Una barca con destino al buen vivir (Arena suelta)

Por Tayde González Arias

Las preocupaciones dé y por la vida son tantas, que continuamente tratan de absorbernos, alejándonos de un bienestar personal y social. Nos preocupamos por resolver nuestros problemas y los de los demás, e incluso llega ese momento en el que nos afligimos porque no se resuelven las cosas a tiempo, por llegar tarde o no llegar a tal o cual cita, lo mismo que por no tener solvencia para cubrir una situación económica, o porque alguien no se vaya a enterar de un secreto que queremos guardar.

Nos pasamos  mucho tiempo de la vida  hundidos en la pena de hacer lo que no se puede, de tener para lo que no alcanza, de ir a donde no es posible, y de hacer justos a quienes  no lo son, y hacemos rabietas por no poder hacer de la vida la perfección que deseamos, pintando del color que más nos gusta el caso o la situación en la que estamos, no olvidamos que no todo es ideal, que la miel sobre hojuelas es cosas del desayuno, y que para tener o no algo hay que además de desearlo, trabajar en ello para lograrlo.

Lejos de vivir preocupados debemos estar ocupados de los pendientes, que no nos limite que no alcance sino procurar la buena administración, o la distribución parcial para lograr cubrir lo que ocupamos. Hay mecates que para alcanzar a amarrar una pieza se pueden partir en dos y llegar a alcanzar y hasta sobrar. Debemos mostrar creatividad frente a la inclemencia. Lo complicado se vuelve sencillo si se analiza en un estado distinto al de lo inestable de un ser que está preocupado por que salga como quiere. Siempre hay más de una manera de llegar a la solución de un problema.

Existen personas que aconsejan alejarnos de aquellos que con facilidad se envuelven en problemas, a ellos valdría la pena comentarles  que antes de tomar esta determinación, porque no, si hemos sido dotados de la capacidad de ver desde otro ángulo las cosas no hacemos saber una solución y facilitamos la salida a la duda, o al asunto, para mostrar como acto de humanidad que es posible vivir mejor privilegiando la paz interior, alejados siempre del conflicto.

Vamos a ocuparnos de barrer la calle para evitar estar preocupados por algún foco de infección, de cuidar nuestras mascotas en la casa y cuando salen a la vía publica procurando el respeto de aquellos a quienes no les agrada tener. Evitamos el gasto medico si prevenimos con la buena dieta, malestares físicos con el ejercicio, y hasta la pena de hablar en público si nos cultivamos en la lectura que nos hará ricos en lenguaje y con capacidad de ir a la cabina más exigente y opinar en la entrevista del tema que se nos quiera cuestionar.

Ciertamente somos hombres y mujeres que sentimos, que pensamos y que actuamos y de manera natural en nuestro ser la preocupación existe y a veces nos invada, pero lo que no debe ser, es que ésta nos gobierne o nos haga su presa, colocándonos en inestable estado, en cuyo agobio pueda llevar a no ver las estrellas por no parpadear al contemplar la luna.

La invitación es a sopesar las cosas que nos afligen, a darle valor a cada caso a encontrar el camino que desenrede lo que impida el libre tránsito a la buena vida. Seguramente pensara que es fácil escribirlo, que es sencillo decirlo, porque probablemente no nos ha tocado estar en condiciones complicadas como las que en su vida se le han presentado, pero digo a usted aquella premisa que siempre debe recordar, en un mundo grande en problemas hay hombre y mujeres gigantes con capacidad de cargar y resolver aquello que signifique una barca con destino al buen vivir.

El hombre que vive preocupado puede también estar cercano a la solución del conflicto y por sumirse en ese estado dejar pasar soluciones, por lo que debemos estar “a las vivas” de aquel o aquello que nos pueda dar la mano en el problema, teniendo presente que en el apuro, la calma y la sabiduría tendrán siempre la solución.

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