Nada nos salvará de la muerte (Despertar Poético)

Nada nos salvará de la muerte

La moneda está en el aire, nada nos salvará de morir, salvo que nos hagamos uno con la muerte misma. Al final la vida y la muerte son hijas del mismo padre. Viviremos sólo en el curso de la línea del destino, sólo el tiempo que no está destinado a ello, pues toda vida es muerte, la una viene de la otra, la una va, la otra regresa, cada una regresa a sí misma. Para el hombre nada sería más exquisito que vivir el periodo que hay entre nacer y morir, como si la eternidad existiera, porque al final se enterará que existe, porque somos energía que ronda cuerpos, y se eterniza en ellos, y podemos usar esta vida para superarnos, para conocernos, para encontrarnos, para llegar a la divinidad. Quizá no lo entiendas, porque podrás haber estado en esta vida muerto viviendo, pudiendo haber vivido con la luz en la frente y no a tus espaldas.

Sabemos que nada hay en el universo que nos impida ser felices, salvo nuestra propia mente, esa fatua y grosera que se mofa de nosotros, creándonos imágenes de soledad, de odio, de engaño, nos pone piedras en el camino, nos bloquea, y no lo hace por maldad, lo hace para fortalecernos y prepararnos para los sucesos que nos esperan, sólo que no los entendemos, y nos creamos con ella una grande y grotesca pantomima, esa traicionera que creamos para salvaguardar las apariencias ante una multitud ansiosa de tu fracaso, caemos rendidos ante el oropel. La pantomima es sólo una mentira, y la seguimos interpretando hasta nuestra muerte, salvo aquellos que sabemos que es sólo una representación para los incautos.

 Los que hemos descubierto el juego somos libres, tenemos la libertad que las multitudes no tienen, pensamos por nosotros, reconocemos las farsas del embaucador, andamos entre ellos, para que no se ensañe, caminamos con ellos, para que se sientan identificados, pero no caemos en el abismo del conformismo, ni de la apatía, somos uno con el universo, somos uno con la tierra, de dónde venimos y a donde vamos, sabemos que entre las miles de sendas que la cultura, la sociedad y sus intereses nos recomiendan. Hay una que sigue una ruta distinta, una que lleva a la luz de la libertad, esa que se aleja de la muchedumbre para caminar en la tranquilidad y frescura de la naturaleza, que no tiene fausto, pero tiene claridad y comodidad, es una senda limpia y clara, alejada de los caminos llenos de lodo y podredumbre que la muchedumbre camina.

Aunque está tapizada de oropel, sólo es fachada, al final encontraras sufrimiento y dolor, incomprensión y odio, porque no te enseñan a amar, ni a conocerte. Entre todo el lodo disfrazado, entre todos los caminos llenos de cardos, hay un camino de fácil andar, sin tropiezos, sin piedras, sin cardos, y ese es el camino del autoconocimiento, aquel que te lleva a saber de tu devenir, es un camino que pareciera premonitorio, que hace caminar por espinas como si fueses plumas y lo único que necesitas es conocerte, convertirte en tu propio augur, es desentrañar el devenir del mundo, para que la luz te guie por la ruta correcta.

 Lo difícil es encontrar ese camino, pues está dentro de nosotros, pero estamos dormidos, aturdidos por el mundanal ruido, cegados por todos los distractores que el mundo te crea para que busquemos en otros lados, busquemos en teorías, en ideales, y que nos creemos una falsa imagen de la felicidad.

Alcanzar la iluminación o nuestro alter ego no es caminar sobre nuestra luz, es caminar sobre nuestra oscuridad, pues en cuanto descubrimos nuestro lado oscuro, lo iluminamos lo hacemos manifiesto y lo llamaremos destino, y como todo es destino, lo habremos cambiado a nuestro favor. Si no logramos elevar nuestro espíritu, no habremos vivido la vida, habremos pasado por la tierra como simples mirones y la muerte rauda es nuestro premio.

 La eternidad es sólo para quienes la buscan, no en esta vida, no en esta tierra, no en este plano. La eternidad es el alma que fluye de luz en luz, de energía en energía, iluminando todo lo que a su paso se pone. Los que no entienden que deben caminar sobre las espinas de su mente harán cualquier cosa por evitar enfrentarse a sí mismo, es más fácil seguir la corriente de las ideas fatuas y simplonas de la multitud. Sólo que el enfrentarnos a nosotros mismos nos ayuda a bien vivir, y a bien morir, la muerte triste y melancólica, la que extraña a la vida que no pudo vivir, es para los comunes.

 Si al final de los días, el cuerpo se va, ¿Qué más da?, eliges entre encontrarte o dejarte llevar por la corriente para morir con las multitudes miles de muertes, porque no quieres dejar el cascarón que te fue prestado a pesar de no haberlo cuidado, a pesar de haberlo maltratado, dañado, profanado, no sólo físicamente, sino con ideas reaccionarias, contrarias a la vida, todo por no querer enfrentar tus miedos, todo por no ponerte a luchar contra ti mismo, nada te salvará de la muerte, más que la muerte misma.

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