¿Y la verdad? (Despertar Poético)

¿Y la verdad?

Estamos en problemas, siempre lo estamos, la vida es una línea ondulatoria, problema – tranquilidad – problema, así hasta el infinito. Eso lo sé, lo transmito y ahora no quiero aceptarlo, ¿He llegado a la gota que derrama el vaso? Supongo que sí, pero mi mente me dice que no, que todo es mental, que debo de morigerar mis emociones, controlar mis impulsos y seguir la vida como si fuese una sola línea con destino a la muerte, que nacimos y morimos como causa y efecto. Pero la ciencia me dice que tampoco crea del todo esa verdad, que no morimos, pero si morimos, allí está el dilema. Muere el cuerpo, pero la mente continúa, la energía vital continua hasta el infinito, pues la energía no muere, sólo se transforma y somos energía, y nuestro cascarón o cuerpo es energía que se agotó en el tiempo, los cascarones tienen fecha de caducidad y por ello el cascarón debe regresar a la tierra a recargarse, a revivirse, para que la energía que somos vuelva a tener una pila para continuar revitalizándose, renovándose.

 Así nuestra energía vital, la que mantiene viva la memoria del hombre y nos hace vivir todas las realidades se mantiene lineal hasta el infinito y los cuerpos se van desechando. Hoy, no queremos eso, queremos que el mismo cuerpo sea eterno, que la idea del mundo que vivimos sea eterno, que las emociones satisfactorias también lo sean, pero la vida no atiende esas necesidades, no trabaja por encargo, la vida ya tiene su equilibrio, y lo va a mantener, a pesar de mi mente. Entonces tendremos que ir matando cuerpos por la eternidad, podremos ir matando planetas por la eternidad, sin saber si algún día vayamos a parar, pues la tierra está capacitada para absorber a todos las masas de carne y hueso sin oponer resistencia, se los tragará pues son su misma carne.

 ¿Y qué queda del hombre? ¿Su esencia? Queda lo que fue, lo que no fue sólo grabado en las memorias de corto plazo, en hijos, sobrinos, nietos, después se empezaran a perder en la oscuridad de la historia, se guardarán en lo más oscuro de la memoria, hasta difuminarse y ser simplemente hombres como los miles que se sacrifican en las guerras, que sólo tienen un monumento que los engloba a todos, llamado la tumba del soldado desconocido, allí permanecerá hasta que a alguien se le ocurra llevárselo a su casa y los nietos de esos hombres desaparezcan. Hasta allí se perderá la memoria, sólo quedará algo impersonal como la mente, algo que sólo la memoria colectiva recordará como símbolo del sacrificio de muchos hombres en favor de un ideal.

 Sólo sabrán los nuevos hijos de la tierra que allí murieron muchas personas debido a la locura de una, tomaron las cosas personales y fenecieron, a sabiendas de que la vida los mataría. Esa es su función. No entiendo por qué tener que adelantar los acontecimientos. Bueno, también entiendo que el destino así trabaja, se tendrían que adelantar para que aquellos deseosos de unirse a la tierra y su espíritu al creador de su preferencia cumplieran su deseo. Cierto es que fuera de la biología hay emociones y los dueños del mundo son afectos a manipularlos, manejando sus emociones, les darán medallitas de latón, de fierro y con esas medallas dejan de ser unos simples mortales. Ahora son mortales mutilados reconstruidos con medallas y dinero, o muertos con medallas sin cuerpo para poder lucirlas, como si matar fuese el objetivo del hombre que quiere ser retratado como héroe por simular salvar a un país, cuando los países se forman por hombres que hacen vida pacifica, por los que hacen comunidad.

