Sincretismo cultural, confusión e ignorancia

P. Agustín Celis

El catecismo de la Iglesia Católica inicia en su introducción diciendo: “Dios mismo, al crear al hombre a su propia imagen, inscribió en el corazón de éste el deseo de verlo…” Sabemos que nosotros los seres humanos participamos de esas dos realidades física y espiritual.  Y de manera espiritual todos tenemos un deseo de trascender esta vida natural, de superar la realidad física y material.

Cuando escuchamos las experiencias de vida de una persona, descubrimos que hay una búsqueda de algo más que pueda responder a su vida, a sus problemas y dificultades. Descubrimos como hay en su interior un deseo de realizarse y como todo lo que hace en esta vida, tiene esa marca de plenitud.

La mayoría de las actividades y fiestas que celebramos durante todo el año, están manchadas por ese deseo y búsqueda del hombre.  Y aunque el hombre a menudo ignore tal deseo, por el cansancio y el activismo de su diario vivir, lo que hace y está buscando lo pone en el camino de trascender en sus experiencias y sus limitaciones a un lugar de reposo, de descanso y con un sabor de plenitud.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos expresa que Dios no cesa de atraerlo hacia sí, por eso el hombre aunque pareciera que su vida no se encamina a la trascendencia, libremente expresa el deseo de vivir bien y  de encontrar aquella plenitud de verdad y de felicidad a la que aspira sin descanso.

El sincretismo religioso, entra en la vida de la persona por esa búsqueda, pero también por la ignorancia en este tema y por no saber qué es lo que busca y no encuentra. En consecuencia sabemos que el hombre por naturaleza es un ser esencialmente religioso, capaz de entrar en contacto con lo desconocido. El peligro está en el sincretismo religioso que  lo lleva a tratar de conciliar doctrinas o religiones diferentes, en los ritos y fiestas que se celebran durante todo el año, y que muchas de ellas presumen de ser solamente actividades culturales que se proponen como una manera atraer el turismo y la inversión a nuestras ciudades.

Los ciudadanos no podemos ser títeres de ignorancia religiosa, no podemos ser títeres de la inversión económica, no debemos ser víctimas del sincretismo religioso y mucho menos ser un producto para el consumo del turismo. Hoy no son pocas las personas que piensan que todas las religiones son iguales, que es lo mismo una religión u otra, que da lo mismo ser o no ser y al grado de decir que no es necesaria la religión.

Como combatir algo que se lleva por dentro, que las actividades ahora malamente llamadas culturales, propias de una fecha, nos revelan el rostro de un deseo de Dios.  Lo grave en todo esto, es que por ignorancia caemos en las trampas del esoterismo y del satanismo en los ritos culturales que hacemos para traer dinero, inversión y el turismo.  

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