¡Que señales Madre! (Despertar de la tierra )

*José Luis Valencia Castañeda

¡Que señales Madre!

El mundo se vuelca en lamentaciones, el mundo lanza señales de auxilio ¿Qué mundo? –Me pregunto- Caminando entre el frio de esta mañana lluviosa, y me respondo –Los hombres que sufren- -¡Ah! Mientras camino, cavilo, pensando seriamente si el mundo, llamémosle “el hombre” quiere ser salvado, creo que el mundo en sí, la tierra, nuestra Madre no quiere ser salvada, porque no merece ser salvada -¡Oh, anatema! -¡Bah!, anatemas son simples subjetividades, baste con nuestro malo y agresivo accionar para que las anatemas y palabras que el verbo no creador que mi lengua lanza sean simples moscardones molestos no peligrosos.

Regresemos al punto medular ¿Quiere la tierra ser salvada? –Grito ¡NO! – ¿La tierra debe ser salvada? –Grito ¡NO! –Mentecato podrán decirlo con todas sus letras, si, láncenme a los fuegos eternos de los mundos infernales si mi tesis no es aceptada, más como soy un ferviente defensor de la vida y la justicia, les digo que efectivamente la tierra no quiere ser salvada, ni debe ser salvada por el hombre, solo quiere ser “respetada” como un ser viviente autónomo, generador de vida, como el ser que necesita de otros seres para vivir, y dar vida, necesita ser “respetada” como la morada del hombre, para el desarrollo del hombre.

Nosotros, los llamados “hombres”, somos simples marionetas de un destino que ya está escrito, ese destino lo escriben nuestros actos, los actos irrespetuosos tendrán acciones funestas para nuestros seres, los actos bondadosos, tendrán reacciones benévolas para nuestros seres, en ese punto medio, entre tomar una decisión correcta e incorrecta estriba en que la Madre tierra nos mantenga con vida sobre su lecho.

Las señales de qué la paciencia de nuestra Madre ha llegado a su límite empiezan a llegarnos poco a poco, porqué los tiempos de  nuestra Madre son otros, nuestros segundos son días para ella, aun así, es poco tiempo el que nos queda para aprender a unirnos a ella, como lo hacen los campesinos, para evitar su furia generadora de equilibrio, en Morelia recuerdan el 6 de Junio de 2017 reciente, en La colonia Primo Tapia, en Prados verdes o el río en que se convierte el Bulevar García de León, ¿Olvidarán en la ciudad de México los memes de las trajineras en las vías del metro?  ¿La inundación en metro Barranca del Muerto, Polanco, Azcapotzalco o Coyoacán? El día 29 de Junio de 2017, posiblemente si, la muchedumbre tiene la memoria de corto plazo, la tierra no, empieza la depuración de aquellas energías negativas, busca su equilibrio, al costo que sea, estas son las señales.

Sé que no solamente las personas pagan las consecuencias de sus actos, los pueblos también lo hacen, las sociedades también lo hacen, las culturas también lo hacen, por ello, deberán perecer los que por omisión han dejado que las energías negativas se apoderen de la conciencia social de los pueblos, los que se han dejado absorber por la maldad, por la injusticia, por la inquina, por la creación de nuevas morales, por todos aquellos que ya no se respetan entre sí, por todos aquellos que olvidan que la tierra y sus elementos están representados en todo nuestro ser, y que sin la tierra el día de hoy no somos nada, y que la tierra no quiere ser salvada, quiere que el hombre se salve, y el día que comprenda que al salvarse, se estará haciendo superhombre, se estará haciendo uno con la tierra, entonces la tierra no tendrá necesidad de que se le inventen programas, ni impactos ambientales que solo generan una mala interpretación de la vida, la tierra no quiere discursos, solo pide ser respetada.

“Honor a quien honor merece” Hay espíritus que nacieron para caminar los tres pasos que se requieren para ser superhombres: nacer, morir y ayudar al hombre, no hablo de que el cuerpo muera, hablo de morir en sí mismos todas aquellas veleidades que nos hacen alejarnos de nuestra madre, morir en sí mismos la envidia, la codicia, la ira, la gula, la pereza, la soberbia y la lujuria, todas ellas son las que hacen al hombre atentar contra el hombre, todas ellas hacen atentar contra la vida, y si atentas contra el hombre y contra la vida, atentas contra la tierra, contra el universo y contra Dios en todas sus expresiones, renazcamos como superhombres.

Me encontré con una reflexión, con una muestra de amor a nuestra madre, un espíritu libre y atado a ella, un alma en su búsqueda a pertenecer, en ser y estar en el mundo por amor al mismo, Alma Rubí Valencia deja sus letras: No he sabido de alguien que ame más a la madre tierra que un campesino. El campesino sufre el mismo dolor que la tierra al ser herida por la avaricia del que la lastima con afán de lucro, el campesino hace fiesta y goza de los frutos que su madre le convida en cada cosecha. El campesino es un solo ser con la tierra; vive en ella, sueña con ella, Cuando los incultos la hieren, la abraza extendiendo sus brazos con los ojos cerrados, la cura con sus manos curtidas de amor.

El campesino la ama, porqué es uno con ella, vive en ella, por ella y para ella, penetra sus entrañas y las fecunda, siembra en ella sus esperanzas y sus sueños, cree en ella cuando nadie lo hace, cuando se erosiona, el campesino sufre y trata de reconfortarla mitigando con otras vidas la erosión, mientras tanto se queda a su lado, sufre su pena, el campesino ve más allá, se opone a su destrucción, un futuro de una tierra destruida es un mundo yermo sin el hombre mismo. Desde niña he vivido en contacto con nuestra madre tierra, hija de campesinos me proclamo orgullosa de su legado. Caminar por el campo, ver las semillas germinar y crecer de a poco es sensacional, ver los arboles  regados por el sol cada amanecer es un regalo divino, mirar detenidamente el vuelo de las libélulas es algo incomparable, seguramente la tierra siente orgullo de su creación y yo con ella.

Nadie siente tanta pasión por la madre tierra como el campesino, é espera paciente la cosecha, alimenta y nutre a la tierra para que sea fértil. Si la cosecha no es productiva maldice a las plagas, al tiempo y hasta a Dios, pero nunca a la tierra, porque cree firmemente en ella, porque ella lo ha alimentado desde tiempos inmemoriales, ella lo ha protegido del hambre.

La madre es buena, tiene paciencia y da al hijo las oportunidades necesarias para hacer las cosas bien. ¿Quién no ha caminado descalzo y ha sentido el latido de la tierra bajo sus pies? ¿Quién no sabe cuándo la tierra sufre por nuestra culpa?, en el fondo todos lo sabemos y lo sentimos, pero somos ilusos, y nos jugamos a ser dioses, menospreciando a nuestra madre hasta que envejecemos y nos sentimos llamados por ella.

La tierra como toda madre justa debe disciplinar a sus hijos y al hacerlo muestra su rigidez, quiere salvarnos de su destrucción pero no se puede salvar a quien no oye su llamado.

La madre justa sabe que debe dejar partir a los hijos, dejarlos alejarse, sabedora de que el vínculo que los une jamás desaparecerá. Cuando el ciclo de nuestra vida, nos esperará paciente como paciente es el campesino que la cuida, para abrazarnos por última vez, y recogernos en su morada, nos estrechará en su regazo y la nutriremos con nuestro cuerpo inerte como un día hizo ella al nutrir nuestro paso por la vida.

 

 

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