La vida es un derecho inviolable, que todos debemos proteger

Nos podemos preguntar, ¿la vida es un derecho inviolable?, o ¿Es un derecho de los progenitores?, o ¿le corresponde al estado garantizar la vida y por ende decidir sobre ella?
Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho deberá ser protegido por la ley desde el momento de la concepción. Nadie debe ser privado de la vida arbitrariamente. El artículo 4, que versa sobre el derecho a la vida, defiende la vida de las criaturas indefensas concebidas, sin importar la manera en la que fue concebida. Si pensamos en los derechos de todos los seres humanos, todos tenemos los mismos derechos y por ende a su debido tiempo, las mismas obligaciones con respecto al estado, entendiendo que algunos adquieren ciertas obligaciones por alguna condición especial.
También, analizando el mismo artículo cuarto de la constitución, encontramos la igualdad entre el hombre y la mujer ante la ley. Lo que nos lleva a pensar que debería promoverse la persona, de igual manera en sus derechos y obligaciones.
Releyendo el mismo artículo en la Constitución Mexicana, la ley: entendida como el estado; tiene la obligación de proteger la organización, de todo lo que corresponde al desarrollo de la persona, y en especial protegerla con la intención de que logre la proyección profesional y la plenitud de su vida.
Es de especial importancia, resaltar que la misma Constitución Mexicana, exige al Estado, la promoción y desarrollo de la familia. Y el diccionario de la Real Academia define el concepto de familia: “Grupo de personas formado por una pareja (normalmente unida por lazos legales o religiosos), que convive y tiene un proyecto de vida en común, y sus hijos, cuando los tienen” «la familia estaba compuesta por la madre, el padre y los dos hijos. También se puede definir como el conjunto de ascendientes, descendientes y demás personas relacionadas entre sí por parentesco de sangre o legal.
Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada, sobre el número y espaciamiento de los hijos, es un derecho que la misma Sagrada Escritura, respeta de los cónyuges en el Sacramento del Matrimonio, cuando se les exhorta a recibir responsablemente los hijos que Dios les dé. Pero si bien esta claro, que ni la Constitución Mexicana y ni la Sagrada escritura, y muchos el Derecho Canónico de la autorización para interrumpir el proceso de gestación y dicho con las palabras correctas, a nadie se le ha dado la autorización de quitar la vida a un ser indefenso, en el vientre de su madre.
Del párrafo anterior pudiéramos decir, que si nuestra ley civil, tiene la obligación de proteger la vida y promover el desarrollo de la misma, no hay cabida para la pena de muerte, ni en los adultos. Por lo tanto sería una aberración legalizar la pena de muerte en los niños en proceso de gestación, cuando de lo único que se les puede acusar, es no ser deseados por sus padres. Sin embargo, a los padres si los pudiéramos acusar de algunos otros delitos, fruto de una inmadurez espiritual, moral y ética.
Por otro lado, el artículo cuarto nos dice en sus últimos renglones, “toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad”. Y en esto si es importante también detenernos, ya que son de las obligaciones que deberán promover el Estado y con ello combatir muchas de las acciones incorrectas, en las que se les busca una salida fácil y que nos libere de las responsabilidades que surgen de nuestras acciones humanas.
Es importante desarrollar procesos pedagógicos articulando a las familias, las instituciones educativas, el sector empresarial, el gobierno, entre otros, desde el principio de corresponsabilidad, que coadyuven a la construcción de un mayor y mejor tejido social donde aprendamos a aceptemos unos a otros con nuestras propias diferencias de credo, de raza, de orientación sexual y de concepción ideológica y política.
Es justo y necesario que empecemos a mirar, de manera responsable, este tema y que se empiecen a diseñar e implementar políticas públicas orientadas a despertar conciencia ciudadana frente al respeto a la vida digna, donde el ser humano sea el centro y no la rentabilidad financiera o el cálculo económico.

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