¡SANTA MARÍA DE GUADALUPE, MADRE DE MÉJICO!

Por: José Salatiel Arroyo Benítez

(Olivier Salatiel Arroyo Btz)

»La felicidad es un status quo de conformismo, aquel que diga que es feliz, es porque vive en ignorancia».

Érase una vez un indio de nombre Juan Diego, que iba caminando por el cerro y en ese momento apareció en el cielo una figura mística. El natural sorprendido fue a dar la noticia al primer Obispo de Méjico, Fray Juan de Zumárraga. Iba con total júbilo con el maravilloso aviso de que la Madre de Dios desea que se erija un monumento en su honor en el Cerro del Tepeyac. Para dar muestra de su existencia, en la manta del nativo y con ayuda de flores del campo, la divinidad creo de forma milagrosa su imagen en la túnica de Juan Diego. El cual, fue corriendo a presentarse ante Zumárraga y ¡Vúala! el obispo quedó sorprendido y solicitó inmediatamente fundar el tempo a Vuestra Señora de Guadalupe. Todo este fantástico acontecimiento pasó un día 12 de diciembre, del año de 1531.

En el párrafo anterior di un breve resumen de lo que aconteció en torno a aquella aparición en el Cerro del Tepeyac y a manera de introducción del próximo texto, en el que abordaré la Comedia que supone »La Madre de México»’, iniciando con una sencilla pregunta: Amable lector, ¿Si sabe usted porque la clase intelectual, aquellos entes humanos que se suponen son los más letrados y escribidos de la sociedad mexicana, no realizan aparición alguna en la celebración anual en honor a la Vuestra Señora de Guadalupe? Aquella esplendorosa misa que se conmemora en la Basílica que lleva por nombre a la ya mencionada y que se celebra año con año, atrayendo miles de peregrinos que vienen de todos los rincones del país.

¿Si sabe usted porque los doctos no realizan acto de presencia alguna? Por el simple hecho de que, si se me permite decirlo (y aunque no se me permita, lo diré), no hubo ninguna manifestación religiosa en el Cerro del Tepeyac y, por la razón ya mencionada, la audiencia es, en un primer rubro, la clase política y religiosa, que se encarga de perpetuar la mentira. Luego le siguen los pseudoartistas y músicos, cuya imagen posee la facultad de llenar de alabanzas y, al ser figuras que forman parte de la cultura popular, es lógico que el tercer rubro, que son el grueso de la población, los sigan.

Usted se preguntará mi leedor, ¿porque mi aseveración tan segura de que no hubo ninguna Virgen en el Tepeyac? Pues eso se lo comentaré a continuación. Dentro de esta fantástica aventura del indio Juan Diego, el ya mencionado se le aparece al Primer Obispo de Méjico, Fray Juan de Zumárraga; sin embargo, Zumárraga no deja ningún testimonio escrito acerca del acontecimiento, ¿Qué tiene que ver esto? Pues resulta que el aparato jurídico eclesiástico medievalista obligaba a informar todo lo acaecido en los territorios católicos a la Iglesia, absolutamente todo, y en este rubro, el advenimiento de lo que nombraban »La Madre de Dios» sería un acto de suma trascendencia que tuvo que haber llegado hasta a los oídos del Papa, ¡Pues la aparición de una Virgen en el Cielo hablando con un indio no es algo que se debería tomar a la ligera! Pues irónicamente, el Primer Obispo no dejó ningún texto en donde hablara de lo ya mencionado.

Tomando como referencia nuevamente a la Iglesia, ningún clérigo de la época redactó alguna noticia de la supuesta aparición. Citando mis renglones anteriores, la llegada de una Virgen causaría revuelo, la noticia correría y los rumores se esparcirían como semillas en el viento; sin embargo, esto nunca pasó. Por parte de la Iglesia de la época, no existe ningún testimonio que avale que Guadalupe se le apareció a Juan Diego, es más, ni los conquistadores y españoles que empezaban a llegar a la Nueva España a poblar el territorio, dejaron alguna declaración.

Si lo anterior ya mencionado fuera poco, hay que señalar que en el Cerro del Tepeyac se le rendía devoción a la diosa madre de los aztecas, mejor conocida como »Nana Tonantzin», ¿Qué significa esto? Muy fácil, los colonizadores hispanos adoptaron el culto a la Diosa Madre azteca y le dieron una connotación católica al crear una imagen religiosa con semejanza al nativo mejicano y solo le dieron el nombre de »Guadalupe», esto con el fin de facilitar la conversión a la religión católica. La cual fue apoyada por la misma élite indígena para perpetuar sus privilegios de clase regente y adoptar otros cuantos de carácter español. En pocas palabras, se inventó una figura religiosa basada en una deidad precolombina, se fusionó con la catolicidad, y para darle más fuerza al culto, el monumento de adoración fue edificado en aquel monte, donde se le rendía adoración a la Madre Tonantzin.

Actualmente, la Virgen de Guadalupe no sólo sirve como una manifestación religiosa; así mismo su función es unificar al mejicano bajo el estandarte del guadalupanismo, que es nada más que la fusión de las religiosidad prehispánica y española, para dar como resultado un símbolo nacionalista que se ha venido impregnando y fortaleciendo desde hace siglos y transmitiéndose de generación a generación, inculcándose en el imaginario colectivo de la mayoría de los pobladores de Méjico.

La adoración a la Guadalupana es más que nada tradición y costumbre, ¿No me cree? Vaya con un creyente y si le pregunta porque cree en esa deidad, es muy posible que le responda que »porque mis padres y abuelos creían en ella» o algún argumento similar, que nos da a entender que la creencia se transmite sin siquiera criticarla o analizarla y se adopta como suya por mero costumbrismo.

Cierro mi columna diciendo que celebrar el culto a la Virgen de Guadalupe es celebrar la ignorancia predominante en la masa social mejicana y parte de la élite regente. Rendir devoción a la ya mencionada, es conmemorar los mitos, cuya función es crear doctrinas para mantener en letargo a la población. Es algo bastante cómico que el grueso social tenga quejas acerca de que el gobierno le vea la cara y este ya mencionado elija por líderes a ciegos que carecen de cultura, pero le han hecho devoción a una manta que ha sido cambiada alrededor de 3 veces (la pintura de Guadalupe original, tenía una corona sobre la cabeza de la susodicha) y se han creído una falacia con más de 500 años de antigüedad; sin embargo, amable lector, todo lo escrito no importa, sólo queda en interés una cosa: ¡Salve Santa María de Guadalupe, Reina de Méjico! ¡Quememos mucha pirotecnia en honor a nuestra Santa Madre, mientras nos regocijamos en alcohol hasta el amanecer, ante la lumbrera de los fuegos artificiales y nos arrodillamos ante un culto pagano!

PD: Gramaticalmente, tanto ‘México’ como ‘Méjico’ son bien vistos ante la RAE y es viene por un problema de fonética por parte del español, ya que la pronunciación correcta es ‘Méshico’.

 

 

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