Alfredo Ávila Villafaña

H. Zitácuaro, Mich. – Alfredo Ávila Villafaña es egresado de la Escuela Nacional de Agricultura, hoy Universidad Autónoma Chapingo, tiene en la actualidad cerca de 80 años de edad, como profesionista buscó siempre contribuir al desarrollo y bienestar de los productores del campo en el estado de Sinaloa.

Nacido en el municipio de Susupuato, Michoacán, el 5 de julio de 1939, permaneció ahí hasta cursar el tercer año de primaria, posteriormente fue ingresado a un internado para continuar sus estudios en la ciudad de Morelia, hasta concluir la preparatoria.

Su padre lo hizo reflexionar, ya que no deseaba alejarse de la familia y mucho menos de su madre. Sin embargo, le insistió en que el propósito del distanciamiento físico era para buscar un beneficio y en caso de fracasar en el terreno académico, una yunta de bueyes y una parcela lo esperaban en su pueblo.

Con el paso del tiempo se adentró a sus estudios y al llegar a nivel universitario se ganó una beca en la Universidad Autónoma de Chapingo, en el año de 1959, donde previamente había hecho un examen de admisión.

Finalmente, sus esfuerzos rindieron frutos y alcanzó la licenciatura en fitotecnia. Más tarde el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) le brindó la oportunidad de estudiar un posgrado en la materia de genética, para convertirse así en maestro en ciencias.

Fue así que se incorporó a la vida laboral como mejorador de plantas en el “Valle del Fuerte”, en Sinaloa, donde aterrizó Alfredo Ávila sus conocimientos por un período de 15 años. Donde, por cierto, estableció un programa sobre las fechas más ideales para la siembra de productos del campo. El objetivo era que los campesinos tuvieran al alcance asesoría personalizada para mejorar la cosecha y siembra del campo, sobre todo que fuera rentable.

Ávila Villafaña fue atraído por el sorgo y el maíz, aunque le brindó mayor tiempo al mejoramiento del primero. Al mismo tiempo veía aquella tecnología en la que las máquinas hacían su labor cortando trigo e implementando un trabajo similar a técnicas utilizadas en Estados Unidos.

Había un técnico que se especializaba en cada producto, como arroz, trigo, cebada, tomate y pastizales, que eran las que más se aplicaban en el estado de Sinaloa. Por lo que se giraron recomendaciones especiales para cada cultivo.

Durante su estancia en esa entidad Alfredo Ávila reconoció que los productores procuraban siempre hacer inversiones en materia de investigación o solución de problemas, como las plagas que afectaban sus cultivos, a través de los profesionales, como los ingenieros agrónomos.

Después de tener algunos problemas de salud, cambió su fuente de trabajó a la ciudad de Celaya, Guanajuato.

Posteriormente fue invitado a laborar en Fertilizantes Mexicanos, a través de una gerencia de ventas, llamada Pacífico-Sur en la ciudad de Morelia, en la cual su estancia duró 15 años. Misma oficina que le tocó abrir y al final también cerrarla, ya que la misma fue entregada a la iniciativa privada.

Durante la época de fertilizantes al campo mexicano Ávila Villafaña pudo observar las generosidades de estos insumos destinados a la agricultura.

Como encargado de Fertimex le tocó entregar estos insumos y luego los productores dejaban algunas cosas en empeño, para el siguiente mes recuperar la inversión, para que de forma continua cubrir la demanda del abono.

Reconoció en aquel tiempo que había una estrecha relación con los campesinos, quienes tenían siempre la idea de mejorar las condiciones de la agricultura, incluso hasta se reflejaba cierta abundancia de fertilizante.

Explicó que cada mes se hacían cuentas y también se les asignaban ciertas comisiones o pagos. Por ejemplo, en la población de Villachuato, en Guanajuato, las utilidades las canalizaban para que los hijos de campesinos cursaran sus estudios académicos.

En esa localidad las familias ponían granjas de cerdos y aves, como proyectos alternativos. Además, los hijos de los ejidatarios recibieron becas para que fueran a prepararse en escuelas de niveles superiores.

Alfredo Ávila durante años se encargó de la oficina del INEA, en esta ciudad, como coordinador de zona y atender las necesidades de alfabetización en los municipios. Con lo cual le tocó abrir algunas plazas comunitarias.

Cabe señalar que, durante su estancia en INEA, se puso en contacto con los jóvenes que estaban en el servicio militar; para ello, les invitó que atendieran a quienes no sabían leer ni escribir o que no habían concluido su primaria o secundaria.

A ellos se les capacitó como maestros en comunidades, para de esta manera los jóvenes recibieran el beneficio de la alfabetización, así como instrucción militar.

En la reunión de “La Fraternidad Chapingo”, en esta ciudad, Villafaña recibió un reconocimiento por ser parte de la transformación social de México. Cada miembro de esa casa de estudios adopta el lema: “Enseñar la explotación de la tierra, no la del hombre”.

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