 debería de existir un terreno exclusivo para almas muertas, no las que Nicolai Gogol dibujara, sino para aquellas almas que desean morir, para que vayan y se maten entre ellas, mientras todas las demás deseosas de vida, dejarles los lugares proclives a la vida, las tierras fértiles, las tierras frescas y acogedoras. Desapareciendo las fronteras, desapareciendo a los violentos, que estarán en un lugar seguro para ellos ocupados matándose, tendríamos sin problemas los recursos para ello, pues ya sólo necesitarían un buen funeral, si la caja es o no de lujo ya no importa, y dejarían a la vida en paz, porque el hombre quiere vivir en paz, desea vivir en paz, anhela vivir en paz, pero no sabe cómo, por eso inventó los paliativos, porque no sabe dónde buscarla y cuando la encuentra no se la cree, no sabe que la paz se compone como todo de momentos álgidos y momentos pacíficos, la intensidad de estos momentos define la calidad de la paz.

 Recuerdo una pregunta que me hacía cuando era niño ¿cuántos muertos tuvo Michoacán en la época de la Revolución Mexicana? No lo sabemos, pero de Revolucionarios nada, de mercenarios, ladrones y abigeos algunas, de enfermedades a causa de la Revolución por la falta de comida, medicamentos y dinero para ambas cosas: muchas. Michoacán vivía en esas épocas una paz relativa, no había Revolución, pero sí había bandidos, si había hambre, si había enfermedades, esas cosas matan igual. No sabríamos decir cuál evento en más mortífero o más cruel, el fin es el mismo, ver morir, algo que le gusta al sistema.

 Según los políticos esa era la mejor salida para lograr una democracia que no se pudo negociar con palabras, y desde luego un país que no producía armas, las conseguía con oro. México se queda sin dinero y con armas. Mientras los que las producen se quedan con vida y con dinero, y el hombre común no lo nota, es un juego mental, así como decides morirte por un ideal, deberías modificar ese ideal para vivir, sería la misma moneda, diferente cara, pero no podemos, estamos endiosados con el sistema que nosotros inventamos y que aceptamos.

 La línea de la vida, en ese ondular de eventos buenos y otros no tan buenos, aplica para todo, las sociedades tiene su propia línea, los hombre la suya, la tierra la suya, le verdad la suya, y la verdad sólo le interesa al hombre, sólo le interesa al que la verdad le de libertad, le de inteligencia y conocimiento, quien la interprete deberá ser un hombre nivelado, un hombre que tenga en equilibrio todas las emociones. No está destinada a todos los hombres, el común no sabe interpretarla, quiere verdades tácitas, verdades de facto, verdades aceptadas por el grueso de los comunes para sentirse satisfechos, y serán capaces de modificar las verdades hasta hacer una sola que se usará como dogma.

 Lo que no saben, es que esa técnica la usan los grupos de poder para embaucarlos, les modifican la verdad, la repiten hasta el cansancio hasta que el común la acepta, tal y como aceptará todo lo que la vida les ponga enfrente; sin embargo, cuando el hombre no común se sale del redil, cuando el pensamiento crítico empieza a florecer, la nueva verdad surge frente a sus ojos, límpida, transparente, y empieza a cuestionar todas las teorías existentes y se transforma en un ser taciturno, triste, lánguido que busca por todos los medios gritar su nueva verdad, pero está vedada para el común, para el pueblo, para la inefable multitud. Sólo es visible a los puros de pensamiento, para los que el razonamiento les abre otras puertas.

Se dan cuenta que toda su vida han convivido con la mentira, pero que esa mentira era una verdad para muchos, y que hay otra verdad que es una mentira para pocos. Así entiende por fin que la relación del universo, de la tierra y del hombre es una verdad que debe interpretarse de acuerdo al nivel de consciencia del hombre, que cada hombre podrá defender su verdad sin saber que lleva una mentira inmersa, pues son las dos caras de una misma moneda, que no pueden ser separadas, que vivirán y morirán unidas, porque son poderosas cuando se confrontan, que son necesarias cuando depende de ellas el destino del hombre, son el negro y blanco del mundo del no color, que uno de ellos solo representa la ausencia del otro, mientras la verdad absoluta solo es equilibrio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *