Y me fui a Santiago (Despertar Poético)

Y me fui a Santiago

Caminé por las calles de Santiago en 1974, sólo para corroborar la poesía del inefable Silvio Rodríguez, la ciudad pequeña, amable, ruda, feliz, atosigada por un gobierno que se debe a la elección popular, pero que se siente tocado por los dioses, incapaz de sentir empatía por quienes lo eligieron, cosa común en un paraíso común, las sociedades estúpidas eligen gobiernos estúpidos, la displicencia llega al momento de tomar el poder. Eso no quita que dentro de las desgracias de una sociedad educada en la sobrevivencia de las dadivas, existan almas libres que pintan color de rosa el mundo, que han aprendido que si el gobierno te ayuda es porque tiene interés en perpetuarse en el poder, pues la ayuda es el precio de tu alma.

 Cuando tu espíritu este debilitado y no sepas valerte por ti mismo, sentirás la obligación de mantener en el poder a quien te da de comer en la mano, con sólo que muevas un dedo. El problema más fuerte es cuando los recursos que los trabajadores aportan se terminan, cuando no hay más personas dispuestas a seguir manteniendo a un gobierno que ni produce, ni genera, ni permite el desarrollo económico de los esforzados. No era pues problema único de Santiago de Chile la mendacidad de los gobiernos, era un cáncer enquistado en Latinoamérica, parecía que se replicaban los gobiernos mendaces, pendencieros y pagados de sí mismos, vividores de la gente honesta que muchas de las veces no los necesita, pues nada le proveen, nada le administran, ningún servicio le proporcionan.

 Santiago la ciudad que no crece, que parece estancada en el tiempo, con la población que nace y emigra casi a la par, con un crecimiento poblacional de apenas un 17% en cuarenta años, es casi nada. Después del derrocamiento de Salvador Allende, nada volvió a ser igual, de pasar de una democracia a una dictadura, a una nueva democracia en los 80’s; sin embargo, nada parecía cambiar para el común, salvo su conciencia.

Los movimientos sociales de los setentas en Chile, eran el reflejo del cambio que la sociedad generó a nivel mundial, después de la segunda guerra mundial. El pueblo hastiado combate al gobierno que eligió, y el gobierno encumbrado, combate al pueblo al que se debe, pero que desprecia, al grado de convertirlo en esclavo mediante el paternalismo. Uno de los muchos fanatismos que pueden ser insuflados en el subconsciente colectivo. Taibó II, en su libro “Arcángeles” relata la vida de revolucionarios ilustrados; la línea común entre ellos, era que habían leído, eso hace a la literatura y el razonamiento el primer escaño para la libertad, y todos los hombres que nos dieron la libertad de la que gozamos están en una historia alejada de todos los dogmas.

 Todos los revolucionarios fueron acusados de pertenecer indiferentemente al ala de izquierda del poder, el contrapeso de la luz ante la oscuridad, marcado el caso de Max Hölz, revolucionario de facto, tachado de anarquista por los comunistas y de bolchevique por los anarquistas, sólo porque deseaba menos palabrería y menos venganza, cosa que se daba de un lado u otros. Así las revoluciones fueron dando paso a las libertades de los hombres, libertades que gozan al mismo instante de nacer en el mundo, pues el mundo no tiene fronteras, es de todos y para todos, pero que el mismo hombre para hacerse del poder acota y sobaja a otros hombres, generando fronteras ideológicas y físicas, que se han ido destruyendo poco a poco.

 En la Chile libertada de los setentas se veía una nueva luz, los hombres alcanzaron una nueva visión, más los ilustrados se sintieron satisfechos al ser liberados de la opresión de una democracia contaminada. Salvador Allende duró poco en el poder y la sombra de un socialismo latinoamericano estaba afectando los intereses del capitalismo, con el golpe de estado promovido por Pinochet, llegó en un momento oportuno, llegó a ser un héroe, salvador por unos días; sin embargo, el poder corrompe, el autoritarismo de Pinochet sólo hizo que el pueblo se cansara de las mismas acciones, sólo que de distinto personaje, que ven en el poder no una forma de que el pueblo sea elevado al grado de creador de países, sino a simples serviles que pueden ser reemplazados por otros pueblos más serviles aún, del que podrán vivir los elegidos sin castigo.

