Los genios del comunismo… (Despertar Poético)

Después de octubre de 1917, el mundo no volvió a ser el mismo, pues en octubre de ese año empezó la Gran Revolución Socialista que marcaría al siglo de rojo y liberaría a las ideologías de las ataduras del latifundio. El rojo de la sangre de los bolcheviques o campesinos rusos sirvió de sustento al nuevo siglo de emancipaciones, se abrió la puerta al nuevo conocimiento y se perdieron para siempre los cacicazgos eternos y el dominio de los zares y de los zaristas, aquellos campesinos revolucionarios instauraron sin saber “la dictadura del proletariado”, un poema utópico bastante agradable al oído, se fue estableciendo con el triunfo de los desprotegidos el nuevo estado socialista, el más grande del mundo: llamado URSS, con Lenin a la cabeza.

Desde ese momento, con esa ideología se generaría el fantasma más odiado y temido por todos los países llamados “burgueses”, ahora llamados capitalistas o neoliberales, por mucho tiempo el fantasma rojo fue el temor escondido de muchas naciones, vagó por el subconsciente colectivo, rondó por todo el mundo, generando temor. Ese miedo fue insuflado en las mentes económicas de manera simple: eran los derrocadores del poder hegemónico, eran los destructores del status quo, eran los no afines al negocio, eran la fuerza poderosa que permanecía oculta en todo personaje depauperizado. Situación no grata a la poderosa burguesía.

Marx y Lenin, los ideólogos del naciente sistema socialista, escribieron las reglas, nació de ellos el manifiesto del partido comunista, del cual devino toda la tragedia del zarismo, decía este manifiesto, “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes”.

En el occidente los fantasmas se convirtieron en partidos, o en sindicatos, que buscaban afanosamente el poder para poder darle representatividad a lo que ellos llamaban pueblo, lumpen o proletariado. Esos partidos pronto fueron llamados oposición, y tenían esa función, después se llamaron partidos de izquierda, los llamaron rojos, o rojillos, en alusión al color de la bandera comunista con la hoz y el martillo, se consideraban los más avanzados en pensamiento social, en ideología política y los más congruentes en cuanto a su accionar; todo lo que sonaba a gobierno, todo lo que sonaba a dinero lo llamaban burguesía, era una apología de la pobreza con ideas politizadas, que ponían en entredicho la veracidad y la consecuencia de los actos de campaña de cualquier político o partido en el mundo. Todo lo pobre se podría empoderar si se hacía en grupo.

Con el tiempo, se devaluó el concepto de comunismo y socialismo cuando las economías de los partidos que la propugnaban en sus países se volvieron solventes, cuando lo partidos recibieron dinero del estado, cuando los sindicatos se vendieron al poder. La Unión Soviética, Corea y China se volvieron potencias económicas alejadas de la idea del consumo común y de la participación del pueblo en el bienestar general, la idea se perdió en el consumo; sin embargo, las potencias económicas seguían alentando el miedo a lo rojo, como una forma de sustentar su carrera armamentista, y una forma de mantener el equilibrio del poder que ostentan, o sea el económico.

Así la mentira que el poder político ostenta es la base de las ideologías de un pueblo, los que en realidad dominan a los pueblos son los dueños del dinero, ya sea a la vista o en lo oscurito. No dominan los políticos, no los religiosos. Durante los años setentas y ochentas, ser rojo o rojillo, era símbolo de revolucionario, símbolo de oposición al sistema político existente, el que ostentaba el poder político. En México surgieron algunos partidos y grupos llamados comunistas o socialistas, que aparecieron y murieron prematuramente, pues el poder estaba cooptado por la aristocracia dueña del dinero, el PCM (Partido Comunista Mexicano) vivió desde 1919, pero oficialmente fue reconocido en 1979 y desapareció en 1981, opacado por el presidencialismo rígido del PRI, en esa época, a los rojos se les llamaban revolucionarios solamente en el argot interno, y a los de derechas se les llamaba reaccionarios.

