Doña Cristy, la corundera de la calle del hambre

Zitácuaro, Mich.- Tenía escasamente tres años, recuerda doña Cristy, cuando tuvo que criarse como Dios le dio a entender. Aunque tenía padre y madre, no supieron hacerse cargo de ella y al paso del tiempo, cuando cumplió 14 años, conoció un hombre mucho mayor que ella y pensó que la vida le ofrecería una mejor vida, pero no fue así.

Con este noble oficio doña Cristy, quien en la actualidad tiene 77 años de edad,  no sólo supo sacar adelante a sus hijos, sino hasta a sus nietos, dejándole muchas satisfacciones y empleándose a fondo (ella) en su trabajo.

Doña Cristy y sus nietos se vienen caminando desde la iglesia de Guadalupe, todos los días, sin conocer una fecha de descanso, para luego llegar a preparar el puesto en la calle 5 de Mayo, en horario de las tres y media de la tarde hasta las 12 de la noche.

Se instala una mesa de madera y en ella ponen una vaporera  grande, repleta de  tamales envueltos en hojas de maíz. Doña ‘Cris’ es la encargada de deleitar los paladares de los vecinos de Zitácuaro y visitantes, con sus ya muy tradicionales corundas con chile y crema, que son acompañadas de un agua refrescante de sabor Jamaica.

Cristina Colín Bolaños con su suegra aprendió la preparación de las tradicionales corundas y recuerda que fue en el mercado “grande” cuando comenzaron a vender en el pasillo central, a un lado de la cremería de ‘Carmelita’ y más tarde fueron reubicadas a la calle 5 de Mayo, mejor conocida como la “Calle del Hambre”.

Ella elabora las corundas, desde hace más de 60 años, con la receta tradicional y para ello emplea la ceniza colada, posteriormente pone a hervir el maíz y una vez que esta bien hervido, lo deja reposar y luego lo lava bien, para que le quede el sabor de la ceniza.

“Aquí viene de todo, pobre y rico. Si quieren en bolsa, se le pone en bolsa también. Si quieren crema, se les pone y si no, nada más la salsa. Hay platitos de 5 y 10 pesos”, expresó la tamalera.

-¿A usted le gusta su trabajo?

-“¡Ah! Sí. Yo amo más al trabajo y amé más al trabajo que al marido, porque mi trabajo nadie me lo reprochó nunca y el marido si me decía ¿en que gastaste (lo poquito) que te di?”.

-¿En casa que le gusta hacer?

–“Todo, ando pa’llá y pa’cá, haciéndole la lucha, pero yo no me quedo acostada un rato, hasta que ya almuerzo y ya me quedó a descansar una hora y levantarnos y seguirle. Ya en la tarde me vengo para acá. Se viene primero mi hija y luego ya llego yo”.

-¿Tiene hijos y tiene nietos?

–“Nietos. Le digo que este es el más chiquillo”.

-¿Hijos cuantos tiene?

-“Fueron  seis por todos, por quienes tuve que salir adelante con todo”.

-¿Su marido de qué edad falleció?

-“Mi marido, le voy a decir, porque no es vergüenza, porque así lo quise. Él estaba más grande que yo, él tenía como 27 años y yo tenía 15 cuando nos casamos. Él por ser de experiencia, ya dije esta mas viejo que yo, va a ser más responsable, pero nada, me falló, ni modo. Tuve que salir adelante para que a mis hijos nos les faltara nada”.

-Llueva o truene, aquí esta.

-“Llueva o truene aquí estamos, pidiéndole a Dios que no corra aire, aunque llueva. Porque el aire nos molesta mucho. Hay veces que llueve mucho y llega el agua hasta la banqueta, pero deja de llover y ya se calma, el agua se va bajando. Hay que sufrirle aquí, a lo mejor aquí es el sufrimiento y ante Dios es el perdón”.

-¿Usted fue a la escuela?

-“Sinceramente yo no tuve padres, se puede decir. Porque mis padres se dejaron cuando yo tenía tres años, él agarró su carrera de andar con las mujeres y mi mamá con los hombres. Me crie como un animal, no tuve estudios de nada”.

-¿Cómo sobrevivió a esto?

-“Ya cuando yo crecí, conocí a mi mamá hasta de nueve años, ¡qué triste verdad!, hasta de nueve años y yo ya vi que me hizo a la orilla. Vi que tenía chamacos de otro hombre, le pedía para un pan (a mi madre), hora que sí que me regañaba y no me daba nada. Le pedía en aquel tiempo 5 pesos para un pan y no me daba nada. Me decía, yo no te puedo dar para un pan, a lo mejor te tenían tan mal acostumbrada, yo no te puedo dar. Ya desde ahí nunca le pedí”.

-¿Tuvo una vida muy difícil?

-“Triste, pero aquí estamos todavía gracias a Dios. Pero no por eso, hay que echarle ganas. No por eso digo ojalá que nos muriéramos; pero no, hasta que Dios lo mande”.

Esta es la historia de doña Cristy, la mujer que se encarga de preparar esos deliciosos tamalitos envueltos en hojas de maíz, de los cuales se desprende un agradable aroma. Ya elaboradas las corundas finalmente son acompañadas con un poco de salsa al gusto y crema, algunos prefieren un refrescante vaso de agua de Jamaica para intentar sofocar el picante de la salsa mexicana. “Pásele, pásele a las corundas”, le gritan a los clientes.

Gracias por leernos y hasta la próxima a nuestros asiduos lectores de El Despertar.

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