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Las flores de abril

Miro en derredor, la luz fugándose por el cristal y mi mente fugándose al pasado, así llego a los días donde la naturaleza era la vida misma, cuando los ancianos eran respetados y considerados, cuando la palabra era el mejor convenio que podía tener el hombre y se sostenía la palabra misma con los hilos de la vida. La naturaleza partió de la nada, cuando la gran explosión empezó a formar mundos, al principio solo era energía, era un gran huevo de energía, sostenido de sí mismo y realizó el prodigio de la gran explosión, así fue la primer generación espontánea del universo, hasta allí el hombre ha llegado en conocimiento, a ese nivel vamos, en la espera de algún Pasteur moderno y nos dé el origen mismo, el hombre aún no ha descubierto al universo en su totalidad, ni en su nacimiento primigenio, no ha descubierto como los universos nacen, porque hay miles de universos, es un fractal perdido en infinitos, y los infinitos son nuestro sino, queremos entenderlos solo como grandes bolas colgando, y seguimos el camino viendo grandes focos, grandes cúmulos de energía, repartiéndose un espacio confinado, dentro de espacios confinados, dentro de una enorme célula, y sin embargo¿ Cómo se reproducen los universos?, ¿Cómo se expanden y sobre qué materia se expanden? El hombre es solo un mamotreto en la tierra, que juega a ser dios, un dios limitado y pueril, enfermo de omnisciencia, cuando la omnisciencia es  medible, no identifica esa mesura, se sobrevalua, el hombre es un pequeño punto perdido en el infinito, pero con la capacidad de destrucción como lo es una gran roca que perdida en el espacio decide impactar la tierra, es un dechado de virtudes y de vicios, y al día de hoy es nada equilibrado, si lado enfermo, lleno de maldad está pesando en la balanza, si no fuese porque el universo está diseñado para actuar solo en beneficio de todo ser vivo, incluyendo al hombre, está diseñado para hacer sentir al hombre su magnificencia, para sorprenderlo, para consentirlo, para hacerlo sentir parte de un todo, para hacerlo sentir parte del universo, el hombre hubiese desaparecido hace miles de años, o quizá no hubiese medrado hasta llegar al día de hoy, pensamos que el hombre nació para destruir al universo, porque se empeña en hacerlo, no sabemos qué ha fallado en la creación como para que el universo mismo permita al hombre su autodestrucción, quizá sea la manecilla que imponga el equilibrio, necesita un catalizador y el hombre es el artefacto perfecto,  por ello el universo trabaja en hacer posible un ideal al hombre, en dirigirlo hacia el equilibrio aunque en el camino se deje la piel, así pues el universo trabaja para convencerlo de que todo confabula para conseguir su felicidad, es el gran engaño, un hermoso engaño, que el hombre acepta gustoso porque no ha sabido auto engañarse, así año con año la tierra le regala postales magnificas, para demostrarle que es parte de un todo, que es una necesidad  del universo y que él tiene necesidad del universo mismo, así la tierra alineada a todos los órdenes posibles, a todas las leyes posibles del universo, busca afanosamente enaltecer al hombre, seducirlo, enamorarlo para que cuide a su casa, todos los días le regala una postal, todos los días le envía una señal diferente, para que no muera de aburrimiento, y la mejor postal es el campo en primavera, cuando la efervescencia surge en cada rincón, cuando el frío ha abandonado los cuerpos, cuando todo hierve en fertilidad, allí está la señal de la magnificencia, la presencia de la omnisciencia, cuando la tierra florece, y en abril, las flores son más hermosas, brillan, relucen, surgen como si fuese de la nada, los capullos mueren, despiertan las mariposas, esos son signos de que la vida presente en toda creación está haciendo lo necesario para permanecer, para continuar con los ciclos, así en abril encuentro a mi paso la parota retoñando, a las jacarandas esparcir su feria de color, o al árbol flor de oro salir presto a embellecer el paisaje. El mundo en el que vivimos es único, las flores de abril también, me hacen recordar la temporalidad de la vida, pues sé que se irán raudas, que morirán, muy rápido al tiempo nuestro, pero que al año siguiente volverán, surgirán como un milagro, como una acierto más de la omnisciencia, del cúmulo total de universos. Somos universo mismo.

https://i1.wp.com/www.periodicoeldespertar.com/wp-content/uploads/2018/04/Diapositiva1.jpg?fit=1024%2C515&ssl=1https://i1.wp.com/www.periodicoeldespertar.com/wp-content/uploads/2018/04/Diapositiva1.jpg?resize=150%2C150&ssl=1José Luis Valencia CastañedaOpinión
Las flores de abril Miro en derredor, la luz fugándose por el cristal y mi mente fugándose al pasado, así llego a los días donde la naturaleza era la vida misma, cuando los ancianos eran respetados y considerados, cuando la palabra era el mejor convenio que podía tener el hombre...