No hay libertad para elegir

P. Agustín García Celis

Siempre que hemos pensado en la libertad, descubrimos realmente su valor, cuando sentimos que nos han cuartado la libertad. En ocasiones no hay libertad para hablar, no hay libertad para decidir, no hay libertad para pensar, no hay libertad para actuar.

Cuando la persona pierde esa oportunidad de decidir, es cuando echa de menos la libertad y del interior del hombre surge un sinfín de sentimientos, preguntas y diálogos internos que desembocan en ocasiones en frustración, en ira contenida y a otros tantos los arrastra a la depresión.

Este es uno de los casos, de algunas personas en la sociedad. Por ejemplo: aquella persona que está encarcelada, y si el juicio ha sido viciado por alguna situación y se le acusa de ser culpable, no hay manera de que su testimonio cuente para defender su libertad. De estos casos son muchas personas las que injustamente han perdido su libertad.

Otros casos son del diario vivir. Cuantos jóvenes porque en alguna ocasión mintieron, se les juzga de mentirosos, tanto con sus amigos o en su hogar, eso les trae algunas consecuencias  y se les pierde la confianza, al grado de que se ve limitada su libertad. Todo puede desencadenar una lucha de las personas, por ocupar un lugar en la sociedad donde su libertad no se vea vulnerada.

Hay instituciones que, bajo un reglamento o un juramento, coarta la capacidad de decidir a las personas sobre sus vidas. Este es el caso de algunas sectas, donde por el hecho de haber dado una palabra, no puedes retractarte y aun en contra de la voluntad debes obedecer y hacer lo que la autoridad te mande o decida contigo.

Esta reflexión, me lleva a pensar que aun en estos días hay maneras modernas de esclavitud social. Maneras que te esclavizan por el hecho de necesitar un empleo y sobre todo la necesidad económica, otras bajo la opresión u amenazas sin posibilidad de decidir, otras ejerciendo un poder bajo la voluntad y dominando o esclavizando en nombre del bien de la sociedad. 

Sin embargo, a pesar de estas maneras de esclavitud, el hombre sigue en lucha de la libertad y en busca de sentido, porque no es posible que después de que presumimos que somos una sociedad muy desarrollada, seguimos padeciendo muchos problemas propios de las civilizaciones humanas y arrastrando las mismas cadenas de las generaciones pasadas.

A pesar de que no somos poseedores de la libertad en un sentido de plenitud, vivamos la libertad interior donde ni las cárceles, ni las cadenas, ni las personas pueden coartar nuestras aspiraciones y siempre ejerciendo nuestro derecho de libertad en bien de la salud espiritual y social.

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