Ordenar el caos (Despertar Poético)

Tengo el estudio lleno de trebejos, todos tirados al desgaire, así como tengo las ideas, vagando sin gaveta en los confines de la memoria, pugnando ser atados a una historia, para no perderse en el marasmo del olvido. Mi vida es un caos, el mundo mismo es un caos. No sé a estas alturas si soy reflejo del mundo o el mundo es reflejo de mis actos, sé que en algún punto de nuestra relación los dos tenemos algún punto de inflexión, que nos une y nos separa, tampoco sé, desde donde nos separamos muchedumbre e individuo. El caos es muchedumbre, el caos es individuo, aunque el caos pareciera desorden, es orden, sólo tenemos que ordenar nuestra mente para alinearla al caos y todo fluirá adecuadamente, se ordena.

Un día de agosto, mientras Juan de Tama caminaba bajo nubarrones negros, se imaginaba la inminente guerra de energía que la tierra estaba preparando para sus habitantes, grandes centellas iluminaban las enormes motas negras de algodón, haciendo parecer un paisaje surrealista, mientras los truenos lanzaban su grito de guerra imponente, atemorizador y ensordecedor premonitorio del aguacero. Juan de Tama reflexionaba, con la mirada fija en la batalla energética que se libraba arriba, mientras tanto, abajo, en la tierra, todo era quietud, ni una hoja se movía, los animales estaban tranquilos bien guarecidos ya en sus madrigueras, establos o nidos, las plantas erguían sus hojas al infinito, llamando al caos a ordenarse a la vida.

 La imagen era estremecedora, tensa calma, las miríadas de plántulas y brotes comenzarán a surgir después de la tormenta, es la emulación perfecta del morir para nacer, muere el agua en la yerma tierra, para regalarnos vida, porque en el interior del agua está la vida misma, pero tiene que presentarse con magnificencia, con gran ceremonia, debe hacerse patente, y las nubes negras, resplandecientes de luz, gritaban con el ¡brom! Ensordecedor que así era. Cuando las grandes gotas cayeron cual plomos candentes, cuando el siseo del agua fundiéndose en la tierra empezó a campear, fue el instante donde Juan de Tama comprendió que el caos genera vida, el caos genera orden y que el caos está representado allá arriba como acá abajo, comprendió que el caos es orden y viceversa.

 La cara de la misma moneda, ya no tendría por qué preocuparse por la llegada de las tormentas, ni por las consecuencias funestas que podría tener alguna en su vida, porqué el sino de ellas era generar vida, porque de esa vida se retroalimentan, con la condensación, evaporación y sudores se generan y viajan por el mundo en ciclos infinitos de creación.

 Juan de Tama se quedó estático, con la cara levantada al cielo, la lluvia empezó a arreciar, la cara se le empapó, y sonrió, el agua era refrescante, revitalizante, los problemas cotidianos se desvanecieron, se olvidó por completo de que era un hombre de esta tierra, era la tierra misma sedienta, deseosa, amorosa que recibe en su seno a un hijo que la engrandecerá. El agua corría por sus mejillas, empapándolo, llenándolo de paz, recordaba pasajes cuando su madre le espetaba a cubrirse so pena de enfermarse mortalmente si se mojaba, pero recordaba que era feliz tirándose de panza al río, de mojarse en el arroyo, de lanzarse a la pila, sin que esa humedad lo enfermara.

Así que un día, decidió que en cada oportunidad que tuviera caminaría bajo la lluvia y hasta ahora lo ha logrado, su felicidad está completa, el caos que la sociedad le ofrecía, lo ordenaba estando en la soledad del campo, rodeado de creaturas nobles, libres de pecado, destinados a cumplir su destino, al que aceptaban como suyo porque para eso fueron creados. Frente a sí, Juan de Tama tenía un camino de tierra, apisonado por el paso de los transeúntes y los animales de carga, que hacía unos años Juan de Tama veía esa calle y pensaba en pobreza y se entristecía, hoy, después de conocer la “riqueza” de la sociedad, comprendió que ya antes era rico, y no lo sabía, la sociedad lo había hastiado hasta el hartazgo, sólo porque no estaba preparado con el don de la paciencia, como lo está ahora. El caos psicológico que se había creado estaba siendo ordenado por la conciencia, dándole paz, tan necesaria en el discurrir de la vida.

La pequeña callecita lucía limpia, con la hermosura que sólo un espíritu limpio puede ver. Lejos de la presunción, Juan de Tama veía el correr de agua frente a sí y se imaginaba torrentes bravos creados para botar barcos y navegar sorteando miles de peligros, un Sandokan en potencia. Una vez terminada la tormenta, Juan de Tama siguió su camino, sabía que su ropa se secaría durante el camino, dejándole la sensación de pureza. El agua de la lluvia es el mejor purificante de almas que existe, los niños lo saben, los adultos lo dudan, los viejos lo añoran, por eso vemos a los niños felices bajo la lluvia, a los adultos taciturnos y a los ancianos desesperados, su mente es el obstáculo, deberían salirse un día al campo, caminar grandes tramos, observar cómo se genera la vida, el caos que la sociedad y cultura les crean será ordenado, el universo se ordenará, pues el universo está representado en ti.

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