MOTIVAR UN MUNDO NUEVO (ARENA SUELTA)

POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

Los motivos, son aquellas cuestiones, razones, circunstancias entre otras alternativas que mueven a alguien a hacer algo, o que provocan la realización de tal o cual acción. Todas y todos tenemos cosas que nos motivan a hacer lo que hacemos y ser lo que somos, de tal suerte que prácticamente cualquier acto que como seres vivos realizamos, tienen una motivación o un causante.

Así, el pintor se motiva por un paisaje para realizar su obra, un rostro, una emoción o sentimiento que sólo él tiene y que de manera personal traslada de su ser a la plástica. El escritor, que escribe cuentos, obtiene su inspiración o motivo de la inventiva que tomó de un sueño, de un momento, un aroma o un instante, existente o imaginario, entonces, sólo entonces, tomo el lápiz, la pluma o el teclado, y letra por letra, bajo algunas ediciones le dio forma, a lo que pudimos tener entre las paginas de un libro o un archivo.

 Los motivos que nos llevan a realizar cualquier cosa, deberían ser tan legítimos como sanos, buenos y legales, pues en el mundo que nos ha tocado vivir, al parecer las acciones emprendidas o motivadas por emociones insanas, como el odio, el rencor o la desesperación, han acabado con vidas, con familias y con la felicidad, mostrando a lo más vil y reprochable que tienen algunos seres, que es la inhumanidad.

Esos que van por la vida, diciendo que se han tirado a los vicios por no tener quien les ame, por que les pagaron mal, o por puro placer, deberían considerar que el motivo más importante para  vivir es lograr la felicidad y que las sonrisas, que son motivadas por ser felices, salen y se ganan con buenos actos; por lo que, sabiendo que lo que nos ha de motivar a todos es logar el fin último, que es la felicidad. La cual no se puede obtener bajo ningún vicio. Hemos de buscar y encontrar la forma de ser útiles a nosotros, a nuestro cuerpo y ser, y desde luego a los demás, no seguir desperdiciando y perdiendo vida y tiempo en debilidades que sólo con coraje se pueden superar.

Los que motivados por el dinero o el poder se han corrompido, deben expiar sus culpas, han de pedir disculpas y resarcir el daño, salvo el temor de ser culpados, antes deben considerar que más vale vivir bien y dormir a gusto, que gozar a costa del sudor de otros, saciarse mientras otros mueren de hambre o que sus victimas consideren que la vida ha sido ingrata, sólo porque un puñado de aves de rapiña dejaron hambre en las casas, familias con niños descalzos y estómagos vacíos y enfermos que por no tener dinero para las medicinas se encuentran al borde de la muerte.

Los que, por saciar sus placeres más bajos, violaron, secuestraron o asesinaron, deben saber que no existe motivación alguna que les pueda dispensar tan graves faltas y que deberían redimirse de inmediato, al merecer en lo menos vivir en penumbras, morir de forma tal que no se conozca de ellos ni su nombre y se borre del camino de la vida cualquier huella sucia de sus indeseados pasos.

Pero a los que les motiva hacer cualquier cosa con tal de verse feliz y ver contento al otro, a ellos les tenemos una sorpresa, porque para esos seres si está hecho el mundo. Para este grupo, es para quiénes se sigue resistiendo la naturaleza, que mientras algunos la matan, pocos la defienden, que, aunque la quemen florece, que sin agua entrega frutos o que sin ser tiempo de lluvia reverdece.

Los que no saben que los puede motivar a seguir adelante, déjense encantar por las nubes, por el campo seco o el olor a la tierra mojada, por el viento húmedo, por la selva, el bosque o el desierto, por la gratitud de un niño de la calle que sonríe cuando se le entrega un pan para que coma, por la fé del enfermo de muerte que se aferra cada instante a su vida, hasta sorprender a la ciencia y superar la esperanza de vida que le dieron.

Vamos a motivaros por el amor, que lo puede todo, siendo mejores padres, hijos y trabajadores, mostrándonos mejores ciudadanos, que se note en cada casa la luz inapagable de lo dulce, lo eterno y lo irradiante. Vamos pues a abrazarnos mutuamente, como el cielo hace con las nubes, con el agua que corre por los anchos ríos y acaricia las piedras que le cubren, como la sal de la mar que son sólo una, o el charco que permite que en él vivan sapos y ranas. Aprendamos de lo que nos ha permitido vivir y respirar cada instante y cada día, volvamos al polvo del que nunca hemos podido dejar de ser, y se llama tierra.

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