El senyor de las nieves

Zitácuaro, Mich.- Ignacio Sereno Oribio cuando creo su propio negocio de nieves pensó de manera inteligente cambiar unas letras, cambió la “ñ” por una “n” y una “y”, de tal manera que su negocio se llama “El senyor de las nieves”. Gracias a que está mal escrito, fue una pequeña pero ingeniosa manera de atraer clientes. Algunos le dicen al nevero que efectivamente está mal escrito y luego compran sus productos, no una sino muchas veces, incluso hasta árabes y españoles han probado sus nieves, hechas en Jungapeo y vendidas en Zitácuaro.

“Es que, cuando llegaron los españoles a México, nos enseñaron a nuestros antepasados a escribir, ellos escribían senior, pero con manuscrita, aunque se han ido cambiando las cosas, inclusive en otras naciones, en portugués se escribe señor de otra manera; pero eso es para llamar la atención y colmillo mío, inteligencia mía, porque usted va pasando por ahí y dice cómo que senyor, eso está mal escrito. Gracias a eso usted se detiene y compra su nieve”, relató Ignacio Sereno, el nevero que vende sus productos sobre la calle de Miguel Carrillo, afuera de la guardería del DIF.

“No es que yo haya aprendido, a la gente le gusta lo que hago, y entre más gente me visita, más aprendo y más les enseño a la gente; porque a la gente, aquí en Zitácuaro, está acostumbrada a comer de otra clase de nieve y les gusta la mía y que bueno. Al que le guste mi nieve que bueno y al que no, que bueno; no hay problema, no me enojo, cada quien”, explicó el nacido en Jungapeo.

“Siempre que llego aquí ya tengo un montón de gente esperándome, me da pena, a veces no puedes atender bien, porque andamos enfermitos mi mujer y yo, pero tenemos que trabajar, con qué comemos, ¿verdad?”, expresó sonriente, mientras su mujer, Amparo Rivas Luna, brindaba atención a los clientes que iban llegando y pidiendo sus exquisitas nieves.

“Yo conozco de esto, tengo 66 años, tengo mis tíos, abuelos, mi familia, aquellas gentes aprendieron hacer nieve, nos enseñaron a nosotros y así se fue haciendo una cadena. Pero lo que pasa es que quien nos enseña es la gente, los clientes. Más bien ellos nos enseñan a nosotros, para luego nosotros enseñarles a ellos. Porque nos enseñan hacer la nieve y ellos la piden bien a todo dar que les gusta y la sé hacer”, explicó.

“Trabajé como treinta años en restaurantes en México, entonces algo aprendí, ahí pues a echarle ganas. De todo trabajé, desde barrendero, desde limpiar los baños, desde asear los baños y hacer muchas cosas. Me gustó trabajar en un lado y en otro para aprender más, porque trabajé en hartas empresas, hartas chambas, todo lo que trae este puesto lo sé hacer”, subrayó.

“Nada me gusta más que hacer nieve, porque la nieve es como una mina de arena, como una gota de agua que nunca se acaba. Mi nieve, así llueve o truene, haya frío o calor, se vende. Hay veces que está cayendo granizo y la gente me compra de litro, de medio litro, inclusive la llevan para Jungapeo”, precisó.

“Tengo hartos clientes de lejos. Antier vinieron unas gentes de Egipto, imagínese nada más, y no se fueron para allá sin probar mi nieve. De España viene un joven que está casado con una muchacha de Zitácuaro y cada año viene y no se va sin comer mi nieve. Me siento grande, viene un señor y me dice: ¡señor! Es usted el señor de las nieves, pero este señor pensaba encontrar un señor bien vestido y bien elegante, con corbata y todo, ¡no, no, no!, no sé si recuerden al señor que descubrió la luz, era un joven que estaba bien tontito, más sin embargo él hizo la luz, los grandes descubridores no han sido ricos, ni con corbata, ni cachucha, ¡somos humildes!”, presumió.

“Desde las 6 de la mañana, todo el día trabajamos en la mañana, terminamos de hacerla como a las 12 del día, vendemos aquí (en Zitácuaro) nos vamos, llegamos a la casa a las 8 de la noche, más o menos, y nos ponemos a hacer los atoles para el día siguiente, nos dormimos como a la 1 o 2 de la mañana, aquí hay que lavar la ropa, el trastero, todo lo que podamos y nos dormimos a la 1 o 2 de la mañana. Tenemos 20 años así, así trabajamos, así vivimos”, destacó el jungapense.

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“Quiero aprovechar para decirles a los altos funcionarios porque en Morelia donde quiera me corrían y aquí donde quiera me corren, no me dejan trabajar, son unos “canijillos”, porque no nos dejan trabajar. Esta hambre la traemos desde que nacimos, traemos hambre y no nos dejan trabajar, no nos dejan vivir”, se quejó “El señor de las nieves”.

“El gobierno no me mantiene a mí, a mí nadie me da nada. El gobierno no me ayuda ni me presta en nada, pero sí me corren de donde quiera y eso no está correcto. Yo nada más pido que me dejen trabajar, yo no les pido nada a nadie, yo nada más que me dejen trabajar, ya estoy viejo, ya no la hago pues, pero tengo que comer”, abundó.

“Es lo que digo, si no trabajas ¿Con qué comes? ¿Quién te da la mano? al contrario, nos corren. Aquí en Zitácuaro donde quiera nos han corrido, del Hucaz, la Central, el Fovissste, nos han corrido. Allá en Morelia nunca nos dejaron poner en algún lugar, donde quiera nos corrían, pero el hambre es mía.

Como todos los días “El senyor de las nieves” los espera en la calle de Miguel Carrillo, apoyado por su esposa Amparo Rivas Luna y un joven de nombre Jesús Sánchez Estrada, quien está aprendiendo el mismo oficio de nevero.

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