En los años sesentas, alrededor del mundo se gestaban muchas luchas sociales derivadas de la primera del octubre del 17. Estas luchas lograron establecer cierto grado de libertad humana, no tan mecanizada ni esclavista del sistema que desaparecía con la revolución industrial. En 1990 desapareció el concepto totalitario de comunismo y socialismo, cuando el muro de Berlín cayó, en 1989, se vislumbraba el termino de ese sistema económico, y el tiro de gracia lo dio la misma URSS al independizarse las quince republicas, en marzo de 1990. Época en la que China empezó  a desarrollar una economía pujante y agresiva, basada en un comunismo incluyente, muy parecido al capitalismo, a partir de 1950; para ello modificó su esquema educativo por competencias, demostrando su poder en todos los ámbitos, religiosos, deportivo, industrial e intelectual, lejos de la idea romántica o retórica de que los bienes son del pueblo por igual, empezó a emerger como potencia económica capaz de destronar a los grandes Estadounidenses, rusos o alemanes, con un sistema de uso y costumbre comunista, pero en la práctica capitalista, mejoraron lo que aprendieron a odiar.

Los antaño rebeldes, rojos, rojillos, comunistas que amenazaban el status quo del momento se fueron camuflando, muriendo, o los fue absorbiendo el sistema. Al final fueron simples remedos de oposición, sin ser verdadera oposición, ni siquiera podría decirse que representaban riesgo a los sistemas políticos, pues la conciencia social murió cuando nació el mercado de las apariencias, supieron aparentar, hicieron del comunismo, socialismo y la oposición un negocio, falló la congruencia.

En los tiempos del auge del miedo rojo, cuando se diseñó el fantasma opositor anti burgués, aparecieron millones de seguidores idolatras. Las ideas revolucionarias y de cambio político social surgieron de las mentes preclaras, congruentes con su época, consecuentes con su devenir social, verdaderos opositores a los sistemas degradantes del hombre y estos lo dibujaron en su arte, su ingenio estaba comprometido con su pensar, los expositores muchos verdaderos genios nos enseñaron a amar a la coherencia, lejos de los duros Lenin, Trotsky, Stalin, Luxemburgo, Che Guevara, Fidel Castro, Engels, Marx, Ho Chi Min o Mao Zedong, que no hacían literatura sino manuales ideológicos, existieron los escritores que vivieron esa convulsionada etapa desde el mismo centro neurálgico, desde dentro y la delinearon sin estar comprometidos con partidos, ideologías o ismos.

ELos cultos viviendo en la miseria, viviendo de la miseria, fueron los que lograron sacar el espiritu puro del hombre, lograron despertar al hombre común a la inefable muchedumbre, descubrieron la naturaleza neta de quienes sufren abuso y buscan vivir en paz. Allí, en ese inframundo mundano inmortalizó Steinbeck a sus personajes, pues eligió en su obra, a los malditos, a las víctimas de un sistema inmisericorde, a todos los oprimidos que levantados se llamarían rojos dedicó Steinbeck toda su obra. Si aún no han leído nada de él, están a tiempo de meterse en una de las mentes más brillantes de los Estados Unidos, y que escribió uno de los poemas en prosa más famoso de México, llamado La Perla.l maestro John Reed, con su obra los 10 días que estremecieron al mundo, nos descubre la historia de la revolución de octubre en la Rusia zarista, desde una perspectiva neutral, sin decantamientos. De la revolución de octubre nació también la preferencia de los cultos por defender con la palabra a los desprotegidos, a los hombres sin palabra, a los silentes y callados que se dejan sobajar por unas monedas, a todos los miserables del mundo.

Steinbeck denunció en los desafueros de su tiempo, denuncio la injusticia social y moral, luchará el autor en sus mejores trabajos contra el conformismo y la degradación, de las que somos víctimas y culpables, “un alma triste puede matar más de prisa que un germen”, y aunque la literatura de Steinbeck carece de romanticismo, abunda en realismo, un realismo mágico, donde abundan los tristes, los pobres, los desamparados que buscan afanosamente vivir el día a día, un genio que describió al comunismo en su raíz, sin describirse como tal.

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