanos y que nos ponen los límites para no actuar injustamente con los que debemos tratar fraternamente con cariño y a los que debemos ayudarles para que la prosperidad llegue a sus hogares

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