NUESTRAS RAÍCES (ARENA SUELTA)

POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

La raíz, es lo que sostiene al árbol, pero que no se ve, es además el medio por el cual se nutre y se sustenta la planta. En el caso de los seres humanos, nuestras raíces son las que nos dan la identidad y cultura, es mediante el conocimiento de nuestras raíces como podemos identificar, apreciar y valorar lo que realmente somos, y no lo que nos han hecho creer, pues podemos decir, que el día que descubramos nuestras raíces, habremos de amarnos profundamente y a resurgir como lo que realmente somos.

El rumbo propio y de las naciones solo puede tener sentido si se sustenta en sus raíces, pues la existencia de las potencias mundiales se debe al conocimiento profundo de su historia, que sustenta un alto valor patriótico, moral y cultural, que solo se entiende gracias al estudio de su pasado, aunado a la proyección o visión futura.

La raíz de nuestra nación va más allá de los mayas, los aztecas o los mexicas, pues estudiosos han señalado como nuestra cultura madre a  la cultura olmeca, de cuya información se carece y que, sin embargo, en el estado de Tabasco, para precisar entre los límites de Villa Hermosa y Agua Dulce Veracruz, para fortuna nuestra se erige una monumental cabeza olmeca, representando por su tamaño la misma grandeza de la antigua Mesoamérica, cuya extensión fue desde el sur del actual Estados Unidos, hasta lo que ahora se conoce como Sudamérica, aunque su influencia fuera mundial.

No hay duda que si reconociéramos nuestras raíces, los latinoamericanos nos unificaríamos y recuperaríamos nuestra grandeza.

En la historia de México claramente encontramos personajes y escenas que muestran el valor y el carácter de hombres y mujeres que conocieron y sintieron nuestras raíces, al grado de ofrendar su vida en harás de defender su pueblo, su territorio, su cultura y su identidad, sin embargo, hicieron y hacen falta más hombres con el carácter de Cuauhtémoc,  y más resistencia, como la que mostraron los Purépechas.

Es claro que es más fácil, huir, entregar y claudicar, incluso traicionar, que hacer frente y defender la patria, la historia y nuestras raíces, sin embargo, el rescate de la identidad en este momento es urgente, una vez que las evidencias, aunque pocas, aún están físicamente en algunos sitios, como museos o bibliotecas, y debido a que el mañana es incierto, y nos ha tocado vivir en una época de inseguridad, que obliga a tomar acciones apremiantes y de trascendencia,  que garanticen la existencia del presente y la seguridad del futuro, para poder regalar así a nuestros hijos el conocimiento de sus raíces.

Hacer uso de todos medios posibles para identificar los vestigios que aun se encuentran ocultos, es tarea de las autoridades, lo mismo que de los profesionales en la materia, así como de los amantes de la historia, aunque es trabajo de todos, la preservación y el estudio de lo que nuestros ancestros nos legaron, de tal suerte, que los centros ceremoniales no sean basureros ni centros comerciales, sino sitios de estudio, análisis, reflexión y fuentes vivas de energía y conocimiento, para beneficio, deleite y apreciación de nuestras raíces, como mexicanos que somos.

No es comprensible del todo, que sean los extranjeros quienes vengan a enseñarnos el valor ancestral y actual de nuestras raíces, porque así como el buen juez por su casa empieza, el buen mexicano, por conocer su origen, debe comenzar, para cobrar conciencia de su identidad, y es que no se puede buscar el valor en actos cobardes, ni se pretenda defender lo que se desconoce, pues es falso el patriotismo, cuando no se conoce el origen y el pasado.

La razón de buscar nuestras raíces, no es una cuestión  de deber, sino del deber ser.

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