Palabras más, palabras menos

Palabras más, palabras menos

P. Agustín Celis

En estos días, fuimos oídos de tantas palabras, promesas, discursos y por demás fuimos parte de todo un circo mediático. Porque para servir en la sociedad, también se debe amar, y amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él. Se trata no sólo del bien individual, sino del bien relacionado al convivir de las personas. Es el bien común, el bien de todos nosotros, individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comu­nidad social. Este servicio en el bien común, abarca el conjunto de condiciones para que todas las personas logren con mayor plenitud y facilidad su propia perfección.

El servicio asumido no como manera de vivir, sino como una manera de amar a la sociedad y en este ministerio público, se busca el bien para todas las personas que forman parte de la comunidad social y que solamente pueden conseguir en ella, de modo eficaz, su propio bien y el de los demás.  En este ministerio social se debe hacer amigo de la exigencia de la justicia y de la caridad. Trabajar en el ministerio público, pide cuidar y utilizar las institu­ciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida social.

Todo ciudadano está llamado a esta caridad según su vocación y posibilida­des de incidir en la vida común. Por ello, toda acción política debe estar sustentada en la caridad que debe contri­buir a la edificación de una fraternidad social,  en la que los derechos humanos, no deben estar en manos de un ciudadano, sino que deben estar bien estipulados en el corazón de cada persona, y no debe ponerse trabas a la caridad y la justicia hacia la cual avanza la historia de la familia humana. Donde Dios está ausente, estos valores no mues­tran toda su fuerza, ni se alcanza el consenso sobre ellos. Junto a los valores fundamentales se requiere el empeño de la razón política, económica y social.

El cambio social que tanto deseamos los mexicanos, se debe dar en las estructuras injustas y para ello es importante, disminuir la hiriente desigualdad que hay en México. Es necesaria una incidencia sig­nificativa de los ciudadanos en la política, en la economía, en la cultura y en todos los campos de la vida social abiertos a la caridad social; un lugar muy significativo tiene los medios de comunicación que con responsabilidad deben ayudar para que los ciudadanos incidan en las políticas públicas.

El mejor camino para alcanzar los consensos que son necesarios para la creación de estructuras sociales justas, es colaborar con los hombres y mu­jeres de buena voluntad y encontrar juntos caminos para dialogar, con un lenguaje común y comprensible, sobre los problemas del ser humano en lo concreto de las circunstancias de la nación mexicana. Para ello, es necesario educar y favorecer en nuestros pueblos todos los gestos, obras y caminos de reconciliación y amistad social, de cooperación e integración.

El fundamento de todo discurso, es la ley moral universalinscrita en el co­razón humano, que constituye una auténtica empresa, con la cual la sociedad puede afrontar las situaciones que amenazan la paz. El punto de partida, sin duda alguna, es la preservación de los fundamentos de la convivencia humana: verdad, justicia y libertad.

Todos quieren patear el balón, pero ¿Quién lo va a arreglar?

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