Opinión

LA REALIDAD PARA UN DÍA DEL NIÑO. (ARENA SUELTA)

POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

La condición en la que viven los niños en nuestro país es de una terrible condición de desigualdad, siendo muy reducido el número de infantes que tienen acceso a los servicios básicos que garanticen su bienestar, a esa cifra que sigue es la que más o menos o con esfuerzo pueden considerar como garantía asistir a  una escuela, tener servicio de salud y el esparcimiento, y aunque son muchos aquellos que viven en pobreza, así fuera uno solo, es una vergüenza para cualquier sociedad pensar, en que entre sus habitantes hay niñas y niños que son violentados, que sufren de hambre, y que en estos momentos incluso están perdiendo a vida.

Está lejana cualquier meta que busque que nuestra niñez sea tratada como se merece, no encuentro aprobación a las instituciones que se dedican a la protección de la infancia, mientras el tráfico de órganos no pare, y el robo de infantes, y la esclavitud infantil, no sean erradicados, pues la contundencia debe responder a las necesidades imperiosas que afectan a este importante sector de la sociedad.

Los niños del mundo, son el trabajo pendiente de los habitantes adultos de la tierra, en donde exista un niño, debería haber convertido en protector además de cada  padre, madres o tutores, cada joven y adulto. Un niño que es fustigado, un niño al que se le niega la dignidad de una vida plena, es obligado a lo imposible para lograr una plenitud exitosa. No hay cosa que valga, ni pero que valga para que con todo el entusiasmo se garantice el acceso a una vida plena a nuestros niños.

Más allá de obsequios, de celebraciones, de pelotas muñecos o juguetes, sigue estando el regalo de una vida digna, de un vivir envuelto en el cuidado de medio ambiente que permita que nuestras niñas y niños puedan tener en donde jugar, en donde vivir y donde estén los seres que ama. Tener un nombre del que se sientan orgullosos, un apellido y quien es cuide, más que legislado debe ser vigilado, pues México está lleno de normas, leyes y reglas, pero vive alejado de la voluntad para la entrega, el abrazo y la sana paz que necesita la niñez del mundo.

Al parecer 500 diputados no han sido suficientes, para que nuestro país pueda tener reglas más severas que castiguen a los que dañan a la infancia, y las políticas públicas más eficientes que terminen con la brecha de desigualdad en la que viven los niños y las niñas o rompan las  cadenas que carga a niñez indígenas, los de medio rural y las zonas conurbadas que se siguen pelean el alimento con ratas, y aves de rapiña.

Urjo, a los ciudadanos del mundo a que cuidemos de nuestros pupilos, exijo a las autoridades civiles y políticas, así como a las escolares, a redoblar esfuerzos para que la sonrisa de los niños nunca más sea cohibida, evitada o coartada. El bien superior de hombre y la mujer del mundo es la felicidad, pero no se puede vivir en este estado cuando se es marcado por los demás o por una infancia ingrata.

Si bien es cierto que se habla de garantizar el derecho a la vida, bien valdría la pena legislar de tal suerte que se haga que los niños del mundo pueda disfrutar de lo que por solo venir a este mundo les corresponde, desde nombre, hasta vestido y calzado, desde salud y formación integral y de calidad, por lo que todos los sectores tienen una responsabilidad y la tarea compartida, del acceso a los servicios primarios y secundarios, que se acompañen de la conciencia para poder ejercer la responsabilidad de ser padres y madres, pues no se puede querer educar bien cuando ni siquiera se ha contado con la edad suficiente para valerse por si mismo, lo que nos lleva a afirmar que ser madre sin desearlo, o padre sin planearlo, difícilmente hará que el producto de embarazo viva en un ambiente de amor.

 

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