 Los héroes de la revolución bajaron al infierno para encontrarla, en ellos se encuentran enlistados todos los proyectos del pueblo, todas las propuestas, pero también todas las derrotas, son el símbolo perfecto de la terquedad, de la idea de generar una utopía mundial, de transformar a la sociedad en su conjunto, sin fronteras, en los revolucionarios está reunida toda la terquedad positiva que puede concurrir en el hombre libre, tanta como la que reúnen los autoritarios para poder existir, Chile, en los días del cambio, con Salvador Allende al frente, había soñado con un mundo nuevo, y casi lo logra, en 1974, un poeta cubano, revolucionario y de imaginación adelantada a su tiempo,  la dibuja tal y como es, una ciudad acorralada por los gélido cerros; El Plomo, Arenas, Colina, Cantillana, y cordillera de la costa que la hacen fría e irascible, lluviosa y a la vez tranquila y acogedora, dice la poesía que se hizo canción:

A Santiago de Chile

Allí ame a una mujer terrible
Llorando por el humo siempre eterno
De aquella ciudad acorralada
Por símbolos de invierno

Allí aprendí a quitar con piel el frío
Y echar luego mi cuerpo a la llovizna
En manos de la niebla pura y blanca
En calles del enigma

Eso no está muerto
No me lo mataron
Ni con la distancia
Ni con el vil soldado
Eso no está muerto
No me lo mataron
Ni con la distancia
Ni con el vil soldado

Allí entre los cerros tuve amigos
Que entre bombas de humo eran hermanos
Allí yo tuve más de cuatro cosas
Que siempre he deseado

Allí nuestra canción se hizo pequeña
Entre la multitud desesperada
Un poderoso canto de la tierra
Era quien más cantaba

Eso no está muerto
No me lo mataron
Ni con la distancia ni con el vil soldado.
Eso no está muerto
No me lo mataron
Ni con la distancia
Ni con el vil soldado

Hasta allí me siguió como una sombra
El rostro del que ya no se veía
Y en el oído me susurro la muerte
Que ya aparecería

Allí yo tuve un odio, una vergüenza
Niños mendigos de la madrugada
Y el deseo de cambiar cada cuerda
Por un saco de balas

Eso no está muerto
No me lo mataron
Ni con la distancia
Ni con el vil soldado
Eso no está muerto
No me lo mataron
Ni con la distancia
Ni con el vil soldado

Enigma malvado del poeta que tiene que dibujar la maldad del hombre contra sí mismo, que debe ser descifrado sólo por los avanzados en la lectura y en la práctica del razonamiento. En los setentas, las multitudes salían a las calles a derrocar un sistema político que los oprimía, alentados por una nueva idea que los liberaría. Esos hombres, ahora muertos, son héroes anónimos; esos niños que cambiaron no sólo las cuerdas, sino la infancia por un saco de balas y la conciencia de los viejos para combatir lo que desconocían, sólo porque el hambre los atosigaba y seguían a las multitudes que los llenaban de esperanza, tal y como sucede ahora.

 Santiago vuelve al ciclo de cambios, los jóvenes salen a luchar por otro escaño de libertad, justificada por la estulticia del gobierno, que busca la manera de hacerse de la riqueza de sus gobernados al costo que sea. 45 años después la multitud desesperada grita por sus derechos, se reunieron 1.2 millones de personas en una ciudad de 6 millones, el 20 por ciento de la ciudad se volcó a la protesta, situación que no se vivía desde 1988, después del derrocamiento de Pinochet, el gobierno expresó su sorpresa, la cual no debería ser, sólo el pueblo que elige debe decidir su devenir, y las presiones contra el pueblo trabajador ya son muchas, las pensiones son bajas, no alcanzan la subsistencia los jubilados, el alto valor de los medicamentos, el alto costo de la salud, aunado al pésimo servicio médicos, el alto costo de los servicios prestados por empresas concesionarias que administran los servicios públicos.

 Una llamada de atención fuerte para el México nuestro, que lleva la misma línea, la precariedad llamada austeridad nos alcanzará un día, sabemos que el trasfondo de todo es que el modelo económico está muriendo, el capitalismo salvaje llega a su último estadio y tendrá que morir y la población se harta… Pero… eso será otra historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *