Morir por defender la vida

La defensa de la vida de la naturaleza, puede ser motivo para la muerte. Que, además, es investigada con inconsistencias. Pero que tiene antecedentes que dejan a vista de muchos los riesgos por defender ese derecho básico universal. Así lo está demostrando el caso del defensor de la Mariposa Monarca, Homero Gómez González.

Las condiciones de la desaparición del líder ejidal, que en algún momento administró el santuario Sierra del Campanario en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, que fue reportada el 14 de enero de 2020 y su posteriormente hallado sin vida, 16 días después, han sido repetidas en un sinfín de ocasiones.

En El Despertar, también se hizo ya mención de las inconsistencias en la investigación del caso y la poca confiabilidad en las autoridades, esa que también ya se expuso en este mismo medio, y que se ha reflejado incluso en encuestas nacionales.

Pero la situación se tornó aún más turbia cuando, el 1 de febrero, se encontró también sin vida a Raúl Hernández Romero, guía turístico en la zona. A él se le reportó como desaparecido el 27 de enero de este año, al encontrarse su cuerpo se registró que presentaba golpes y una herida en la cabeza provocada con un objeto cortante.

NO ES UN “CASO AISLADO”

Esa frase, a la que comúnmente recurren autoridades para minimizar un hecho, no es de ninguna manera posible de aplicar en los casos de Homero y Raúl, pues los antecedentes que hay en su deceso, rayan en lo escalofriante.

En 2018, según el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, 21 personas fueron asesinadas por defender el medioambiente (el 39 % de las agresiones registradas vinieron de autoridades). Las personas que están en la primera línea de defensa del patrimonio natural mexicano viven bajo constante amenaza.

Para 2019 Amnistía Internacional registró el asesinato de 24 defensores de derechos humanos, la mayoría de ellos enfocados a temas ambientales y de territorio.

EJEMPLO DE CAMBIO DE MENTALIDAD

Pero, al hablar del papel de Homero como defensor de la Mariposa Monarca, es contar una historia de un cambio de perspectivas que definió la preservación de esta especie animal, que viaja 4500 kilómetros desde bosques templados de Estados Unidos y Canadá, para hibernar en 22 colonias del Eje Neovolcánico mexicano.

Resulta ahora hasta difícil de creer que, cuando el gobierno mexicano impuso sobre las sierras del oriente de Michoacán la creación de la reserva, Homero Gómez González fue un acérrimo opositor de la iniciativa.

Como muchos de los ejidatarios de la región, la idea que Homero tenía del desarrollo no se alejaba del tradicional rentismo forestal, que entrega el bosque a la industria a cambio de dinero.

No fue fácil conquistar la voluntad de una población que se consideraba perjudicada por los decretos presidenciales —de 1980 y del 2000— que dieron forma a la Reserva de la Biósfera Mariposa Monarca, área protegida que hoy tiene 56, 259 hectáreas.

A las comunidades se les prohibió realizar actividades que durante muchas décadas habían sido su sustento: tala, cacería y extracción de flora.

Pero con liderazgos, como el de Homero Gómez, así como el apoyo que realizaron varias instituciones (entre ellos World Wildlife Fund [WWF], el Fondo Monarca y la Comisión Nacional Forestal [Conafor]), permitieron que las comunidades encontraran caminos sustentables para vivir del bosque y, al mismo tiempo, conservar este ecosistema vital para el futuro de especies como la Mariposa Monarca.

Homero Gómez, quien era ingeniero agrónomo de profesión, fue un líder tradicional que defendió el derecho de las comunidades a explotar los bosques. La primera negociación que lograron las comunidades fue que se les pagara por la madera que no iban a aprovechar.

Después, cuando esos programas vencieron, se generó un esquema de pago sobre la superficie completa de la zona núcleo del área protegida; ese ha sido el eje de la estabilidad de la reserva en los últimos diez años.

EL RIESGO QUE ACECHABA

Desde el año 2008 el investigador Jorge López García, del Instituto de Geografía de la UNAM, estimó que para 2051 sólo habrá un tercio de la masa forestal actual de esa zona protegida, creada en 1986, si no se interrumpía la deforestación, que avanza a un ritmo del tres por ciento anual.

Para 2014 la WWF advirtió que las principales amenazas para la Mariposa Monarca, en su rango de distribución en América del Norte, serán la deforestación y degradación forestal por la tala ilegal en los sitios de hibernación en México.

También la reducción de su hábitat reproductivo en los Estados Unidos y Canadá, debido al cambio de uso del suelo y la disminución del algodoncillo (planta de la que se alimentan las larvas), que se asocia con el uso de herbicidas, así como las condiciones climáticas extremas en Canadá, Estados Unidos y México.

“La combinación de estas amenazas ha causado la dramática disminución en el número de mariposas en las colonias de hibernación en México durante la última década, que en la temporada 2013 – 2014 alcanzó la menor superficie ocupada, desde 1993 que se tienen registros científicos”, dijo Omar Vidal, Director General del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en México.

En 2016 legisladores locales advirtieron que la Mariposa Monarca sólo encontró un hábitat de media hectárea de bosque, en la reciente temporada, como consecuencia de la deforestación sin freno y de incendios forestales provocados por el cambio climático.

En mayo de 2019 el Ministerio Público de la Fiscalía General de la República (FGR) en Michoacán, inició carpeta de investigación en contra de quién o quienes resulten responsables de un delito cometido contra el medio ambiente, como lo es la tala de bosques.

Elementos de Profepa detectaron 510 árboles de aguacate en una superficie de tres hectáreas, así como el derribo de arbolado de pino, encino, aile y cedro blanco.

En diciembre de 2019, durante el Operativo Permanente de Combate a la Tala Ilegal en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), en coordinación con 15 elementos de la Guardia Nacional, detuvo la extracción ilegal de recursos forestales en un predio en la comunidad indígena de San Cristóbal, Municipio de Ocampo, Michoacán.

A través de un comunicado, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), precisó que en los recorridos de vigilancia, inspectores de Profepa visitaron el paraje denominado Ojo de Agua, en la comunidad indígena de San Cristóbal, donde observaron 48 tocones de pino, 25 de encino y tres de oyamel, árboles derribados y extraídos sin autorización.

Claro que no hay dato de quienes denunciaron estos hechos para que intervinieran autoridades, pero ahora estos antecedentes no se deben perder de vista, ante los homicidios de los dos defensores de la Mariposa Monarca, pues el asedio por la expansión de huertas aguacateras y la explotación de los bosques, permea en Michoacán, donde defender la vida, puede significar la muerte.

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